jueves, 21 de enero de 2016

Aristóteles (XV): la virtud.

Ahora bien, la idea de vivir conforme a la razón puede entenderse de dos maneras. Primera: vivir guiado o gobernado por la razón, y, segunda: vivir dedicado a la razón. Conforme a estos dos sentidos de la idea de vivir de acuerdo a la razón, habrá que hablar de dos tipos de virtudes: las virtudes éticas o morales, que son las que resultan de aplicar la razón a la vida, de conducirse en la vida razonablemente; y las virtudes dianoéticas (de dianoia, pensamiento), que son las que se refieren a la vida de dedicación a la razón (virtudes intelectuales). Estos dos tipos de virtudes apuntan a dos tipos de vida: las éticas se refieren al modo de vida del hombre activo, que conduce su vida con prudencia (phrónesis); y las virtudes dianoéticas se refieren al ideal de vida del hombre contemplativo. Aristóteles da pie a considerar estos dos modos de vida como alternativos y sostiene que la vida contemplativa es un ideal superior, pero de hecho le dedica mucha mayor atención a la vida activa. La definición que da Aristóteles de la virtud es en efecto una definición de la virtud ética o moral: 

Virtud es una disposición adquirida de la voluntad, consistente en un justo punto medio relativo a nosotros, determinado por la recta razón y tal como lo concretaría el hombre prudente. Vamos a analizar la definición por partes. 
  • “Disposición adquirida de la voluntad”. Lo cual quiere decir que no es un don de la naturaleza, no brota espontáneamente de ella, sino que es preciso adquirirla por la repetición del acto, mediante el esfuerzo y la perseverancia. La virtud arraiga: al convertirse en hábito el acto virtuoso emana con más naturalidad, se convierte en una disposición. 
  • “Consistente en un justo punto medio relativo a nosotros determinado por la recta razón”. Este punto medio es un punto óptimo entre dos extremos viciosos (por exceso y por defecto). Por ejemplo: la fortaleza constituye el medio entre los extremos de la cobardía y la temeridad; la templanza establece el justo medio entre la insensibilidad y la intemperancia; la generosidad el justo medio entre la tacañería y la prodigalidad etc. Este punto medio no es un absoluto, ni igual para todos, sino relativo a nosotros y a la situación que se presente; su determinación es una cuestión de tacto o prudencia. Aquí se contiene el viejo ideal de que en el medio está la virtud, un ideal de moderación que puede ponerse en relación con la proporcionalidad y el equilibrio del canon artístico griego, con el ejemplo de la salud del cuerpo, que paga todo exceso, y con la opinión común de que hay una manera de ser bueno y mil de ser malo. Como se ve, la función de la razón es regular la pasión (La razón no tiene por misión erradicar la pasión, como defenderán los estoicos más tarde, sino regularla). 
  • “Tal como lo concretaría el hombre prudente”. Con esta frase Aristóteles reconoce que ningún sistema moral, ninguna filosofía, pueden sustituir al consejo del hombre prudente, es decir, de un amigo prudente cuyo consejo venga precedido por el conocimiento de la circunstancia -siempre nueva- a la que se aplica. La ética no es una ciencia exacta y se decide enteramente en el momento de su aplicación, de modo que la ética no puede sustituir a la conciencia singular ante el caso concreto. Cada virtud es definida a partir de un cierto tipo de situación (el peligro para el valor, la riqueza para la liberalidad, el placer para la templanza, etc.). Será la prudencia (phrónesis) lo que aconseje en cada caso sobre qué es lo conveniente1

1Es en este sentido en el que se puede afirmar que la ética aristotélica no es intelectualista, al contrario que la ética platónica. El intelectualismo era la consideración socrática del mal como ignorancia y el proyecto platónico del gobierno de los filósofos. Aristóteles, si bien cree que la virtud consiste en ser racional y alguna vez declara la vida contemplativa como la más alta, mitiga el intelectualismo griego. En primer lugar, por el motivo de que distingue (como vimos al hablar de los grados de conocimiento) entre razón teórica (la de la ciencia y la filosofía) y razón práctica (phrónesis). No basta con tener ciencia (en el sentido teórico) para obrar bien, sino que es preciso el conocimiento práctico, el cual no se adquiere en los libros, ni pensando, sino en la experiencia de la vida. Por eso la ética como saber no es una ciencia que pueda sustituir a la propia conciencia moral en la situación concreta. En segundo lugar, en el análisis del acto voluntario, que es el acto relevante desde el punto de vista moral, Aristóteles tiene en cuenta varios aspectos no intelectualistas: el conocimiento del fin (saber qué hay que hacer), la voluntad de alcanzarlo (querer hacerlo), la deliberación y elección del medio (elegir cuándo y cómo) y la firmeza al obrar (Resolución o perseverancia o fuerza de voluntad). La voluntad de alcanzar el fin y la firmeza al obrar no son reducibles al conocimiento, ni determinables enteramente por éste, sino que brotan de la voluntad como distinta de la inteligencia

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