miércoles, 10 de febrero de 2016

Hume (I): la Ciencia del Hombre.

Hume fue un escritor que en vida tuvo mucho éxito, aunque no tanto por sus escritos filosóficos por cuanto sus estudios sobre política e historia (en especial su “Historia de Inglaterra”). Su filosofía, por lo general, pasará bastante desapercibida. Con su primera obra, el Tratado de la naturaleza humana. Ensayo de introducción del método experimental de razonamiento en las cuestiones morales, Hume aspiraba, según sus propias palabras, a convertirse en el Newton de la ciencia moral. Su convicción de que todas las ciencias se basaban, en último término, en el ser humano, le llevan a escribir este tratado de antropología filosófica, tratando de aplicar el mismo método newtoniano (1), pues desde una perspectiva empirista la ciencia modélica es la física, porque en ella se aúnan la observación y el experimento con el razonamiento. 

De entre todas las ciencias posibles hay una que destaca por su importancia, pues todas las demás la presuponen de una u otra forma; es la Ciencia del Hombre. Hume echa en falta un conocimiento riguroso y sistemático de la naturaleza humana, quiere saber cuáles son los principios que gobiernan el entendimiento humano, cuál es el fundamento de los juicios morales y nuestra acciones, etc. Es obvio que tal ciencia es enormemente importante pues todas las demás ciencias tratan de manera directa o indirecta sobre el ser humano: las matemáticas, la física, la historia, todas las ciencias son un producto humano y describen el mundo desde la perspectiva de los seres humanos; pero… ¿qué somos en realidad? ¿Cómo funciona nuestro entendimiento? ¿Qué podemos conocer? ¿En qué nos basamos al afirmar que unas acciones son buenas y otras malas? ¿Qué queremos afirmar cuando predicamos de un objeto que es “bello”? etc. Todas estas preguntas no tienen una respuesta satisfactoria, a juicio del joven Hume, y una nueva y rigurosa Ciencia del Hombre puede suministrarnos las respuestas adecuadas. 

Pero antes de apresurarse con las respuestas Hume quiere ser precavido, es preciso tener claro el camino, saber cómo vamos a proceder, qué método vamos a seguir. Hume tiene la respuesta: el método adecuado es aquel que ha demostrado su solvencia, el que ha propiciado el éxito de la física; el método experimental. Básicamente lo que el método prescribe es evitar las especulaciones, los razonamientos que no están apoyados en sólidos datos empíricos: observaciones, experimentos, mediciones … En el caso que nos interesa el científico debería abandonar toda teoría acerca de la naturaleza humana que no pueda contrastarse empíricamente como por ejemplo la teoría del dualismo antropológico, que había defendido Descartes, la cual sostiene que el ser humano es un mezcla de dos substancias de naturaleza diferente: el cuerpo y el alma. La actitud del científico ha de ser muy diferente, debe ser más humilde y precavido y no admitir más que aquello de lo que pueda estar seguro a partir de la atenta observación y la experimentación.


1 No debe olvidarse que en el siglo XVIII se produce una auténtica ebullición del pensamiento científico, y su forma de analizar la realidad se convertía en el modelo de referencia. Si Hume aspiraba a trasladar los métodos de la física, unos años antes Spinoza había intentado, desde presupuestos racionalistas, construir una ética a la manera de la geometría.

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