sábado, 20 de febrero de 2016

Hume (XI): tipos de conocimiento.

Para terminar con la teoría del conocimiento, cabe plantear una última pregunta: ¿Qué ocurre con la ciencia? ¿Qué clase de conocimiento es el científico? ¿Es la ciencia verdadera? Este tipo de preocupaciones traspasan las inquietudes de la filosofía de Hume, que no aborda directamente estas cuestiones. Sin embargo, sus críticas al razonamiento inductivo (1) y a la idea de causalidad sí que han ejercido una influencia nada despreciable en la filosofía de la ciencia del siglo XX. Por ello, cabría decir que desde las tesis de Hume, las diferentes ciencias quedarían explicadas de este modo: 
  1. Las ciencias formales (matemáticas y lógica), se ocupan de relaciones de ideas, y posibilitan por ello construir razonamientos deductivos absolutamente ciertos, con independencia de la experiencia. Sin embargo, Hume entiende que estos razonamientos no dicen nada sobre el mundo, sino que expresan la estructura de nuestro pensamiento. No se trata de que la realidad esté construida según esquemas lógicos o matemáticos, sino que es nuestro pensamiento el que funciona según estas leyes. Las matemáticas y la lógica expresan leyes psicológicas: sencillamente pensamos de esa manera (siguiendo, por ejemplo, el principio de no contradicción) de la misma forma que podríamos pensar de otros modos. No hay una necesidad intrínseca en estas ciencias, sino una necesidad psicológica. 
  2. Las ciencias naturales (particularmente la física) tienen como objeto las cuestiones de hecho. En la medida en que estudian la naturaleza, su objeto está sujeto a la contingencia: funciona de un modo, pero podría hacerlo de otros muchos y, lo que es más grave, podría dejar de comportarse tal y como predice la ciencia. Las leyes físicas dejarían de ser necesarias para convertirse en un conocimiento probable. La física sería, de este modo, una ciencia del pasado, de la historia de la naturaleza: puede afirmar cuáles han venido siendo las leyes naturales hasta ahora, pero no es capaz de predecir con una certeza total cuáles serán las leyes del mañana. La predicción queda desterrada de la ciencia, que se reduce a ser un conocimiento probable, quizás el mejor conocimiento de que disponemos en el presente, pero incapaz de asegurar que la naturaleza no modifique en el futuro las leyes fundamentales por las que se rige. 
  3. En cuanto a la metafísica, basta con lo dicho anteriormente. Sencillamente esta disciplina carece de sentido. Sus conceptos no se refieren a impresiones, y el contenido de los mismos está más que cuestionado. La metafísica debe quedar fuera del conocimiento científico. En un célebre párrafo de la Investigación, Hume afirma: “Si procediéramos a revisar las bibliotecas convencidos de estos principios, ¡qué estragos no haríamos! Si cogemos cualquier volumen de Teología o metafísica escolástica, por ejemplo, preguntemos: ¿Contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad y el número? No. ¿Contiene algún razonamiento experimental acerca de cuestiones de hecho o existencia? No. Tírese entonces a las llamas, pues no puede contener más que sofistería e ilusión.” 
1 Hume sostiene que la inducción no es un razonamiento lógico. La inducción es una inferencia (razonamiento) que va de lo particular a lo general. Por ejemplo: observo que una barra de bronce se dilata cuando es sometida a altas temperaturas, ocurre lo mismo con otra barra de plata, o de hierro, o cobre. Observo finalmente que la dilatación no depende del grosor o la forma de las barras, así pues, concluyo por inducción, que todos los metales se dilatan con el calor. ¿Es correcta esta inferencia? Según Hume NO. Podría ocurrir que un metal que no hayamos estudiado o que existe en otro planeta se comporte de una manera diferente ante el calor. Lo único que podemos saber con seguridad es lo que la experiencia pasada ha mostrado, pero la inducción pretende ser una manera de alcanzar verdades de otro tipo: enunciados generales que pretenden ser universal y necesariamente verdaderos. Pero no es posible.

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