lunes, 15 de febrero de 2016

Hume (VI): crítica a la idea de substancia.

Uno de los conceptos más persistentes a lo largo de la historia de la Filosofía, ha sido el de  substancia (1).  Consiste en la idea de que las propiedades o atributos de una cosa deben "apoyarse" en algo, en una especie de sustrato que nunca es igual a ninguna de aquellas propiedades, ni tampoco a la suma de las mismas, y que permanece constante cuando la cosa cambia, se mueve o se transforma. Según el punto de vista sustancialista, si hay un caminar debe haber algo que camina, si hay un decir, un pensar, etc., debe haber algo que dice, algo que piensa, etcétera.

La substancia es concebida como una especie de soporte último, que ya no puede apoyarse en nada más básico, o como un sujeto último que no puede, a su vez, ser predicado de ninguna otra cosa. A veces, la substancia ha sido identificada con la esencia. La pregunta por la esencia de una cosa es respondida —según la Filosofía tradicional— a través de una definición que dice lo que es la cosa. El sustrato último de la cosa coincidiría así, con la esencia de la cosa, con el ser que la define como siendo tal cosa y no otra.

Pero desde la perspectiva empirista el concepto de substancia es enormemente problemático, como ya había señalado Locke, porque la substancia no es ninguna impresión simple, no es un color, ni un sabor, ni una pasión, un placer o un dolor; tampoco es una impresión compleja, no es una cosa determinada. Para poder admitir la idea de substancia como un conocimiento verdadero, tendríamos que poder reducirla a la impresión o impresiones simples de las que se deriva. Sin embargo, no encontramos, cuando la analizamos, tales impresiones por lo que no podemos admitirla como un conocimiento verdadero. La idea de substancia es, por tanto, una idea construida por la imaginación. Puesto que no tenemos conocimiento sensible que respalde esta idea tenemos que concluir que NO PODEMOS AFIRMAR QUE EXISTAN EN LA NATURALEZA SUBSTANCIAS DE NINGÚN TIPO. 

Lo único que captamos de la realidad es un conjunto de impresiones y es nuestra imaginación la que supone que detrás de todas esas percepciones hay algo que las soporta y que es responsable de nuestra percepción. Por ejemplo, cuando vemos una manzana, la olemos, la cogemos y la saboreamos, únicamente tenemos conocimiento de un conjunto de impresiones simples: ... los colores vivos de la fruta, su olor intenso, su textura suave y sólida y su sabor dulce; hasta aquí llega nuestro conocimiento y a partir de aquí comienza nuestra imaginación: suponemos entonces que detrás de todas esas percepciones simples, hay un objeto, una realidad o, como afirmaba Descartes, una substancia (res), sin embargo afirmar esto es sólo una suposición de nuestra imaginación, por lo que, en rigor, no podemos defender la existencia de substancias de ningún tipo. Lo único que podemos decir que existe son las IMPRESIONES.

Hay que tener muy en cuenta que Hume no está negando la existencia de substancias, está negando la posibilidad de que nosotros podamos conocer de algún modo algo así como una “substancia”; si existen substancias de algún tipo, no lo sabemos y, en rigor, no lo vamos a saber ya que únicamente podemos conocer “impresiones”, es decir, colores, olores, sonidos, figuras... etc. Aquello que puede ser conocido, el conjunto de impresiones, recibe el nombre de FENÓMENO (2), por lo tanto la realidad quedará reducida para Hume a una sucesión de fenómenos de los que tenemos experiencia a través de las impresiones (esta tesis humeana recibe el nombre de fenomenismo). Es importante subrayar que nunca podemos acceder a lo que se podría llamar realidad en sí (expresión que en un lenguaje empirista carecería de sentido) porque nuestra relación con la realidad está mediada por las impresiones. En un sentido estricto, no podríamos hablar de las cosas, sino de nuestra impresión de las cosas. La realidad queda limitada a mi impresión presente de la misma y los recuerdos que pueda tener de impresiones pasadas.


1 El concepto de substancia es un concepto central en la historia de la filosofía. Su origen se remonta a Aristóteles que definía la substancia (ousía, que significa ente, lo que tiene ser) como el verdadero ser, lo que es apto para existir por sí, lo que existe en sí y no en otro. Considerada en su aspecto lógico, la sustancia es el último sujeto de atribución: a ella se refieren todos los predicados, mientras que ella misma no se predica de ningún otro sujeto aquello que no se predica de otra cosa. por ejemplo en la proposición “la rosa es roja” el predicado corresponde a “roja” y la sustancia es “la rosa”. Los filósofos racionalistas, en especial Descartes, también utilizaron el término. Descartes define “substancia” como “una cosa que existe de tal manera que no necesita a ninguna otra para existir”. Substancias en principio serían tres: la res cogitans (el yo), la res extensa (el mundo) y la res infinita (dios), aunque si fuéramos estrictos, de la definición cartesiana de substancia se deduciría que la única realidad verdaderamente existente sería Dios, pues es Dios la única cosa que sólo necesita de sí mismo para existir; el YO y los seres materiales, al haber sido creados, necesitan de Dios para existir luego no serían substancia en sentido estricto. Sin embargo esta consecuencia no la sacará Descartes, pero si lo hará Spinoza que defenderá que lo único verdaderamente existente es Dios,(panteísmo) siendo todas las demás cosas atributos de éste. 
Para salvar este escollo, Descartes distingue entre dos clases de substancias: 
a.- La substancia infinita (Dios), a quien conviene absolutamente esta definición. 
b.- Las substancias finitas (almas y cuerpos), que no necesitan de nada más para existir salvo de Dios. (Por tanto, una substancia finita no necesita para existir de ninguna otra substancia finita: el alma, por ejemplo, no necesita del cuerpo para existir, de aquí se sigue, inmediatamente, el dualismo cartesiano). 

2 El término FENÓMENO significa atendiendo a su etimología “lo que se muestra o aparece”. No conocemos la realidad en sí, sino sólo lo que “se aparece”, es decir, el fenómeno.

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