viernes, 26 de febrero de 2016

Kant (III): Tipos de juicios.


Y para analizar el conocimiento Kant entiende que la mejor forma es analizar las proposiciones o juicios de los que está hecho. Todo conocimiento se compone de un conjunto de juicios, es decir de proposiciones afirmativas (enunciados que dicen algo de algo, es decir, que están formados por un sujeto y un predicado). El problema de la ciencia se reduce así al del juicio científico: si averiguamos las condiciones bajo las cuales es posible emitir un juicio científico, entonces también sabremos las condiciones que hacen posible la ciencia. Ahora bien, ¿Cuál es el juicio científico?

Kant descubre que hay algunos juicios que para saber si son verdaderos o falsos debo acudir a la experiencia, mientras que otros sé de su veracidad o falsedad sin recurrir a los sentidos. A los primeros los llamará juicios a posteriori y a los segundos juicios a priori. A priori significa, por tanto, con independencia de la experiencia. Además hay otro criterio, en base al cual clasificar los juicios, atendiendo a la relación entre Sujeto y Predicado, los juicios pueden ser analíticos y sintéticos. 

Los juicios analíticos a priori.

Los juicios analíticos son aquellos en los cuales el predicado del juicio está contenido en el concepto del sujeto ("S es P": analizando el concepto de S hallamos el concepto P como uno de sus elementos). Un ejemplo de este tipo de juicios: el triángulo tiene tres ángulos. Como el sujeto ya contiene en su seno el predicado, el juicio no hace más que repetir en el predicado lo que hay en el sujeto. Se trata de un juicio de identidad o de una "tautología" ("tauto", lo mismo y "logia", decir). Una de las características fundamentales de los juicios analíticos es que todos ellos son a priori; su verdad es anterior a la experiencia, independiente de ella. Así que nosotros no debemos comprobar empíricamente ningún juicio analítico: no necesito comprobar en cada caso particular que un triángulo está compuesto de tres lados, lo sé de manera a priori. Por ello este tipo de juicios son denominados juicios analíticos a priori. (La noción de “juicio analítico a posteriori” carece de sentido: si es analítico no tenemos porque acudir a la experiencia para dilucidar su verdad. Sé de antemano y sin recurrir a la experiencia que la proposición “todos los solteros no están casados” es necesariamente verdadera)

Los juicios analíticos a priori son verdaderos, universales y necesarios. 
  • Son verdaderos puesto que no dicen más en el predicado de lo que ya hay en el sujeto. 
  • Son universales, verdaderos en todo lugar y en todo tiempo, porque no hacen más que explicitar lo que hay en el sujeto y esto no cambia en el espacio ni en el tiempo (la afirmación “el todo es mayor que las partes” es verdadera antes, ahora y siempre, en la tierra y en la luna; es por tanto, una verdad universal). 
  • Son necesarios, pues no pueden ser de otro modo, es decir, lo contrario de estos juicios es imposible, (la afirmación “los puntos de una circunferencia equidistan del centro” es necesariamente verdadera, no podemos ni siquiera imaginar un caso en el que no se dé). 
El problema de estos juicios es que no son extensivos, es decir, no amplían mi conocimiento del mundo; si me dicen “El triángulo tiene tres lados” y sé lo que es un triángulo, esta proposición no me descubre absolutamente nada. Hume (1), que denominaba a este tipo de juicios (los juicios analíticos a priori) relaciones de ideas, ya se había percatado de esta característica. Así, los juicios analíticos no pueden ser científicos, ya que no cumplen con una de las características que ha de tener la ciencia: ampliar el conocimiento. 

Este tipo de juicios son característicos de la Lógica, que es la disciplina que estudia las reglas formales de nuestro pensamiento, es decir, que la razón se estudia a si misma, por ello sus juicios no nos dicen nada acerca del mundo, no amplían nuestro conocimiento. Hablando estrictamente la lógica no es una ciencia es más bien la “antesala” de todas las ciencias. 

Los juicios sintéticos a posteriori.

Los juicios sintéticos son aquellos en los que el concepto del predicado no está contenido en el concepto del sujeto. Por ejemplo: La nata es dulce; el concepto “dulzura” no está contenido en el concepto de “nata”; si así fuera no tendríamos más que analizar el concepto de “nata” para conceder que la dulzura es una cualidad que le pertenece. Estos juicios evidentemente no son a priori ya que el que yo conozca su verdad no es anterior ni independiente de la experiencia, para saberlo tengo que haberlo comprobado en mis propios órganos sensoriales o ser informado por alguien que lo haya hecho. Así los juicios sintéticos son verdaderos en tanto que la experiencia los avale. Por esta razón los juicios sintéticos son, por regla general, a posteriori, es decir, comprobables y posteriores a la experiencia. 

Ahora bien, la experiencia es la percepción sensible y ésta se verifica siempre en un lugar y en un tiempo, en un aquí y en un ahora. Por ello son juicios que en su verdad dependen de un tiempo y de un lugar; son juicios particulares y contingentes. 
  • Particulares porque su verdad está constreñida al "ahora" y al "aquí"; 
  • Contingentes porque su contrario es posible. 
  • Por otro lado, los juicios sintéticos son extensivos, es decir, amplían mi conocimiento del mundo. Si alguien dice, sin yo saberlo, que “la nata es dulce”, me está dando información acerca de la nata que no puedo obtener por el mero análisis del concepto. 
Hume había denominado a estos juicios (los juicios sintéticos a posteriori) cuestiones de hecho, y consideraba que las ciencias experimentales (física, química, biología...) estaban constituidas por este tipo de juicios, lo cual significa, abdicar de la pretensión de un conocimiento universal y necesario (el único que propiamente habría de denominarse científico) de la naturaleza.

