sábado, 25 de julio de 2015

El nihilismo.

En la tradición occidental y especialmente en la tradición cristiana Dios ha representado el origen, el destino y el sentido del mundo humano. Los europeos han puesto en la idea de Dios todo el sentido de sus existencias, la explicación de su origen y su destino final. Dios ha pasado a ser el fundamento de todo (esto se pone de manifiesto en filosofías como puede ser la de Descartes, por ejemplo). Dios es, según Nietzsche, la expresión máxima de la decadencia occidental. Es el símbolo máximo del desprecio por el mundo terrenal: Dios es, para los cristianos y los judíos el valor máximo, pero colocan el valor máximo fuera del mundo real porque desprecian la vida y todo lo real. 

Sin embargo la idea de dios ya no está vigente: los hombres ya no creen en Dios. La historia de occidente es la historia de una degeneración, de una progresiva decadencia, decadencia que según Nietzsche con la ilustración llega a su máxima expresión. Los ilustrados elevan la ciencia y la razón al rango que antes ocupaba Dios, prescinden e él, se hacen ateos. Al respecto podemos tomar como ejemplo la famosa frase del científico ilustrado Laplace quien, al ser preguntado por qué lugar ocupaba Dios en el sistema newtoniano del mundo responde “Dios es una hipótesis que no es necesario ser considerada”. Con la Ilustración acaece por tanto la muerte de Dios. “Dios ha muerto” anuncia Nietzsche en la Gaya ciencia, “los hombres lo han matado”
"No habéis oído hablar de ese loco que encendió un farol en pleno día y corrió al mercado gritando sin cesar: “¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!”. Como precisamente estaban allí reunidos muchos que no creían en dios, sus gritos provocaron enormes risotadas. ¿Es que se te ha perdido?, decía uno. ¿Se ha perdido como un niño pequeño?, decía otro. ¿O se ha escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se habrá embarcado? ¿Habrá emigrado? - así gritaban y reían alborozadamente. El loco saltó en medio de ellos y los traspasó con su mirada. “¿Qué a dónde se ha ido Dios? -exclamó-, os lo voy a decir. Lo hemos matado: ¡vosotros y yo! Todos somos su asesino. Pero ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo hemos podido bebernos el mar? ¿Quién nos prestó la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hicimos cuando desencadenamos la tierra de su sol? ¿Hacia dónde caminará ahora? ¿Hacia dónde iremos nosotros? (....)
Nunca hubo un acto tan grande y quien nazca después de nosotros formará parte, por mor de ese acto, de una historia más elevada que todas las historias que hubo nunca hasta ahora” Aquí, el loco se calló y volvió a mirar a su auditorio: también ellos callaban y lo miraban perplejos. Finalmente, arrojó su farol al suelo, de tal modo que se rompió en pedazos y se apagó. “Vengo demasiado pronto -dijo entonces-, todavía no ha llegado mi tiempo. Este enorme suceso todavía está en camino y no ha llegado hasta los oídos de los hombres. El rayo y el trueno necesitan tiempo, la luz de los astros necesita tiempo, los actos necesitan tiempo, incluso después de realizados, a fin de ser vistos y oídos. Este acto está todavía más lejos de ellos que las más lejanas estrellas y, sin embargo son ellos los que lo han cometido.” Todavía se cuenta que el loco entró aquel mismo día en varias iglesias y entonó en ellas su Requiem aeternan deo. Una vez conducido al exterior e interpelado contestó siempre esta única frase: “¿Pues, qué son ahora ya estas iglesias, más que las tumbas y panteones de Dios?”."
¿Qué significa la muerte de Dios? Pues significa fundamentalmente el punto de máxima decadencia de la cultura occidental: el nihilismo

Los intérpretes de Nietzsche acostumbran a distinguir entre un nihilismo pasivo y uno activo a fin de salvar la coherencia de los escritos. Sabemos que nuestro autor no era amante de la lógica y la coherencia, aun así podemos entender por nihilismo la total y completa ausencia de sentido (nihilismo pasivo); el hombre post-ilustrado, el hombre moderno, el hombre actual, vive sin hacerse preguntas, sin buscar respuestas; su vida no es diferente a la de una planta que realiza la fotosíntesis. Su vida es pura inercia, puro conformismo, pura decadencia. No cree en nada y no hay nada sagrado a lo que rendirle culto o admiración. Nietzsche parece estar anticipando a través del concepto de nihilismo a cierto hombre muy actual: el hombre-masa. El hombre que vive enchufado a un televisor, sin pensamientos propios, sin inquietudes, sin problemas y sin riesgos, un hombre que no cree en nada salvo en el breve futuro del fin de mes y de los números bancarios. Esta es la significación del nihilismo: no creer en nada y no tener ningún motivo para hacer de uno mismo algo elevado.

De todas formas en su obra fundamental Así habló Zarathustra podemos encontrar un uso distinto del mismo término.  Anuncia Zarathustra que la humanidad en su devenir pasa por tres fases que pueden simbolizarse en tres imágenes: el camello, el león y el niño. 

El camello es un animal de carga, es animal manso y dócil que puede llevar una pesada carga: religión, valores, metafísica, ideas, moral, penitencia... etc. La época de plenitud del cristianismo se corresponde con esta fase. La humanidad no pude soportar indefinidamente esta situación, es contra-natura, llegará un momento que, igual que un león, el hombre se manifestará en toda su fiereza y no habrá nada ni nadie capaz de contenerle, acabará con todo lo que hasta entonces se había tenido por seguro y sagrado. Es el momento de la filosofía del martillo: “para levantar un templo, hay que destruir un templo” Es el momento del nihilismo, pero ya no estamos hablando de una voluntad de nada, de un sentimiento decadente; no, ahora se trata de un instinto , una voluntad de vida, que arrasará cuanto se le oponga( nihilismo activo). Es el momento del último hombre aquel que anuncia el advenimiento de una nueva era. Finalmente llegará el momento del niño (del superhombre) caracterizado por la libertad, el juego y la creatividad: Es preciso construir un nuevo mundo, una nueva cultura y el punto de partida es el de la inocencia y alegría de un niño que no respeta ninguna regla impuesta desde el exterior: el juego genera de forma espontánea sus propias reglas, que en ningún caso hay que tomar demasiado en serio: siempre pueden ser cambiadas por otras más divertidas o emocionantes (pero no más justas o verdaderas).

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