martes, 28 de julio de 2015

La voluntad de poder.

Con la muerte de Dios se acaba el gran error histórico que había hecho renegar al hombre de sus impulsos vitales más propios y del mundo terrenal imperfecto y cambiante en favor de un mundo ideal eterno, inmutable y perfecto. Esta muerte se traduce en un hecho incontestable: por todas partes surgen hombres y discursos diferentes. Los hombres, muerto dios, se buscan por todas partes nuevos ídolos: el estado, la ciencia, la raza, la justicia social... etc. Con la muerte de Dios, se abre la veda para que cualquiera pueda hablar, cualquiera pueda arrojar su interpretación más o menos audaz sobre la realidad. Una consecuencia positiva de la decadencia de occidente es el regreso del perspectivismo: de nuevo, como en la Grecia antigua, no hay un discurso dominante sino una pluralidad de discursos y teorías que compiten entre sí por captar la atención y el asentimiento de los hombres.

No es DIOS por tanto quién justifica los discursos y las teorías de los hombres sino la voluntad de poder de estos hombres mismos. Cada hombre lucha por imponerse, por hacer que su palabra, que su creación, que su voluntad prevalezca. La voluntad de poder es la voluntad de dominio que anima a todo ser vivo. Las plantas compiten entre ellas por alcanzar la luz del sol, las crías de un nidada por el alimento y la atención de su madre, los machos de una manada de ciervos por alcanzar una posición dominante, las hembras de la misma manada por captar la atención del macho...El hombre sano busca imponerse, busca hacer de sí mismo algo elevado que prevalezca y lo hace porque está vivo y este es el sentido de la vida: imponerse. Pero este es un juego trágico, porque lo que se convierte en una victoria, un poco más tarde se transforma en derrota: esta es la dialéctica de la vida, y por tanto ser fuerte y vital significa aceptar el juego, aceptar la tragedia y no rehuir el combate (pese a que el resultado sea siempre perder). 

Ahora bien ¿quién está dispuesto a hacer de sí mismo lo máximo? ¿Quién se atreverá a arriesgar la vida entera por afirmarse y por elevarse por encima de los demás? Y lo que es más hiriente ¿quién está dispuesto a esto sabiendo que va a fracasar? Solo uno está dispuesto: el superhombre.

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