viernes, 19 de febrero de 2016

Hume (IX): el problema de la causalidad.

Al clasificar los elementos del conocimiento en impresiones e ideas Hume sienta las bases del empirismo más radical. Con esta clasificación introduce un método para decidir la validez de nuestras ideas: ¿queremos saber si una idea cualquiera es verdadera? Únicamente debemos comprobar si procede de alguna impresión, en caso contrario estaremos ante una ficción. NUESTROS CONOCIMIENTOS ESTÁN LIMITADOS A LAS IMPRESIONES. Con este método Hume va a derribar uno de los conceptos fundamentales de la ciencia: el concepto de causalidad.

La relación causal.

¿Qué es la causalidad? ¿Qué significa la palabra “causa”? Aquello que llamamos “causa” no es una idea, ni siquiera una idea general. No hay nada en común entre las diferentes “cosas” que pueden ser causas. El fuego causa calor, el deporte causa salud, la inflación causa la subida de los tipos de interés. ¿Qué tienen en común el fuego, el deporte y la inflación? Evidentemente NADA. Esto es así porque la causalidad no es un idea sino una RELACIÓN (la relación que existe entre el fuego y el calor, el deporte y la salud, etc)

Sin la relación causal nuestro conocimiento quedaría limitado a las impresiones (lo que vemos en este momento) y las ideas (lo que en algún momento ha sido una impresión: recuerdos) pero nada podríamos saber del futuro ya que no podemos tener impresiones de lo que aún no ha sucedido. Sin embargo, en nuestra vida cotidiana actuamos como si tuviéramos conocimientos de multitud de hechos futuros: cuando llueve salimos a la calle con un paraguas dando por supuesto que el agua nos mojará, pero no tenemos conocimiento de ese hecho futuro. Suponemos que el agua es causa necesaria de que nos mojemos.

La relación causal como conexión necesaria.

Pero ¿qué entendemos por “relación causal”? Hume observa que generalmente entendemos o SUPONEMOS la relación causal como CONEXIÓN NECESARIA ENTRE DOS IDEAS (o impresiones). Entendemos que hay ciertos hechos que de manera necesaria llevan a que se produzcan otros tantos: ponemos un cazo en el fuego y el agua se calienta, salimos a la calle lloviendo y nos mojamos, dejamos caer una pelota desde una altura y la pelota cae libremente hasta que llega al suelo. Como la conexión es supuestamente necesaria, estamos seguros de ciertos hechos que se producirán en el futuro.

¿Es correcta esa manera de proceder? Analicemos la idea de causalidad y veamos que encontramos en ella. 

Encontramos, dice Hume, en primer lugar, que NO ES UNA RELACIÓN DE IDEAS (1) ya que de serlo podríamos predecir todas las consecuencias de cualquier fenómeno aunque nunca lo hubiéramos visto con anterioridad, lo cual parece netamente contradictorio con las ciencias experimentales. Adán o Eva, o cualquier otro, podría predecir todo lo que ocurriría con solo mirar una cosa y, además, nunca tendría que experimentar nada: lo sabría todo con solo mirar de frente a la cosa y sería algo así como alguien que tuviera rayos X en su vista y entendimiento. Solo con pensar en la idea de fuego ya sabríamos que produce calor de la misma manera que al pensar en la idea de triángulo sabemos que tiene tres lados. Evidentemente esto no es así. Si la relación causal no es, por tanto, un relación de ideas es, en consecuencia, una CUESTIÓN DE HECHO, donde imperan los dictados de la experiencia y de la observación (es decir, tenemos que atenernos a los hechos, ver como actúan y esperar para hacer afirmaciones de lo que ha ocurrido, no estando nunca autorizados a hablar del futuro puesto que aún no es un hecho y no sabemos cómo actuará).

Analicemos la relación causa-efecto atendiendo exclusivamente a la experiencia que tenemos de tal relación y expongamos las circunstancias que en ella concurren:

A) CONTIGÜIDAD espacio-temporal; causa y efecto se producen en espacios y tiempos próximos.

B) PRIORIDAD de lo que se llama como causa es anterior a lo que se llama efecto.

C) CONJUNCIÓN CONSTANTE, lo que denominamos “causa” y lo que denominamos “efecto” se han sucedido con regularidad en el pasado.

Esas tres circunstancias son las que han inducido a los hombres a hablar de que la causa y el efecto están conectados necesariamente. Ahora bien, ¿podemos encontrar esa idea de conexión necesaria bien en el objeto que llamamos causa o en el que llamamos efecto, sustentada por alguna impresión sensible? (que sería el modo de proceder del empirista). Ciertamente no. Ni de la contigüidad, ni de la prioridad de la causa ni de la conjunción constante se puede sacar la idea de conexión necesaria: sólo vemos que se produce algo y que al rato se produce otra cosa. 

Crítica al principio de causalidad o a la idea de “conexión necesaria”.

Si no hay nada en la experiencia que demuestre un vínculo necesario entre la”causa” y el “efecto”… ¿Por qué, entonces, valoramos tanto la causalidad y basamos toda nuestra confianza en ella? Aquí Hume nos explica (psicológicamente) lo que ocurre: estamos tan acostumbrados (por experiencias pasadas) a que cuando se produce un determinado fenómeno se produzca un determinado efecto, que cuando vemos producirse a nuestro alrededor algo semejante a lo que ya conocemos, nuestro espíritu se adelanta, por costumbre o hábito, y somos capaces de predecir lo que pasará. Nuestra mente irá por delante de los acontecimientos reales, pero sólo en base al HÁBITO y ni por la razón o por la experiencia. Lo razonable en toda cuestión de hecho sería esperarse y comprobar por la experiencia que así ha sucedido.