Los juicios sintéticos a priori.

Una vez hecho este análisis llega la hora de preguntarse cuáles son los juicios de la ciencia, ¿los juicios analíticos a priori o los juicios sintéticos a posteriori? La respuesta no es satisfactoria en ninguno de estos dos casos: los juicios de la ciencia no pueden ser los juicios analíticos a priori porque estos no dicen nada del mundo, son juicios meramente tautológicos que no amplían el conocimiento. La ciencia aspira a ser un conocimiento verdadero acerca del mundo y los juicios analíticos a priori no versan sobre el mundo. Pero la ciencia tampoco puede estar formada por enunciados sintéticos a posteriori ya que éstos son proposiciones que, aún tratando acerca del mundo, son juicios particulares y contingentes (solo valen para un aquí y un ahora verificable empíricamente); la ciencia aspira a ser un conocimiento universalmente válido, no un conjunto de proposiciones verdaderas que sólo valen para un aquí y ahora. Por tanto los juicios sintéticos a posteriori como los analíticos a priori no pueden ser los juicios de la ciencia y esto independientemente que todas las disciplinas contengan juicios analíticos y sintéticos a posteriori, pero estos no son sus principios, no constituyen el núcleo de la ciencia. 

Si la ciencia estuviese constituida por juicios analíticos, como quería Leibniz (2), sería un conjunto de tautologías que no dicen nada del mundo. Si estuviese constituida por juicios sintéticos, por meros juicios de hechos, la ciencia, como decía Hume, no sería universalmente válida sino que sería un conocimiento basado en la fuerza de la costumbre. Pero la ciencia queda patentizada en la teoría de Newton que, por un lado es universal pero por el otro es un conocimiento extensivo (3). Por tanto, debe existir algún tipo de juicio que sea universal y extensivo al mismo tiempo. Deben tener las características de un juicio a priori, es decir, que sean universales y necesarios, independientes de la experiencia. Pero a la vez deben ser sintéticos, es decir, que aumenten realmente nuestro conocimiento sobre las cosas. Los juicios de la ciencia tienen que ser sintéticos y a priori, al mismo tiempo.

Tomemos un juicio elemental de la matemática: la línea recta es la más corta entre dos puntos. En el predicado hay un concepto, el concepto de corto, concepto de magnitud, que no está de ninguna manera incluido en el concepto recta (si dijera “la línea recta es una línea cuyos puntos están en la misma dirección”, entonces se trataría de un juicio analítico). Este juicio sintético es además a priori, pues ¿quién considera necesario medir con un metro la línea recta para ver si es la más corta entre dos puntos? Se trata de un juicio universal y necesario que amplía nuestro conocimiento.

También la física contiene juicios sintéticos a priori: La ley de inercia y las demás leyes del movimiento que Galileo estableció, fueron concebidas apartándose de toda experiencia sensible, atendiendo exclusivamente a un espacio y a un móvil ideal. Los principios de la termodinámica, por ejemplo la afirmación “la materia no se crea ni se destruye, se transforma”, también son de este tipo de juicios: se trata de un juicio sintético porque en el concepto de “materia” no hay nada que me indique su permanencia o no en el tiempo; se trata de un juicio a priori porque su verdad no depende de una experiencia concreta.

En el caso de la metafísica es evidente que, en cuanto a su intención, está compuesta de juicios sintéticos a priori: “Dios existe” o “El mundo es finito y temporal”. Otra cosa es que tal clase de juicios tengan una justificación, aumenten de hecho nuestro conocimiento del mundo.

La pregunta que ahora se plantea: ¿cómo es posible que un juicio sea al mismo tiempo sintético y a priori? ¿cómo es posible un juicio que sea universalmente válido, que no tenga que ser comprobado en la experiencia, y que, sin embargo, sea sintético, es decir, amplíe el conocimiento que yo tengo del mundo? Las setecientas páginas de la Crítica de la Razón Pura pretenden dar respuesta a esta cuestión subdividiéndola en tres: ¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la matemática?, ¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la física?, ¿son posibles los juicios sintéticos a priori en la metafísica?

La diferencia en las tres preguntas estriba en que Kant no duda de la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en la matemática y en la física (sólo hay que preguntarse por las condiciones que los hacen posibles), pero sí duda de su posibilidad en la metafísica. Ésta es una ciencia discutida, de la que se cuestiona su existencia desde el desarrollo del empirismo de Hume.

1 Hume, como la mayoría de los filósofos posteriores, considera que los juicios de las matemáticas son de este tipo. Kant, sin embargo, no estará de acuerdo, según él, los juicios de las matemáticas, al menos los principios de esta ciencia, sí son extensivos (amplían el conocimiento). 

2Para Leibniz el hecho de que la ciencia fuera un conjunto de Tautologías que no dicen nada acerca del mundo no significa un problema. La razón es la de que para Leibniz no existe algo así como un “mundo sensible” un “mundo extenso”. El mundo está formada por un conjunto de mónadas interconectadas por la acción de Dios. 

3 Kant denomina extensivo a aquel juicio que amplia nuestro conocimiento, lo extiende.

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