domingo, 24 de enero de 2016

San Anselmo. El argumento ontológico.

Teólogo, filósofo y Doctor de la Iglesia, que propuso una teoría sobre la existencia de Dios que todavía hoy se sigue debatiendo.

Nació en Aosta (norte de Italia) en el seno de una familia acomodada. En 1060 ingresó en el monasterio benedictino de Bec (Normandía). Cuando, en 1070, el abad (Lanfranco) fue nombrado arzobispo de Canterbury por el rey de Inglaterra Guillermo I el Conquistador, Anselmo le sustituyó al frente del monasterio. Durante estos años alcanzó un gran prestigio por sus conocimientos y piedad, y sus monjes le animaron a que pusiera por escrito las meditaciones en que basaba sus enseñanzas. De esta manera redactó Monologium (1077), en el que, reflejando la influencia de san Agustín de Hipona, presentaba a Dios como el Ser más supremo e investigaba sobre sus atributos. Animado por la acogida que tuvo su obra, continuó con su proyecto de comprensión de la búsqueda de fe, concluyendo Proslogium (1078), donde presentaba lo que en el siglo XVIII llegó a conocerse como el argumento ontológico de la existencia de Dios. En 1093, Anselmo fue llamado para suceder a Lanfranco como arzobispo de Canterbury. Desde esta dignidad participó en una época de grandes conflictos con Guillermo II el Rojo, sucesor de Guillermo I el Conquistador en el trono de Inglaterra, sobre la independencia de la Iglesia del poder regio. Tanto durante su estancia en Inglaterra como en su posterior exilio italiano, san Anselmo estuvo siempre enfrentado con los poderes seculares. A pesar de ello, continuó sus reflexiones teológicas, escribiendo Cur Deus Homo, un estudio sobre la encarnación y crucifixión de Jesucristo como una forma de expiación del pecado. 

En 1100, cuando Enrique I heredó la corona inglesa, Anselmo regresó a Canterbury, siendo posteriormente desterrado, de nuevo, por sus continuas controversias con el Rey. Hasta 1106 no regresó a Canterbury, donde vivió hasta el día de su fallecimiento, ocurrido el 2 de abril de 1109. Fue canonizado en 1163 y declarado Doctor de la Iglesia en 1720. Su festividad se celebra el 21 de abril.

Lo que más nos interesa de San Anselmo es la formulación del argumento ontológico. Este es un argumento a priori, es decir, pretende afirmar la existencia de Dios en base a un razonamiento puramente deductivo, al margen de la experiencia y los sentidos. Básicamente el argumento postula que el mero concepto de Dios ya implica su existencia, de la misma manera en que, por ejemplo, el mero concepto de triángulo ya implica que tenga tres lados. Según este argumento Dios necesariamente existe y negar su existencia sería una contradicción de la misma manera que sería una contradicción negar que un triángulo tiene tres lados. San Anselmo decía que si se concibe a Dios como “la entidad sobre la cual nada más grande puede pensarse” o en otras palabras como la entidad más perfecta posible, entonces Dios necesariamente existe, pues si no existiera esa entidad no sería perfecta, en tanto la “inexistencia” es una imperfección y si esa entidad fuera imperfecta, entonces ya no sería “Dios”. Así decir que Dios no existe es una contradicción pues estaríamos diciendo que la entidad más perfecta posible no existe, pero, precisamente, si es la entidad más perfecta posible entonces debe existir pues si no existiera no sería perfecta. Por lo tanto el mero concepto de Dios ya implica que Dios existe. 


Fundamentalmente ha habido tres maneras de criticar el argumento ontológico: 

La primera por reducción al absurdo. Gaunilón, monje del monasterio de Marmoutiers y contemporáneo de San Anselmo hizo una parodia del argumento ontológico para demostrar su debilidad: Gaunilón decía que se podía pensar en una isla perfecta y, según Anselmo, tal isla debe necesariamente que existir, lo que es absurdo. A lo cual replicaba Anselmo que el argumento sólo se puede aplicar al ser sumamente perfecto y no a islas castillos o cualquier otra entidad. El único ser cuya esencia, ser sumamente perfecto, implica su existencia, es Dios. 

En el siglo XIII, Sto Tomás de Aquino admitía que el argumento era evidente por si mismo pero no evidente para nosotros, es decir, que Dios existe pero su existencia no es tan evidente para la razón humana como “un triángulo tiene tres lados”. Por ello StoTomás diseñó nuevas pruebas que demuestran la existencia de dios a partir de la experiencia, de los sentidos (argumentos a posteriori). 

Una crítica más formal procede del filósofo ilustrado Inmanuel Kant. Kant afirmaba que el argumento ontológico falla al asumir que la existencia es un predicado: en una proposición el verbo “ser” sirve como enlace o vínculo entre el sujeto y el predicado. Por ejemplo en la proposición “la nieve es blanca” el verbo “ser” sirve como enlace entre “la nieve” como sujeto y su propiedad “ser blanca”. Por tanto añadir como predicado el verbo “ser” no implica añadir propiedad alguna al sujeto, tan solo repetir el enlace: por ejemplo una proposición del tipo “la nieve es existente”, aparentemente predica una propiedad de la nieve a través del verbo “ser”, pero en realidad no estoy predicando nada, pues “existente” ya está contenido en el verbo “ser”. Entonces si la existencia no es un predicado una entidad no es menos perfecta por no existir y por ello puede concebirse a Dios como aquello cuyo mayor nada puede pensarse y, con todo, no existir. 

Sin embargo, Descartes, Spinoza, Leibniz, Hegel y algunos pensadores contemporáneos han emitido razonamientos similares al argumento ontológico.

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