Pero nunca actuamos así: por el contrario, nos adelantamos y creemos que podemos hacerlo porque pensamos que hay una vinculación necesaria entre la causa y el efecto, Pero estamos equivocados. No existe tal relación de vinculación necesaria sino sólo una precipitación de nuestra mente fundamentada en nuestros hábitos anteriores. La prueba de que la idea de “conexión necesaria” no tiene justificación es que nos podemos imaginar que otro efecto es posible (nos podemos imaginar que el sol no saldrá mañana o que el agua no hierve a 100º) y todo lo que es posible no es necesario (2).

Pero la cosa no termina aquí: ¿por qué tendemos a adelantarnos y vaticinar lo que ocurrirá? (¿Cuántas veces hemos tenido que echarnos marcha atrás en nuestras conclusiones precipitadas acerca del futuro?). Aquí aparece otra idea, tan poco justificada como la de la causalidad. Vamos por delante de los acontecimientos porque estamos absolutamente convencidos de que el futuro va a ser en todo exactamente igual a las experiencias que hemos tenido en el pasado. Esto es, estamos convencidos de la regularidad de la naturaleza.

Crítica al principio de uniformidad de la naturaleza

¿Qué nos dice que la naturaleza va a mantenerse siempre igual y regular? ¿De dónde podemos sacar esa conclusión? Nada ni nadie nos puede garantizar cómo vaya a ser el futuro ni, por tanto, que podamos tener confianza alguna en él. ¿Cómo, entonces, podemos hablar de causalidad y de vinculación necesaria entre causa y efecto? Porque, precisamente, si predecimos lo que ocurrirá es porque confiamos que el futuro será igual que ha venido siendo, pero eso precisamente lo aceptamos porque se supone que aceptamos el principio de causalidad, que es justo lo que está siendo puesto en tela de juicio. En todo caso, a lo que estamos autorizados en base a la experiencia es a decir que el pasado ha sucedido esto o aquello y que siempre ha sido así. Toda vez que vuelva ocurrir lo mismo, o algo semejante, en el futuro lo que hará será aumentar nuestro grado de confianza y nuestra probabilidad de que la cosa siga ocurriendo del mismo modo, pero nunca llegaremos a tener una seguridad absoluta como si fuera una demostración matemática o una prueba lógica (una relación de ideas). 

Que el futuro sea igual al pasado es un principio absolutamente indemostrable, indemostrable experimentalmente por el simple hecho de ser futuro. Aunque al observar un fenómeno constatemos que siempre se produce igual, que no hay contradicciones, esto sólo nos dará una altísima probabilidad con respecto al futuro, pero en ningún caso una seguridad absoluta y, por lo tanto, únicamente será una CREENCIA en que los hechos se vayan a producir en el futuro serán como los que ya han sucedido en el pasado.

Los hechos pueden cambiar sin que haya contradicción en ello y por eso precisamente se han de basar en la experiencia. Esa creencia en el futuro la constituye el mal llamado principio de uniformidad de la naturaleza.

Conclusión

Así pues, lo que resulta más importante para poder establecer la ciencia -el principio de causalidad — carece de fundamento objetivo y sólo se puede justificar psicológicamente.

La creencia es un principio inverificable, algo gratuito, pero necesario para que la vida funcione. Hume no rechaza que sigamos actuando como lo hemos venido haciendo hasta ahora, pero sí quiere hacernos ver que no existe algo así como un principio de causalidad. Es, como ya se ha dicho, una creencia que asumimos gratuitamente (pero necesariamente por ser la naturaleza humana como es) en base a ciertos condicionantes (la costumbre, el hábito) naturales y epistemológicos que los hombres tenemos.

Resumen final: 
  1. La causalidad es una RELACIÓN, no una IDEA. 
  2. SUPONEMOS que la relación causal expresa una CONEXIÓN NECESARIA. 
  3. Es preciso acudir a la EXPERIENCIA para determinar si la suposición es correcta o no 
  4. Lo que la experiencia muestra en una relación causal es: CONTIGÜIDAD, PRIORIDAD DE LA CAUSA Y CONJUNCIÓN CONSTANTE. 
  5. La experiencia no justifica la existencia de una “conexión necesaria” 
  6. Confiamos en la causalidad sólo por el HÁBITO Y LA COSTUMBRE. 
  7. Además estamos convencidos en que LA NATURALEZA ACTÚA UNIFORMEMENTE. 
  8. Tal principio es INDEMOSTRABLE. 
  9. Desde la RAZÓN no podemos justificar ni el principio de causalidad ni la uniformidad de la naturaleza. 
  10. En ambos casos estamos ante una CREENCIA que sólo se puede justificar psicológicamente, pero indemostrable desde la lógica y la razón. 

1 Conviene aclarar que el concepto “relación de ideas” puede resultar equívoco. Todo juicio, también la relación causal, es una relación de ideas en tanto y cuanto solo podemos conocer relacionando unas ideas con otras, pero aquí se utiliza la noción “relación de ideas”en un sentido más restringido para referirse a un tipo particular de conocimiento diferente a las cuestiones de hecho. 
2 No ocurre lo mismo con las relaciones de ideas que son absolutamente necesarias, pues no podemos ni siquiera imaginar que su contrario es posible. ¿Es posible imaginar un triángulo que no tenga tres lados o una circunferencia cuyos puntos no equidisten del centro? La respuesta es que no, porque en estos casos sí que hay una vinculación necesaria entre triángulo y tener tres lados o circunferencia y línea curva cuyos puntos equidistan del centro.

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