domingo, 31 de enero de 2016

Descartes (IV): el cogito.


Con su duda metódica Descartes tira por tierra todo el conocimiento humano: ni el conocimiento común que tenemos a través de nuestros sentidos (primera duda), ni el conocimiento que obtenemos a partir de nuestra razón (segunda duda) es fiable... ¿quiere decir esto que no podemos estar seguros de nada? En realidad es en este momento cuando se descubre el verdadero principio del que no podemos dudar. Cuando la mente ha prescindido de todo lo prescindible, entonces por “intuición” reconoce algo claro y distinto, algo evidente a lo que no puedo poner ninguna pega: quizá aquello que pensamos no sea cierto, pero de lo que no podemos dudar es de la realidad de nuestro pensamiento, de aquí el francés Cartesio, formula su famoso “COGITO ERGO SUM”, o lo que es lo mismo, “PIENSO LUEGO EXISTO”. Puedo dudar de esto o de aquello, pero, cuando dudo, no puedo dudar que en ese preciso momento estoy dudando. Entonces de algo debo estar seguro: YO EXISTO COMO SER QUE PIENSA, esto es evidente, es decir, claro y distinto. Descartes descubre la primera verdad, pero también la primera realidad, el YO. 

¿Cómo llegamos a conocer esta verdad? Conocemos esta verdad porque se presenta ante nuestro entendimiento de manera absolutamente clara y distinta, de manera absolutamente simple, y en virtud a su simplicidad y evidencia, la conocemos por pura intuición. A este respecto no debemos dejarnos engañar por la palabra “luego” que a menudo se utiliza en las argumentaciones para separar las premisas de la conclusión, aquí no hay premisas ni conclusión, la equivalencia entre el pensar y el ser se intuye “de una sola vez” como si fuera un fogonazo de luz ante el cual la razón no puede sino asentir. 

Además el “cogito ergo sum” proporciona a Descartes un modelo de verdad; la señal de la verdad es la evidencia, la claridad y distinción. El resto de verdades han de llevar la “marca” de la evidencia. Pero el problema de la justificación del criterio de verdad aún no está resuelto. ¿Quién me garantiza que lo yo considero claro y distinto efectivamente se corresponde con una verdad objetiva? La hipótesis del genio maligno aún no ha sido desechada. Quizás todas mis ideas, incluso las claras y distintas, sean erróneas. De todas formas el cogito es un pilar firme, una verdad clara y distinta, el punto de apoyo que pedía para reconstruir racionalmente el mundo. A partir de aquí, ya no será análisis, sino síntesis: reconstrucción de las realidades más complejas a partir de lo más simple y evidente, a saber, el pensamiento. Sobre el pensamiento va a construir todo lo que ha rechazado hasta ahora, en virtud al método.


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