martes, 21 de julio de 2015

La crítica de la moral.

Una de las críticas más demoledoras y profundas que hace Nietzsche es la que hace de la moralidad occidental, nacida precisamente de este impulso socrático-platónico. En la “Genealogía de la moral” Nietzsche investiga en los mecanismos psicológicos que están en el origen de los valores y, por tanto, de la moral. En esta investigación Nietzsche encuentra una idea muy original que va a tener una influencia decisiva en toda la filosofía posmoderna del siglo XX: la moral, y en especial la moralidad cristiana-occidental, es un falseamiento de la realidad orientado a dominar a los demás.

Para comprender vayamos a la situación que Nietzsche describe en su obra “Genealogía de la moral”. Nietzsche está hablando de la Grecia preclásica... ¿qué valores morales había en esta Grecia? Evidentemente los valores homéricos; el hombre fuerte, el hombre heroico es visto como un Aquiles o un Ulises: los dos son hombres fuertes, inteligentes que no rehuyen el combate y que se muestran orgullosos de su fuerza y de su estirpe. Si un griego se preguntase “¿qué es lo bueno?”, ¿Qué respondería?, seguramente le vendrían a la cabeza las figuras de Ulises y de Aquiles, se acordaría de los últimos ganadores de la Olimpiada o del gran rey Agamenón de Micenas: lo bueno corresponde entonces con lo fuerte y noble. Esta moralidad la denomina Nietzsche moral de señores o moral aristocrática. Esta moral es una moral que afirma la vida; la vida como hemos dicho, es fortaleza, es creatividad, es desmesura. Y los héroes griegos expresan precisamente esto: fuerza, creatividad, tensión... pasión. Y lo hacen desde el sentimiento de su propia auto-afirmación. Los mismos juegos olímpicos son un ejemplo de esta moral: el ganador se enseñorea, muestra a todos su potencia y su fortaleza, se impone a través de su exuberancia y creatividad.

Sin embargo esta situación se ve trastocada con la aparición de Sócrates. Sócrates es, según Nietzsche, un hombre débil y resentido; no puede competir con los grandes hombres que lo aventajan en todo, son más creativos, más fuertes, más nobles, más valientes. Sócrates, consciente de su debilidad y desde un resentimiento va a elaborar toda una ser de mentiras destinadas a que el fuerte y noble se avergüence de su fortaleza. Va a elaborar una moral que invierte los términos: si hasta entonces fuerte, generoso, noble, orgulloso, exuberante, creativo eran sinónimos de bien y débil, humilde, caritativo, manso, temeroso, eran sinónimos de mal.... a partir de la inversión socrática va a nacer una nueva moral: la moral de los esclavos. Nietzsche la llama así porque la considera toda una revolución de los esclavos (para él Sócrates es un esclavo). Esta moral procede de un resentimiento contra la fuerza, contra la salud, contra el amor a la vida y el instinto creador. 
"Con Sócrates, el gusto griego se corrompe en favor de la dialéctica: un gusto más noble es vencido: con la dialéctica, la plebe prepondera. Antes de Sócrates, en la buena sociedad se rechazaban los procedimientos dialécticos, considerados como inconvenientes y comprometedores. Se prevenía a la juventud contra ellos. Las cosas honestas, como los hombres honrados, no llevan sus razones tan al alcance de la mano. Es indecente mostrar así los cinco dedos. Las cosas susceptibles de demostración son las de menos valor, precisamente. Cuando la autoridad forma aun parte de las buenas costumbres, donde no se dan «motivos» sino que se ordena, el dialéctico hace el papel de payaso. La gente no lo toma en serio. Sócrates fue el payaso que se hizo tomar en serio: ¿que es lo que sucedió entonces?" El ocaso de los ídolos.
Según Nietzsche la moralidad occidental-cristiana nace con una voluntad de dominio por parte del débil hacia el fuerte. Ocurre que el débil tiene miedo de enfrentarse al fuerte con sus propias armas, las armas de la vitalidad ya que evidentemente perdería. Ahora bien, tiene una carta en su favor: la inteligencia. Los débiles son más inteligentes, simplemente porque necesitan serlo, es su única baza en la batalla por la vida. El noble siempre vio en la inteligencia un lujo, algo accesorio, cuya exhibición era considerada de mal gusto. Por el contrario algo de locura, un cierto atolondramiento, cuando había que lanzarse a la batalla contra el enemigo era signo de gallardía y distinción.

