lunes, 27 de julio de 2015

El gran engaño de la gramática.


La tergiversación de la cultura fuerte y sana que representaba el mundo griego presocrático pudo ser pervertido y tergiversado gracias al lenguaje. Nietzsche considera que el lenguaje por su propia naturaleza es mentiroso. Esta es la razón por la que sus escritos no están hechos de la forma tradicional, con un lenguaje científico, sino que se presentan oscuros, llenos de metáforas y con un marcado tono poético: Nietzsche quiere escapar del falseamiento que el lenguaje hace de toda la realidad.

¿Cuál es esta tergiversación? ¿Cuál es la mentira del lenguaje? El lenguaje está formado por palabras, palabras que expresan conceptos. Siempre hemos creído que mediante las palabras somos capaces de expresar la realidad. Pero es precisamente esto lo que resulta completamente imposible. Fijémonos en la estructura de los conceptos (expresados en las palabras). Por ejemplo, el concepto “hoja”. Mediante esta palabra pensamos que representamos a todas las hojas del mundo ya que mediante ella podemos referirnos a cualquiera de ellas. Y sin embargo esta operación es mentirosa: el concepto “hoja” se refiere a realidades que en el lenguaje resultan iguales pero que en la realidad cada una de ellas es absolutamente individual y distinta y, además en constante cambio. La realidad es variedad infinita, creatividad, constante cambio y el lenguaje, sin embargo, es estático y finito. El lenguaje es, sencillamente un instrumento precario, insuficiente e inadecuado para expresar la realidad.

Sin embargo los filósofos, y en especial Platón se olvidó del carácter meramente instrumental de los conceptos y de su precariedad y los elevó a lo más real, las ideas del mundo ideal. El mundo es constante devenir y variedad infinita y sin embargo Platón lo falsea, inventa un mundo estático y finito y nos convence que es más real que la realidad misma. De esta forma no solamente se inventa un nuevo lenguaje, sino que se instaura un discurso hegemónico, el discurso verdadero, en contraposición al cual otros discursos, como mitos, fábulas, relatos… son considerados bellos, interesantes, sugerentes, paradójicos, estimulantes… pero no verdaderos. El cristianismo recibe la herencia platónica y acentúa las diferencias entre el “discurso verdadero” y otros relatos que no lo son. Con ello se pierde de vista un modo de estar en el mundo que había sido común en la Grecia antigua: el perspectivismo. El perspectivismo es el hecho de que la realidad puede ser entendida y explicada desde muchos puntos de vista, podríamos decir que infinitos puntos de vista ya que la vida tiene mil caras, es multiforme e inagotable. 

La sociedad griega era una sociedad perspectivista y por esta razón Nietzsche la valoraba más que la sociedad europea cristiana: los griegos tenían muchos dioses, cada uno mostraba un aspecto esencial del mundo, pero ni limitaba ni obstaculizaba los demás. El resultado es la multiformidad, la incoherencia y la variedad de los mitos griegos. A esto debemos añadir el que en Grecia no existía una casta sacerdotal que velara por la “corrección” de la interpretación. Por el contrario, la sociedad cristiana es monoteísta y, por lo tanto, monolítica: hay una única interpretación correcta, todo lo demás es falso y rechazable. En el caso del protestantismo la situación es si cabe peor: simplemente no hay interpretación, las escrituras se toman al pie de la letra. La superioridad de la religión griega no le viene de que sea más verdadera. En general, debemos dejar de valorar los discursos en términos de verdad o falsedad, la religión griega es mejor porque potencia los instintos vitales.

Podemos decir, a pesar de que en sentido estricto no existe “el discurso verdadero” o “la perspectiva correcta”, que no todos los modos de hablar son iguales. De entre todos los lenguajes el poético es el menos falseador y el discurso filosófico-científico el más mentiroso de todos. Por una razón el lenguaje no trata de aprisionar la realidad, no trata de erigirse como “verdad”. 

Los filósofos y científicos (Nietzsche está pensando en Platón) inventan los valores de “verdad” y “mentira” para atribuirle valor a las cosas. La verdad sería aquello que se sustrae del cambio, que es así de manera universal, permanente y necesaria, aquello que no puede no ser. Ningún científico y ningún filósofo aceptaría por verdad algo que ahora es de una forma y al instante siguiente es lo contrario. Y sin embargo como ya ha afirmado Nietzsche, en la realidad no existe nada que se sustraiga al cambio constante; en esto coincide con el “panta rei” de Heráclito. Por tanto, para poder hablar de “verdad” y “mentira” los filósofos y los científicos se ven obligados a inventar un mundo falso, un mundo ideal de realidades ideales: esto es precisamente el mundo de las ideas de Platón, el Yo matemático de Descartes, las leyes universales de la gravitación universal de Newton, el sujeto trascendental Kantiano. Todos ellos elevan el lenguaje de los conceptos a rango de “realidad verdadera” y al hacerlo inventan la mentira más grande jamás contada. Los discursos científicos, matemáticos, morales, filosóficos no son más que ficciones de la razón. La esencia de la verdad, dice Nietzsche, es la mentira. Una mentira, en este caso extramoral, es decir no consciente e involuntaria, que descansa en la ilusión de suponer que nuestro lenguaje, nuestro conocimiento, refiere directamente las cosas. 

Los conceptos no sirven para captar la vida ya que la uniformizan y la congelan. Sin embargo la poesía no utiliza conceptos, palabras con un significado cerrado y definido, palabras que, como hemos visto, falsean la realidad. La poesía utiliza METÁFORAS. La metáfora tampoco es capaz de expresar la vida en su plenitud, en su variedad y su cambio, pero puede acercarse mucho. La metáfora poética puede mostrarnos las múltiples perspectivas de la realidad porque no está cerrada, definida como el concepto, sino que está siempre abierta a nuevas interpretaciones. La metáfora no se basa en ninguna causalidad lógica, no pretende ser objetiva, no pretende ser verdadera como el discurso lógico y científico. 

Cuando la poeta afirma...

La vida rompe moldes, funda esquemas
De barrotes o alas,
De cenizas o incendio
Pero siempre nutridos de memoria.
En ella somos barro
Moldeado a dentelladas, hambre de convicciones entrevistas. 
Y en la contradicción
Sustentamos, tal vez, la marchita tristeza 1

...no trata de erigirse como la verdad de lo que hay sino que se erige como el intento de un hombre por elevarse por encima de sí mismo y permite siempre una nueva perspectiva. Sin embargo el discurso lógico de la ciencia y la filosofía quiere convertirse en el único discurso, en la verdad absoluta de las cosas. Es en esta pretensión cuando falsea decididamente las cosas. Por esta razón las obras de Nietzsche, no tienen un esquema convencional ni utilizan un lenguaje científico. Muchas obras son colecciones de aforismos o de párrafos desconectados y en ocasiones son obras con un marcado carácter poético (por ejemplo su Zarathustra). La crítica de Nietzsche del lenguaje se resume en una idea: el lenguaje es mentiroso porque congela una realidad que es puro cambio.

1 Del libro de Pilar Blanco A flor de agua ed. Visor 1999

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