lunes, 18 de enero de 2016

Aristóteles (XII): la cosmología.


La cosmología aristotélica tiene algunas cosas en común con la de Platón. Pero la manera en que Aristóteles la expuso y su verosimilitud, de acuerdo con los conocimientos naturales de la época, fue lo que la mantuvo vigente durante toda la Edad Media, hasta la revolución científica del Renacimiento. 

Aristóteles elaboró su cosmología en los comienzos de su obra. Se encuentra en el diálogo Sobre la filosofía (donde se distancia de la cosmología platónica y habla del éter y del carácter eterno e indestructible del cosmos) y en los tratados Sobre el cielo y Sobre la generación y la corrupción. La tesis básica de la cosmología aristotélica es la afirmación de que la Tierra constituye el centro del cosmos y el resto de planetas y estrellas giran alrededor de ella, de tal modo que se distinguen claramente dos regiones del cosmos: 

[1] El mundo supra-lunar: Concibe a los astros como seres animados (tienen movimiento), no sometidos a corrupción ni generación, estando su cuerpo hecho de un “quinto elemento” eterno, sutil, óptimo e incorruptible: el éter (etimológicamente significaba “lo que siempre fluye”). Los cuerpos celestes tienen un movimiento perfecto: circular, eterno, regular. Los planetas y las estrellas están sujetos a unas esferas de éter que son movidas por motores inmóviles, desplazando a los cuerpos que en ellas se encuentran. Gira la esfera y no el planeta en el vacío. Por lo tanto, junto al Primer Motor inmóvil que mueve el primer cielo o primera esfera, hay tantos motores inmóviles (probablemente subordinados al primero) como esferas celestes. El universo es finito -está encerrado en la esfera última de las estrellas “fijas”- y en él no existe el vacío. La Tierra está en el centro de este sistema. Es una esfera inmóvil, a la que atribuyó un tamaño muy inferior al real. 

[2] El mundo sub-lunar es el escenario de la generación y la corrupción. Son cuatro los elementos que figuran en la composición de todas las cosas, los que ya había señalado Empédocles: tierra, agua, aire y fuego. Todos ellos tienen una materia común, la materia primera, y sus diferencias dependen de la combinación de cuatro pares de cualidades: cálido-seco (fuego), cálido-húmedo (aire), frío-húmedo (agua) y frío-seco (tierra). Estos elementos pueden engendrarse mutuamente, por lo que no son eternos. El movimiento natural de las cosas en el mundo sublunar es el rectilíneo, no el circular, y siempre hacia arriba o hacia abajo. Ese movimiento no se debe a ninguna fuerza o atracción (no admite la idea de “acción a distancia”); se trata de un movimiento o tendencia “natural”, es decir, debido a la naturaleza (physis) de los elementos. Así, el fuego y el aire son ligeros, se mueven por su propia "naturaleza" hacia su lugar natural: el cielo. La tierra y el agua se mueven hacia abajo porque son pesados, tienden hacia el centro de la tierra (su lugar natural). Por el contrario los movimientos horizontales son movimientos violentos: se producen si hay una causa o motor que incide en el móvil y hace que se desplace horizontalmente y si tal motor deja de ejercer su acción el movimiento cesa pues todos los cuerpos tienden a permanecer en reposo si no reciben la acción de algún motor. 



En definitiva, Aristóteles tiene una concepción jerárquica del universo: 
  • Primero están los seres inmateriales e inmóviles: el Primer Motor o acto puro y los motores inmóviles de las esferas. 
  • Luego los seres materiales pero incorruptibles y eternos: el primer cielo, las esferas de los astros y los astros, todos ellos compuestos de éter. 
  • Por último, todos los seres materiales corruptibles, compuestos de los cuatro elementos, del mundo sublunar. 

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