viernes, 17 de julio de 2015

Los complejos.

Coloquialmente hablamos de complejo para referirnos a la percepción distorsionada que la persona tiene de sí misma, de sus características y habilidades o de su valía. Así, utilizamos el término complejo de inferioridad para «diagnosticar» a la persona que piensa, actúa y siente corno si los demás fueran mejores que ella; y, al contrario, decimos que una persona tiene complejo de superioridad cuando cree que es mejor que los otros en alguna característica o faceta de su vida.

Tomando la primera idea, el complejo no tendría nada que ver con la realidad. Una persona acomplejada es aquella que siendo inteligente, por ejemplo, es incapaz de reconocerlo, aunque los demás le insistan sobre lo equivocada que está. Por otra parte, es posible que algunos complejos estén justificados, es decir, que la persona en cuestión sea tan poco inteligente (por citar alguna característica) como ella misma se cree. Ahora bien, no tiene sentido pensar que por ser menos inteligente de lo que se considera «normal», la persona crea que es inferior a los demás.

A los ocho años de edad el niño adquiere una capacidad muy importante: la de compararse con los demás. Algo que será determinante en el desarrollo del niño y va a contribuir en la formación de su identidad. Todo lo que él haya recibido hasta ese momento (desde la familia, desde la escuela, los medios de comunicación...) y siga recibiendo, le ayudará a establecer una jerarquía en la que dará prioridad a aquellas cualidades que su medio considera más relevantes. El niño para el que la belleza, el peso o la estatura son características muy importantes (porque así se lo ha hecho saber el medio que le rodea), tenderá a compararse con los demás en los mismos términos.

En la adolescencia el aspecto físico cobra una especial importancia. Ante los rápidos cambios que está viviendo, el adolescente puede sentirse raro, diferente a los demás, y desarrollar una serie de complejos que, si el proceso es el adecuado, irán desapareciendo con el paso del tiempo. 

Tipos de complejos.

Aunque no lo parezca, es muy posible que la persona acomplejada lo esté pasando mal. Es probable que ella no se dé cuenta de que está equivocada y todo esto le puede ocasionar algunos conflictos y obstaculizar su vida cotidiana, especialmente en sus relaciones con los demás. Y estamos, de nuevo, ante la «pescadilla que se muerde la cola». Si una persona se siente acomplejada porque se ve fea y poco interesante, su comportamiento irá dirigido a demostrar esa falta de satisfacción personal. Así, hablará poco, se mostrará tímida y retraída ante los demás, tenderá a ocultar su aspecto físico... Para los demás este comportamiento resulta poco atractivo, por lo que serán pocas las personas que demuestren interés, lo cual confirmará la idea de que es fea y poco interesante, porque los demás la han dejado de lado.

En general, los complejos se basan en una falta de autoestima. Por las más diversas razones la persona ha crecido en un ambiente poco apropiado, en el que se le han exigido cosas que no podía hacer, demasiado perfeccionista e infravalorador. De esta manera crecen en la idea de que no sirven para nada, que son personas inútiles y que no merece la pena que sigan esforzándose pues jamás podrán conseguir lo que se han propuesto. Veamos, ahora, algunas de los tipos más frecuentes de los complejos más importantes:
  • Complejo de inferioridad. La persona experimenta la sensación de ser menos que los demás. Se sienten inseguras, incapaces de acercarse a los demás, porque se consideran poco interesantes y atractivos. Su comportamiento se caracteriza por ser una continua huida: evitan situaciones en las que tienen que relacionarse con los demás. Se creen incapaces de cambiar, de gustarse a sí mismos y mucho menos, de gustar a los demás. 
  • Complejo de superioridad. La persona manifiesta con su comportamiento altanero y orgulloso una superioridad a los demás. Aunque aparentemente se muestran como personas perfeccionistas, lo más probable es que esto sea sólo una máscara que oculte su vulnerabilidad y miedo a ser criticados. Tampoco les resulta fácil relacionarse con los demás, pues tienen dificultades para ser sinceros y mostrarse tal y como son. 
  • Complejos por el aspecto físico. La persona vive una característica física como si fuera una minusvalía o una tara. Cualquier rasgo personal es percibido negativamente de forma exagerada. Ya vimos que en la aparición de este tipo de complejos es determinante la idea que se haya transmitido respecto a la belleza y sus cánones. La persona, en su desarrollo normal, tiende a compararse con los demás; el problema surge cuando en esta comparación los demás tienen siempre mejores cualidades o rasgos que nosotros y todos nuestros esfuerzos van dirigidos a parecemos a ellos, sin aceptar nuestro propio cuerpo, nuestras propias características. 
  • Complejo de culpabilidad. En estos casos la persona se culpa constantemente, no sólo por lo que ella hace o deja de hacer, sino también por lo que han hecho los otros. Este continuo estado de angustia, de preocupación, impide a la persona disfrutar de su vida cotidiana y obstaculiza la aparición de relaciones sanas y duraderas. La culpa les hace volcarse de una manera exagerada en los demás en un intento desproporcionado de gustar y contentar a las personas que les rodean. Así, ayudan a todo el que se lo pide, aunque no tenga relación con sus intereses o sus deseos. Si alguna vez se niegan, se sienten culpables. Es importante para estas personas aprender a DECIR NO. Tenemos todo el derecho del mundo a negarnos a hacer algo que no deseamos. Para ello hay que partir de la confianza y seguridad en uno mismo. Debemos comprender que no es preciso agradar a todo el mundo y que si los demás no aceptan tu conducta, tal vez no son tan amigos tuyo como pensabas 

