jueves, 16 de julio de 2015

Los trastornos de la personalidad


Como hemos visto la personalidad se puede manifestar de muchas formas diferentes: unos son introvertidos, otros extravertidos, unos maduros, otros inmaduros, unos tienen una fuerte personalidad, otros la tienen débil etc. Todas estas manifestaciones entran dentro de la “normalidad” pues siempre es preciso recordar que no hay un patrón fijo y que en lo relativo a la personalidad la diferencia es la norma. 

Sin embargo hay un variado abanico de problemas psicológicos que son los causantes de lo que se conoce como "trastornos de la personalidad", conductas que, sin ser una patología mental, limitan enormemente el equilibrio emocional de quienes los padecen. Muchas personas tienen algún complejo o rasgo de la personalidad que puede dificultar en ocasiones la relación con el mundo y con el resto de personas; pero en algunos casos las dificultades son de tal calibre que llevan a estas personas a continuos enfrentamientos con otras, a permanecer constantemente encerradas en si mismas, incapaces de comunicarse con los demás, a sentirse absolutamente incomprendidas etc. En tales casos hablamos de trastornos de la personalidad y la función de los psicólogos consiste en detectarlos y, con la ayuda del paciente, ponerles remedio. 

El DSM-IV-TR (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos) ha distinguido diez clases diferentes de trastornos de la personalidad: 

Trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo. Se consideran controladores y responsables tanto de ellos mismos como de los demás. Es como si creyeran que todo depende de ellos y por tanto deben alcanzar y mantener el nivel óptimo de perfeccionismo. El resto de mortales aparecen ante sus ojos como "ineptos" y "despreocupados". Para sobrevivir necesitan orden y perfección. Para ellos es catastrófico perder el control o no llevar a cabo los "deberes" que a menudo se autoimponen. Cualquier fracaso puede llevarlos a la depresión. Son individuos demasiado exigentes con un alto nivel de ansiedad que se frustran habitualmente. 

Trastornos de la personalidad por dependencia. Se sienten desvalidos, desprotegidos necesitando continuamente el apoyo de los demás. Son los otros, los fuertes los que les proporcionan los recursos necesarios para alcanzar la felicidad. Sin ellos, no son nadie. Son tremendamente débiles y con una autoestima muy baja. Este tipo de personas pueden funcionar perfectamente mientras cuenten con el apoyo y cuidado de la persona "fuerte". Si ésta les falla, se hunden. Su principal temor es el rechazo o el abandono. 

Trastornos de la personalidad pasivo-agresiva. Su estado levita entre la pasividad y sumisión para mantener sus relaciones con el entorno y la agresividad que explosiona frente a la pérdida de autonomía que sienten en su interior. La ambivalencia les marca: necesidad de apego y miedo al abuso fluctuando entre una conducta pasiva y una conducta agresiva como aquel globo que finalmente se hincha y explota. 

Trastorno paranoide de la personalidad. El sujeto paranoide es desconfiado por naturaleza. Siempre atento esperando pillar con las manos en la masa a aquél que le traicione. Ve fantasmas donde no los hay. Todo el mundo es una gran conspiración contra sí mismo. Es cauteloso, sus interpretaciones siempre son complicadas y falsas. Teme ser secretamente manipulado o controlado. La ansiedad continua que sufren provocada por sus "manías" les hace a menudo solicitar terapia. 

Trastorno narcisista de la personalidad. Se consideran especiales, divas, superiores a todo ser humano. Esa condición les posibilita un trato diferenciado del resto de la humanidad. Si no lo obtienen, pueden castigar o bien sentirse terriblemente frustrados. 

Trastorno antisocial de la personalidad. Este tipo de personas se consideran autónomas y con fuerza en sí mismas. Creen tener derecho para violar las normas y reglas impuestas. La personalidad antisocial "primero pega y luego pregunta". Pueden delinquir abiertamente o bien ser más sutiles y estafar mediante astutas manipulaciones. Su creencia es que el mundo es injusto y yo merezco tener aquello que tienen otros. Sus actos delictivos siempre están justificados por ellos. No hay normas, no hay distinción entre el bien y el mal. 

