sábado, 6 de febrero de 2016

John Locke


El iniciador de la corriente empirista de la filosofía es Locke. El empirismo de Locke se gesta dentro del racionalismo cartesiano, que es lo que imperaba efectivamente en Europa durante el tiempo en el que Locke se formó y empezó su actividad filosófica. La metafísica cartesiana había venido substituyendo paulatinamente la metafísica aristotélica (aunque aristotélicos va a haber hasta el siglo XX); esta era una metafísica dualista, que distinguía la substancia pensante de la substancia extensa. El punto de partida de Locke es, por tanto, absolutamente cartesiano.

Locke va a plantear de manera radical el problema del conocimiento, que es lo que le caracterizará a los filósofos empiristas propiamente. Lo que quiere es esclarecer de qué manera se produce el conocimiento, de qué manera obtenemos las ideas que se hayan presentes en la conciencia; ya que no acepta la solución racionalista frente a determinadas ideas problemáticas de hacerlas innatas en la conciencia. Las ideas según Locke sólo pueden proceder de la experiencia, si bien la experiencia puede ser externa, lo que Locke denomina ideas de sensación, o interna, lo que denomina ideas de reflexión. A su vez, hay dos tipos de ideas, las simples y las complejas: 
  • Las ideas simples: son las que proceden de los sentidos 
  • Las ideas complejas: son combinaciones de ideas simples. 
Una de las claves en torno a la cual gira toda la filosofía moderna es la reflexión sobre la noción de “substancia”. Según Locke la idea de substancia es compleja. La define como el “no sé qué” que está por debajo de las diversas cualidades de las cosas de las que tenemos conocimiento a través de los sentidos. Locke no dice en ningún momento que no crea que no existe la idea de substancia, simplemente plantea las dificultades de explicar el conocimiento de esta idea. Lo único que hace Locke es analizar el conocimiento, desmenuzarlo, y en este análisis la substancia se revela como algo de lo que no podemos tener conocimiento, pero en ningún momento dice que no exista la substancia. Está sentando la primera piedra sobre la que Hume levantará su crítica al substancialismo. Prueba de su absoluta fidelidad a la metafísica cartesiana es la diferenciación que hace entre las cualidades primarias y las cualidades secundarias. Las cualidades primarias son las modificaciones que las cosas mismas producen en el espíritu, dando lugar a ideas simples; éstas son las que Descartes considera la res extensa: la masa, la forma, la extensión… Las cualidades secundarias no las producen las cosas en nuestro espíritu, sino, es la misma conciencia quien las produce; tales son el color, el olor... éstas son meramente psicológicas. La substancia vendría a ser como la base o el sustrato en el que existen las cualidades primarias de las cosas.

Locke no pretende criticar la metafísica cartesiana, y por eso no da el paso, que sí dará Hume de pasar de la imposibilidad del conocimiento de la idea de substancia a su inexistencia. Locke únicamente pone de manifiesto las dificultades para conocer de manera clara qué es la substancia.

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