Los débiles, los resentidos crean una moral que tiene como objetivo invertir los términos y conseguir que el fuerte tenga “vergüenza” de usar su fortaleza. Para poder imponer esta moral, los débiles crean toda una serie de justificaciones metafísicas destinadas a hacer abdicar a los fuertes de su fortaleza. Estas construcciones metafísicas son fundamentalmente la teoría de las ideas de Platón, y, según Nietzsche, su versión popular: el cristianismo (platonismo para el pueblo)

De todas formas, no podemos entender la victoria total del cristianismo sobre la moral noble si no consideramos otro factor: el pueblo judío. A menudo se han destacado las diferencias entre los judíos y los cristianos, pero según Nietzsche, esas diferencias se dan en un plano superficial, lo más destacable es precisamente lo contrario: la profunda afinidad y continuidad entre las dos religiones. Con Jesucristo, un judío, el judaísmo vencerá definitivamente. ¿A quién? A Roma, que por aquel entonces encarnaba los ideales aristocráticos, aquellos que emanaban de la forma noble de valorar. Cuando, con Constantino, el cristianismo se convierte en la religión oficial del imperio, este se corrompe irremediablemente.

El cristianismo y el cristiano siente pudor por cualquier impulso vital que hay en él: se avergüenza de su sensualidad y de su deseo y reprime su sexualidad por considerarla pecaminosa, se avergüenza de su fortaleza de la que no se enorgullece llamándola “soberbia” y tachándola también como pecadora, su debilidad le impide soportar la ausencia de sentido y busca constantemente excusas y razones en dios y en la vida ultraterrena: “si algo malo me ocurre es porque me porté mal y ahora Dios me castiga por ello”: no es capaz de aceptar las fuerzas ciegas de la naturaleza que lo zarandean de un lado a otro. El cristiano (y mucho más aún el judío), según Nietzsche renuncia al mundo material bajo la promesa de un mundo mejor (el mundo de las ideas, el cielo) y de esta forma está renunciando a sí mismo y a todo lo bueno que hay en él. 

El cristianismo introduce, además, un concepto terrible que consolida la tergiversación de todos los valores: el concepto de culpa. La culpa es el sentimiento de mala conciencia que tiene el hombre por tener “impulsos vitales”. Esta mala conciencia hace que el hombre descargue contra sí mismo toda esta impulsividad y se auto-agreda en lugar de utilizar toda esa fuerza en expresarse a través del arte (por ejemplo). Pues algo está claro para Nietzsche: en todo cuanto esta vivo anida la voluntad de poder, de dominio. En los débiles también. Y si la voluntad de dominio no puede manifestarse exterior y saludablemente se vuelve contra uno mismo: el cristiano se siente culpable cuando cede a sus instintos, cuando responde de forma agresiva ante una ofensa... y vuelca toda su fuerza, toda la voluntad contra él mismo. Pensemos en la penitencia, el remordimiento, en la huida al desierto, en el ideal ascético, en la santidad, en el martirio... ¿qué es todo ello sino una violenta descarga de la voluntad contra uno mismo? La voluntad de poder no se atenúa sino que se vuelve algo sucio, enfermizo; como no puede descargarse hacia fuera, se descarga hacia dentro. 

La crítica de Nietzsche a la moral se resume en una idea: la moral occidental ha cambiado lo bueno por lo malo: lo bueno es la fuerza, la salud, los instintos, el orgullo, la creatividad, la voluntad de poder. Lo malo es la mansedumbre, le debilidad, el conformismo, la pasividad, la sumisión, la humildad. Sin embargo la moral occidental ha invertido los términos logrando que el hombre “bueno”, sea el humilde, el manso y el que se conforma con lo que tiene. Esta es la crítica fundamental por tanto de Nietzsche a la moral occidental y al cristianismo en general: es una moral de la debilidad y de la enfermedad: VA EN CONTRA DE LA VIDA. 

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