lunes, 6 de julio de 2015

Falso dilema.


Un dilema es como un camino que se bifurca, llegado a el cruce debemos tomar una decisión: a la derecha o a la izquierda y no cabe otra opción. Ocasionalmente se nos presentan en la vida problemas en forma de dilemas: si tengo una relación estable con mi pareja me puedo plantear ¿me caso? o ¿no me caso? Ante una catástrofe natural puedes estar ante el dilema de donar un dinero a una ONG para paliar el desastre o invertirlo en ti mismo. Si no te van bien los estudios puedes optar entre buscar trabajo o seguir intentándolo. Todos ellos son dilemas que afectan o pueden afectar a nuestras vidas.

Pero el dilema también puede ser una falacia cuando se nos presentan dos opciones como las únicas posibles cuando en realidad puede haber otros caminos, otras alternativas. Cuando alguien argumenta de este modo decimos que está planteando un falso dilema.

Por ejemplo, cuando un gobernante afirma que solo caben dos opciones: apoyar sus políticas o estar del lado de los terroristas incurre en este tipo de falacia: no es normal que solo haya una política posible para solucionar un problema tan complejo. Todos conocemos al típico adulto que plantea un falso dilema al atribulado niño: ¿A quién quieres más a papá o a mamá? el pobre niño no sabe que contestar y, en su ignorancia, hace bien pues lo que le están planteando es un falso dilema. Los nacionalistas tienen querencia por este tipo de argumentos: o amas a tu país (y por lo tanto eres de los nuestros) o eres un traidor desafecto. Algunos profesores dividen a los alumnos en dos categorías: los que van bien es su asignatura y por tanto son buenos estudiantes y los que no, los malos estudiantes, claro está, y así sucesivamente.

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