miércoles, 15 de julio de 2015

Dignidad y moralidad.

“El hombre, y en general todo ser racional, existe como fin en si mismo, no solo como medio para usos cualesquiera de esta o aquella voluntad; debe en todas sus acciones, no solo las dirigidas a si mismo, sino las dirigidas a los demás seres racionales, ser considerado siempre al mismo tiempo como fin.

Los seres cuya existencia no descansa en nuestra voluntad, sino en la naturaleza, tienen, empero, si son seres irracionales, un valor meramente relativo, como medios, y por eso se llaman cosas; en cambio, los seres racionales llámanse personas porque su naturaleza los distingue ya como fines en si mismos, esto es, como algo que no puede ser usado meramente como medio, y, por tanto, limita en ese sentido todo capricho. 

No es de admirar, si consideramos todos los esfuerzos emprendidos hasta ahora para descubrir el principio de moralidad, que todos hayan fallado necesariamente. El hombre veíase atado por su deber a las leyes; mas nadie pensó que estaba sujeto a su propia legislación, si bien esta es universal, y que estaba solamente obligado a obrar de conformidad con su propia voluntad legisladora, si bien esta, según el fin natural, legisla universalmente... 

La moralidad es la condición bajo la cual un ser racional puede ser fin en si mismo, porque solo por ella es posible ser miembro legislador en el reino de los fines. Así, pues, la moralidad y la humanidad, en cuanto que esta es capaz de moralidad, es lo único que posee dignidad. 

En el reino de los fines todo tiene o un precio o una dignidad. Pero aquello que constituye la condición para que algo sea fin en si mismo, eso no tiene meramente valor relativo o precio, sino un valor interno, esto es, dignidad.” 

Immanuel Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres.

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