miércoles, 17 de febrero de 2016

Hume (VIII): crítica de la idea de Dios

Locke y Berkeley (los otros dos grandes empiristas) habían utilizado en principio de causalidad para demostrar la existencia de Dios. Berkeley pone a Dios como causa de todas nuestras percepciones negando que el mundo exista (supone que es Dios quien pone las impresiones en nuestros sentidos en lugar de un mundo exterior a nosotros mismos). Sin embargo Hume no puede defender la existencia de Dios si quiere ser coherente con sus tesis empiristas.

Dios no es una idea que proceda de alguna impresión, es una idea que no la podemos remitir a ninguna impresión concreta, luego no es de ningún modo un conocimiento válido. Además las presuntas argumentaciones deductivas que han sido presentadas para demostrar su existencia incurren en falacias y contradicciones que las invalidan por completo. Hume dedicará una obra, Diálogos sobre la religión natural, a criticar estas “demostraciones”.

Tras haber rechazado que podamos conocer a Dios o el mundo exterior, en la filosofía de Hume surge un problema: ¿de dónde proceden nuestras impresiones? Locke, aunque era empirista seguía manteniendo la existencia de un mundo externo, que sería el origen de nuestras impresiones; Berkeley había rechazado la existencia de un mundo exterior y había supuesto que todas las impresiones provienen de Dios. Hume al criticar estas dos ideas (dios y el mundo) se queda sin una fuente para mis impresiones, ni siquiera podrían provenir del propio yo (con lo que Hume estaría defendiendo el solipsismo) puesto que también había rechazado la existencia del YO. ¿De dónde provienen entonces nuestras impresiones? El empirismo de Hume no permite contestar esta pregunta; sólo podemos conocer impresiones y no podemos ir más allá de este conocimiento. Una cosa es segura: tenemos impresiones, de dónde vengan no lo vamos a saber, eso es todo.

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