miércoles, 17 de febrero de 2016

Hume (VII): crítica de la idea de “Mundo”.

La crítica de la idea de substancia anticipa ya la crítica de la idea de Mundo. Si no podemos suponer que detrás de las impresiones aisladas que tenemos hay cosas, es decir, substancias, entonces, en rigor tampoco podemos afirmar que más allá de nuestras impresiones exista un mundo. Nuestro conocimiento no puede ir más allá de nuestras impresiones sensibles por lo que no podemos suponer que existe algo más allá de ellas. En rigor, para el empirismo de Hume, cualquier intento de conocer alguna realidad extramental es imposible. Descartes pensó que había algunas percepciones, es decir, algunas ideas, que justificaban por sí solas la existencia de algo exterior a la propia mente (es lo que ocurre por ejemplo con la idea de Dios: esta idea exige, según Descartes, la existencia de un ser perfecto, infinito... etc) Hume es esto lo que no acepta de ningún modo: nuestro conocimiento no puede ir más allá de las impresiones y las ideas, y ninguna idea tiene en sí la exigencia de su existencia extramental.

De todas formas, Hume no trata de negar la existencia de realidades extramentales, únicamente señala la imposibilidad de conocerlas. De tal existencia sólo podemos tener una creencia. El origen de esta creencia está en la continuidad y la coherencia de las impresiones externas; la disposición de las impresiones externas es continua en el sentido de que no ocurre, por ejemplo, que cierre los ojos, los vuelva a abrir y las impresiones que tengo cambien por completo. Como la percepción externa siempre se presenta de un modo continuo, sin cortes, la imaginación termina por pensar que estas percepciones no dependen en absoluto de mí, ya que si dependieran, cambiarían según mis estados de ánimo o mi voluntad, y, por tanto, se inventa la existencia de un mundo (que de ninguna forma podemos saber si existe o no). Y es coherente en el sentido de que mi percepción del mundo parece respetar ciertas reglas. Por ejemplo: si contemplo cómo se consumen unos troncos y abandono la habitación durante rato, al volver encuentro que los troncos se han consumido de igual manera, no los encuentro tal y como los dejé. MIS PERCEPCIONES PARECEN RESPETAR CIERTAS REGLAS ESPACIO-TEMPORALES INDEPENDIENTES DE MI. Como las percepciones parecen no depender de mi voluntad, nuestra imaginación termina suponiendo que existe algo exterior a nosotros que produce todas mis percepciones. Pero la existencia de un mundo exterior a nosotros mismos no es más que una FICCIÓN, una SUPOSICIÓN y una CREENCIA que tenemos, en ningún caso un CONOCIMIENTO VERDADERO.

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