viernes, 24 de julio de 2015

Dos maneras de pensar.

"Con gran énfasis Nietzsche establece una antítesis sobre los pensamientos que nacen del cerebro de un hombre sentado y los que surgen de quien camina. Sólo los últimos poseen fuerza, validez. Es una afirmación extravagante que sin embargo ilumina muchas cosas. Nietzsche presenta el resultado de una experiencia personal. Empezó a pensar sentado. El estilo de sus obras juveniles lo sugiere, y el modo en que fueron escritos los cuaderno de este periodo así lo demuestra. Una página es escrita detrás de otra sin interrupción y un discurso único se desarrolla extensamente, sin las circunvoluciones y ondulaciones de un pensamiento que se va delineando en la medida en que procede de la escritura. Es la manera utilizada por quien tiene vocación de literato, y también los filósofos en general escriben así. Se parte de un pensamiento, o de una imagen, que estimula a escribir, y después a la escritura se une la argumentación, la escritura produce el pensamiento. Así piensa quien está sentado. Antes de sentarse el autor no posee aún el pensamiento, sólo lo intuye, lo vislumbra.
Casa de Sils-Maria donde se alojaba Nietzsche 
Más tarde Nietzsche sentirá desagrado por todo lo que pensó de esta manera, querrá cambiar radicalmente sus pensamientos, no sentarse nunca más ante la mesa de trabajo. Nuevos pensamientos acudirán a él mientras pasea al aire libre, en Sorrento o a lo largo de la costa ligur. Cada pensamiento, al acudir a su mente, se halla totalmente poseído: la escritura sólo será una reproducción (y el arte del literato perfeccionado precedentemente garantizará la excelencia de esta reproducción). Cada «singular» pensamiento tiene así una expresión autónoma, aislada. Nace el aforismo, o en cualquier caso la escritura discontinua. Y esta mutación estilística traduce una conquista cognoscitiva. El pensamiento que se desarrolla con la escritura era discursivo en su esencia y en su actuación, se movía hacia una búsqueda cuyo éxito era incierto. Después el pensamiento se impone como un relampagueo y en general es comunicado en su vibración inmediata. Cuando se le añade una argumentación, permanece interna al propio pensamiento, hace explícito su contenido, no discute lo que es diferente, no coordina, no se preocupa de la continuidad, de la coherencia de una exposición más amplia, rechaza soberbiamente cualquier atadura, cualquier «moralidad» deductiva."

Giorgio Colli, Después de Nietzsche

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