Trastorno esquizoide y esquizotípico de la personalidad. La palabra clave es el aislamiento y su estrategia mantenerse a distancia de los demás para preservar su soledad al máximo. El acercamiento de los demás lo viven como intrusión y ello representa una amenaza para su vida. 

Trastorno de personalidad por evitación. Estas personas desean la cercanía con el entorno pero a la vez temen ser heridas. El temor al rechazo, al dolor les hace evitar toda relación y así no pueden llegar a sufrir. Evitan la evaluación, el riesgo porque el mayor temor que pueden sentir es la humillación. El paciente evitativo limita sus expectativas, se abstiene de compromisos porque en ellos existe el riesgo al fracaso. 

Trastorno histriónico de la personalidad. Se viven como encantadoras con cierto estilo y totalmente merecedoras de atención por parte de los demás. Necesitan cautivar como modo de funcionamiento, atraer, expresar emociones de forma abiertamente manifiesta. Son unos excelentes actores, pues su vida entera parece puro teatro. Confabulan, manipulan siempre para conseguir que el resto se mantenga a sus pies. Bajo un aspecto jovial y seguro se esconde el temor a la indiferencia y rechazo. 

Trastorno límite de la personalidad. Aquí se amontonan aquellos trastornos difíciles de encasillar, que están a caballo entre la neurosis y la psicosis. Se define como una pauta duradera de percepción, relación y pensamiento tanto sobre el entorno como sobre sí mismo en la que existen problemas en diversas zonas, como por ejemplo en la relación interpersonal, en la imagen que tiene de sí mismo, en su estado anímico, etc. Podemos alertarnos ante un TPL cuando veamos por ejemplo: vivencias de relaciones intensas e inestables, conducta compulsiva, sentimientos de vacío o aburrimiento crónicos, impulsividad, episodios de ira intensa e incontrolable… 

Tratamiento cognitivo. En los trastornos de personalidad existen unos esquemas (pensamientos) inadecuados que paralizan la conducta positiva y son precisamente esos pensamientos los que hay que desbloquear en todos los trastornos de personalidad. Cada trastorno de los 10 vistos tiene sus propios esquemas y la terapia deberá centrarse en cada cual. De todos modos, en primer lugar, siempre es necesario recoger toda la información histórica del sujeto porque para establecer un tratamiento adecuado el período evaluativo es de vital importancia.

Los esquemas y síntomas propios de cada trastorno de personalidad se relacionan en la siguiente tabla para una mayor apreciación. La personalidad de cada cual hará que estos esquemas se manifiesten de un modo u otro pero, en términos generales, podemos guiarnos por la siguiente tabla:

Trastornos de personalidad. Principales pensamientos 
  • Obsesivo-compulsivo: Los detalles son cruciales 
  • Por dependencia: Necesito de la gente para ser feliz 
  • Pasivo-agresiva: La gente interfiere en mi libertad de acción 
  • Paranoide: Hay que vigilar constantemente porque la traición puede venir de cualquier parte 
  • Narcisista: Como soy especial debo tener reglas especiales 
  • Antisocial: La gente es tonta yo tengo derecho a no respetar las normas 
  • Esquizoide y Esquizotípico: Las relaciones son indeseables 
  • Por evitación: No puedo soportar los sentimientos desagradables de rechazo y humillación 
  • Histriónico: Soy tan bueno que no tienen derecho los demás a negarme lo que yo quiero. 
  • Límite: Siempre estaré solo. Soy malo, merezco el castigo. No soy capaz de controlarme. Tengo que protegerme de la gente porque me puede hacer daño. Si me conocieran realmente no estarían conmigo. 

Como estrategia clínica global con estas personas hay que tener en cuenta que el motivo que empuja a estos pacientes al psicólogo no es propiamente curar un “trastorno de la personalidad” sino que normalmente acuden a la terapia por depresión, ansiedad, porque otros se lo han sugerido o por otras causas; pero no claramente por su trastorno de personalidad. Hay que lograr un acercamiento, una cooperación por parte del sujeto antes de iniciar un tratamiento efectivo. Los pacientes deben darse cuenta de lo negativo de sus pensamientos o creencias para poder abordarlas y darles una solución.

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