martes, 16 de febrero de 2016

Hume (VI): crítica de la idea de “YO”

Hume va a dirigir una crítica similar a la idea cartesiana de Yo, es decir, a la idea de que existe algo así como una realidad dotada de continuidad y autoconsciente donde se reúnen todas nuestras percepciones. O lo que es lo mismo, que todas nuestras ideas e impresiones forman una conciencia a la que llamamos “Yo”. Y el desarrollo de la crítica va a ser similar que en la crítica de la substancia: ¿existe alguna impresión a la que podamos referir nuestra idea de “Yo”? La respuesta es evidente: NO. LA IDEA DE YO NO LA PODEMOS REDUCIR A NINGUNA IMPRESIÓN SENSIBLE ni a un conjunto de impresiones, luego tampoco podemos defender que exista algo así como un “YO”.

Después de afirmar esto, la pregunta que nos surge es inevitable: si no somos una mente, una conciencia (o por lo menos no podemos afirmar que lo somos) entonces ¿qué somos? La respuesta que da Hume al respecto es tajante: no podemos ir más allá de las impresiones que tenemos: somos un conjunto de impresiones e ideas, pero no una conciencia. Somos una especie de teatro donde pasan y vuelven a pasar una y otra vez las ideas y las impresiones, pero teniendo en cuenta que este teatro no podemos considerarlo como un edificio estable, sino como un mero pasar y volver a pasar de las impresiones. Pero ocurre que también es la imaginación quién, acostumbrada a referir todos estos pensamientos a “alguien que los piensa” termina por inventar que hay un sujeto que piensa todas estas impresiones e ideas, cuando de ninguna forma podemos saberlo.

Habíamos dicho que Descartes y en general todos los filósofos modernos consideran la mente como una caja llena de ideas, pero una caja que se puede mirar a sí misma (conciencia). Hume, como buen empirista prescinde por completo de la caja y de la “mirada interior” quedándose exclusivamente con las impresiones. Si entendiésemos la conciencia o el yo, como un ojo, los racionalistas dirían que este ojo puede verse a si mismo y por eso afirmar su existencia tajantemente (pienso luego existo); Hume únicamente viene a subrayar que el ojo (la mente) sólo puede ver imágenes (impresiones) pero no puede volverse y mirarse a sí mismo. 

La conclusión que aquí sacamos es semejante a la relativa a la substancia: igual que los objetos no pueden considerarse más allá de un haz de impresiones, el Yo, tampoco podemos afirmarlo más allá de un conjunto de impresiones dispersas. La idea de la existencia de un sujeto, una mente, una conciencia, NO PUEDE SER OBJETO DE CONOCIMIENTO, SINO DE CREENCIA: estamos acostumbrados a creerlo así, por la fuerza de la costumbre, pero esto no es conocimiento fiable y riguroso.

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