lunes, 8 de febrero de 2016

El obispo Berkeley.

Berkeley va a ser un heredero del pensamiento de Locke, aunque introduce una modificación, radicalizando su postura. Lo que va a hacer Berkeley es llevar el psicologismo de Locke hasta el extremo fracturando así la metafísica cartesiana. Critica de Locke el hecho de que le dé preminencia ontológica a las cualidades primarias respecto de las secundarias. Según el obispo, ambas, son fenómenos que se dan en la conciencia (vivencias psicológicas es la palabra que usa), y no hay ninguna razón para pensar que unas se dan efectivamente en la realidad externa a la conciencia, y las otras no. Según Berkeley todas las vivencias deben tener el mismo estatus ontológico, y es la de meras representaciones mentales.

Desde el psicologismo extremo de Berkeley, el planteamiento del problema de la substancia (qué sea la substancia, qué substancias hay, etc), no puede responderse sino con una postura púramente psicologista: el ser, (es decir, la substancia) no es más que “ser percibido”. La percepción es lo único que constituye al ser: las cosas no son nada diferente de las vivencias que tenemos de ellas. Lo único que podemos decir es “existo yo y mis vivencias”, pero más allá no hay nada. Berkeley, como se ve, no está negando la existencia de la substancia. De hecho, a sí mismo, se llama “inmaterialista”, para remarcar que lo que niega es la substancia material, pero no la substancia espiritual o pensante: no hay nada que corresponda a nuestras vivencias (ideas), pero lo que no podemos negar es que existamos nosotros como substancia. ¿Y cómo es posible que tengamos en la conciencia que no procede de ningún lugar? La respuesta que da es clara: es Dios quien pone en nuestra mente las vivencias; Dios que es substancia espiritual, igual que yo mismo. Por lo tanto Berkeley niega la existencia de una substancia material, el Mundo, y afirma la existencia de dos substancias espirituales, Yo y Dios.

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