Los complejos en la población.
  • En general, parece que las mujeres consultan más sobre problemas relacionados con complejos y falta de autoestima.
  • La adolescencia es un periodo de especial vulnerabilidad en el que los complejos suelen ser frecuentes.
  • Los complejos se transmiten a través del aprendizaje, fundamentalmente a través de pautas educativas y modelos sociales.
Por otra parte, no podemos olvidar que la mayoría de las conductas son mantenidas por algún tipo de beneficio. Muchas personas con una pobre autoestima, relacionada o no con un aspecto físico, comunican a los demás las continuas quejas que tienen de sí mismas, esperando un poco de comprensión y, por qué no, un halago. Imaginemos a la persona que se queja sin cesar del tamaño de su nariz. Por suerte, siempre se encuentra con personas que le hacen ver lo equivocada que está y que le aseguran que tiene una nariz preciosa. El halago se convierte en un refuerzo que mantendrá la conducta de esta persona.

¿Cómo superar los complejos?

Cada caso es diferente y algunos requieren terapia personalizada, pero como recomendaciones de carácter general podemos dar las siguientes:
  • Parte del conocimiento de ti mismo. Para ello puedes elaborar una lista en la que figuren las cualidades y los defectos que tienes. Una persona con muchos complejos puede pasar por alto muchas de sus cualidades; por eso, puede ser interesante que pida ayuda a sus familiares y amigos para completarla. 
  • Acéptate tal y como eres. Repasa la lista y convéncete de que eres así aquí y ahora, pero que ese modo de ser puede cambiar en la medida que tú lo desees. Puedes aumentar tus cualidades y disminuir tus defectos con sólo proponértelo. 
  • Apóyate en los aspectos positivos. Ser realista también significa que debemos partir de lo bueno que hay en nosotros para conseguir ser mejores, es decir, significa reconocer que podemos cambiar y parecemos cada día más a la persona que deseamos ser. Si te centras en lo negativo que hay en tu persona, te hundirás en vez de salir adelante. 
  • Analiza las situaciones en las que tienes dificultades. Para poder cambiar nuestro comportamiento es necesario partir de lo que hacemos. Durante un par de semanas intenta analizar las situaciones en las que tienes dificultades de cualquier tipo y reflexiona sobre lo que haces, piensas y sientes. Así tendrás una serie de conductas sobre las que más adelante podrás actuar. 
  • Descubre cuáles son tus dificultades. A partir del conocimiento podrás actuar. Quizás sepas lo que te pasa, pero no cómo enfrentarte a ello. Busca a un amigo, a una persona de confianza o a un profesional que te pueda ayudar. Se trata de buscar comportamientos alternativos para sentirte a gusto en cualquier situación de tu vida cotidiana. Tal vez no te guste hablar demasiado, pero eres una gran «escuchadora». Decídete entonces a escuchar a los demás, a comprender sus problemas y a partir de la confianza que surja entre vosotros, fomentar una buena amistad en la que ambos podáis expresaros libremente. 
  • Parte de la relajación. El miedo y la ansiedad que nos provocan determinadas situaciones debe ser superado con la suficiente dosis de confianza y tranquilidad. Por eso, no dudes en utilizar algunos ejercicios de relajación que te permitan hacer frente a las situaciones. 
  • Comunica tus complejos. Resulta muy útil descubrir que las personas que te rodean están pasando o han pasado por situaciones similares a las tuyas. Para descubrirlo, debes comunicarte. Al hacerlo, quizás los demás también te expresen sus miedos y dificultades y de este modo podrás aprender a ver tus complejos de un modo muy diferente. 
  • Alábate a ti mismo y a los demás. Es importante reconocer tanto las cualidades propias como las de los demás y demostrar este reconocimiento. 
  • Evita las comparaciones «odiosas». Las personas que nos rodean también tienen cualidades y es normal que nos fijemos en ellas e incluso intentemos parecemos a alguna, pero no caigas en el error de pensar que los demás, por ser de uno u otro modo, son mejores que tú. 
  • Parte de la acción. Tu mente está llena de pensamientos erróneos acerca de ti mismo y para poder demostrarte que estás equivocado, has de pasar a la acción y demostrarte a ti mismo que estás capacitado para conseguir muchas de las cosas que te has propuesto.

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