viernes, 5 de febrero de 2016

Descartes (IX): la antropología cartesiana.

Aunque ya hemos hablado en este tema ideas relativas a la antropología, conviene que queden claros algunos puntos de forma concreta. Sabemos que la antropología es el estudio o discurso acerca del hombre, pues bien, ¿qué tiene que decir Descartes acerca del ser humano? El hombre es el único ser en el que se encuentran dos realidades distintas entre sí, la res cogitans (el pensamiento) y la res extensa (el cuerpo). Estamos, por tanto a una antropología dualista, como ya vimos en Platón. Sin embargo, el dualismo de Descartes es de un tono diferente al de Platón; Para los griegos el alma era el pensamiento por una parte pero también era el “principio de vida”, es decir, lo que anima el cuerpo. Esto quedaba claro en el planteamiento de Platón o, especialmente, Aristóteles al defender las funciones biológicas del alma (alma vegetativa, alma sensible…). En Descartes el alma es pensamiento, pero no es principio vital. Está claro cuál es la razón de esta tesis: el cuerpo, los cuerpos en general, no necesitan de nada que los anime ya que son “mecanismos”; de hecho el mundo material es un mecanismo en sí. Descartes concebía al mundo como un gigantesco reloj, a los animales desprovistos de alma, como autómatas animados carentes de libertad y al cuerpo humano como un mecanismo más. Aquí radica la especificidad del ser humano: en cuanto a su alma es pensamiento y tiene la capacidad de juzgar entre lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, pero en cuanto al cuerpo se comporta como un autómata más (1).

Ahora bien ¿qué relación tiene el alma con el cuerpo en el hombre? Descartes afirma que el alma tiene comunicación con el cuerpo a través de la glándula pineal, “una pequeña glándula situada hacia la mitad de la sustancia del cerebro” (pero no se explica cómo algo inmaterial puede influir sobre algo material a través de un comunicador que también es material. El propio Descartes era consciente de que la explicación no era demasiado rigurosa y, en otra ocasión, recurre a una metáfora: la relación entre el cuerpo y el alma es como la de una nave y su piloto, ambos se necesitan para navegar, pero el piloto no es una parte de la nave ni viceversa, de la misma forma cuerpo y alma se relacionan, pero el alma es de naturaleza distinta a la del cuerpo. Pensemos, en una metáfora más actual, pensemos que somos como robots controlados por una mente pensante, el yo. Este timón a través del cual el alma controlaría nuestro cuerpo Descartes lo coloca en la glándula pineal, en el cerebro (2). 


1 Descartes estaba muy preocupado por demostrar la veracidad de esta tesis, puesto que toda su filosofía dependía de considerar el pensamiento como radicalmente eso: pensamiento inextenso. Por esta razón debía demostrar que el cuerpo humano tiene la forma de un autómata. Por esta razón se entregó de forma muy intensa, tras escribir las “Meditaciones metafísicas” al estudio de la fisiología humana (y de otros animales). Sus resultados los llegó a exponer en su “Tratado del hombre” que es toda una argumentación a favor de esta tesis, aportando datos y experimentos sobre fisiología. 
2 Popper ha señalado precisamente que éste es el punto más débil de la antropología y fisiología cartesiana: si previamente hemos establecido la inmaterialidad del alma, no se explica de qué forma es capaz de poner en movimiento un cuerpo material. El francés trata de solucionar este problema mediante su complicada teoría de los espíritus y las pasiones, algo a lo que no vamos a profundizar en esta ocasión. 

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