sábado, 6 de febrero de 2016

Descartes (X): la moral provisional.

No hay una filosofía completa que no pretenda establecer, al menos en lo básico, cierta ética, es decir, una reflexión en torno a la mejor forma de vivir. Descartes no va a evitar esta cuestión y en su “Discurso del método” propondrá unas reglas básicas para conducirse en la vida. Sin embargo, el mismo Renato señala de forma clara en esta obra, que estas reglas son provisionales ya que se admiten antes de haber establecido el método que nos llevará al conocimiento de verdades en filosofía. Cabría esperar que posteriormente a esto Descartes hubiera aplicado este método a la ética y hubiera establecido también unos principios firmes e indudables en cuanto a la moral y la política, sin embargo esto nunca lo llega a hacer. Pero aunque no lo hizo, sí es verdad que a través de sus cartas y en su obra “Tratado sobre las pasiones”, que escribió al final de su vida, presenta estas reglas de su moral provisional como algo definitivo. Por esta razón la interpretación habitual que se hace de la moral provisional de Descartes no es que sea provisional, sino que es más bien “probable”; seguramente el francés constató a lo largo de su vida que en lo que se refiere a la moral y a la política, no caben seguridades sino únicamente probabilidades. Respecto a la ciencia, podemos alcanzar verdades segurísimas, pero respecto a cuál es el mejor modo de vida o la opinión política más acertada, no alcanzaremos una certeza de este tipo. Por tanto, lo mejor es adoptar una moral que nos permita llevar una vida lo más acomodada y feliz que podamos alcanzar, aunque no estemos seguros de que nuestras decisiones sean correctas.

1. La primera de estas reglas recomienda aceptar las costumbres y leyes del país en el que uno viva. Esta regla se acepta desde el principio que da comienzo al propio Discurso: el buen sentido es el más repartido de todos, lo que evita que “muchos a la vez” suelan equivocarse. Se ha dicho muchas veces que esta primera regla lo que expresa es la idea de cierta voluntad democrática y tolerante en el filósofo francés, algo que, sin duda se respiraba en el país que eligió para vivir: Holanda. Puesto que las costumbres y leyes de cualquier país están dictadas, por lo general, desde el sentido común ya que es el resultado de muchas almas, es conveniente aceptarlas y no ir en contra de ellas ya que esto nos acarrearía graves problemas para nuestro “bien vivir” que es lo que persigue esta moral.

A esta idea, Descartes añade otra, la de admitir, por lo general, las opiniones más moderadas y no elegir nunca aquellas posturas que sean radicales y extremistas. Es fácil ver que este principio lo toma el francés de la moral aristotélica que defiende que el bien está siempre en el justo medio. El significado de esta regla es claro: puesto que en el terreno de la moral no nos movemos en el de la certeza, carecemos de la seguridad de nuestras opiniones, lo mejor será elegir las opiniones más moderadas ya que, en el caso de estar equivocados, no estaremos tan lejos de la verdad como si hemos tomado partido por conductas y opiniones estrafalarias.

2. La segunda de las reglas de esta moral propone perseverar en las acciones que uno hace con la mayor firmeza, o lo que es lo mismo, no conducirse en la vida como una veleta que apunta donde le lleva el viento y abandona todo lo comenzado, sino ser firme en aquellos proyectos que uno ha tenido a bien empezar. Es claro que Descartes está proponiendo un principio de acción (1): puesto que en temas morales y políticos no vamos a alcanzar seguridades y siempre estaremos sometidos a la incertidumbre, vale más que actuemos como si estuviéramos convencidos de lo que en un momento dado hemos tomado por válido o probable es un camino cierto y segurísimo. 

3. La tercera de las reglas que propone es aceptar el orden del mundo y no luchar contra él, sino, más bien, cambiar mis deseos y adecuarlos a este orden. Esta regla tiene un origen evidentemente estoico ya que va en la línea de llegar a la felicidad a través de la aceptación de lo inevitable como inevitable. ¿Cómo es posible esta reforma de uno mismo? Descartes ya nos lo ha dicho, el objetivo ético coincide aquí con el epistemológico: el ejercicio de la razón en todos los campos del conocimiento y la aplicación del método nos llevará al conocimiento de todo aquello que por su claridad y distinción sea verdadero; este conocimiento nos instará a abandonar deseos que muchas veces chocan con la realidad tal y como es. Puede rectificarse la voluntad si se reforma la vida del pensamiento.

4. En conexión directa con la máxima número tres está la número cuatro: emplear toda la vida en el cultivo de la razón mediante la aplicación del método prescrito. De hecho, el mismo Descartes sostiene que “las tres máximas anteriores estaban fundamentadas en mi propósito de continuar instruyéndome”, con lo que muestra el francés, un cierto “intelectualismo moral”

Estas reglas ponen de manifiesto cuál es la dirección de la ética cartesiana: la sumisión de la voluntad a la razón como guía de la vida y conducta del hombre. Descartes se ha propuesto guiar su vida por lo que la razón le aconseje, sin dejar que los apetitos o las pasiones le guíen. Por esta razón dedicó una obra al estudio de las pasiones y de su interacción con la razón. El hombre debe someterse a la lógica del orden establecido y el intelecto está llamado a descubrir este orden. 

1 Las reglas de la moral provisional, que al fin y al cabo será la definitiva, deben ser formuladas porque en las cuestiones prácticas “no puedo permanecer irresoluto” no fuera que me pase como al asno de Buridán (que murió de inanición al estar al igual distancia de dos montones idénticos de paja y no encontrar ninguna razón para preferir uno al otro), pero en lo relativo a las cuestiones teóricas y metafísicas, Descartes se propone ser mucho más precavido y no contentarse con ideas verosímiles o meramente probables. Aquí la aplicación del método debe ser rigurosa.

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