sábado, 18 de julio de 2015

Crítica a la cultura occidental.

La filosofía de Nietzsche se resume en una sola frase: la filosofía del martillo. Nietzsche pretende derribar a martillazos una cultura, toda la europea occidental, decadente y enferma que ha hecho del hombre una terrible vergüenza, que lo ha convertido en una sombra de lo que en realidad debería ser. Por eso Nietzsche va a ser un filósofo fundamentalmente crítico, crítico de la cultura occidental, o al menos de ciertos aspectos de esta cultura. Hemos visto, cuando hemos estudiado a Kant que, con la Ilustración la crítica se convierte en la principal tarea de la filosofía; una crítica en todos los sentidos: establecer cuáles son las formas de gobierno correctas (política), establecer cuales son las conductas deseables y los valores morales (moral), diferenciar la ciencia de lo que no lo es... etc. La herramienta clave que utilizan los filósofos ilustrados, y en especial Kant es la razón. La critica ilustrada es una crítica, por decirlo así, racional. En esto se va a diferenciar la crítica nietzscheniana de la crítica ilustrada: Nietzsche ya no empleará la razón, la lógica, los conceptos, ni respetará los principios del discurso lógico (el principio de identidad y el de no-contradicción). Nietzsche sustituye el lenguaje lógico y científico por el lenguaje poético, los conceptos por metáforas y aforismos. Y lo hace porque considera que el discurso lógico de los filósofos y de la ciencia en general, desde Sócrates hasta su tiempo ha sido un gran error; los filósofos han construido mediante la razón una metafísica, una manera de comprender el mundo que no solamente es mentirosa, sino que además oculta y empobrece lo que el ser humano es. Los filósofos han tergiversado la auténtica realidad: la vida; la vida con todas sus contradicciones, sus monstruosidades, sus tragedias pero también sus alegrías y elevaciones. La vida no es lógica, la vida es terrible e incoherente y, sin embargo los filósofos nos han tratado de convencer, con sus mentiras que la vida es lógica, coherente, justa... moral. 

Platón nos decía que existía un mundo ideal, perfecto e inmutable, perfectamente racional y moral donde el ser humano alcanzaría su realización y su felicidad. Descartes nos hablaba de que el mundo es una perfecta cuadrícula matemática, un universo racional y geométrico diseñado por el mejor de los geometras: Dios; nos decía además que Dios es bueno y que no puede permitir que nos engañemos y nos confundamos con respecto a la realidad. Kant, en una vuelta de tuerca más, se empeña en hacernos mostrar lo perfectamente racional y moral que es el mundo “para nosotros”. Nietzsche va a romper con todas estas tradiciones y va a defender abiertamente la incoherencia de la realidad, y a denunciar el discurso de los filósofos como el de mentirosos que falsean la vida para rebajarnos y convertirnos en borregos, esclavos, en siervos de nuestros amos. La vida no es una plantilla racional creada por dios, la vida es una desmesura incoherencia, un cambio constante, una variedad infinita, una suma de contradicciones, una constante creación y destrucción.

Por esa razón Nietzsche se interpreta a sí mismo como un hombre elegido por el destino, aquel que contradice lo que jamás se ha contradicho: 
“Conozco mi suerte. Mi nombre estará un día ligado al recuerdo de una crisis, como no haya habido otra igual en la tierra, al más hondo conflicto de conciencia, a una decisión que se proclama contrario a todo lo que hasta ahora se había creído, pedido y consagrado. No soy un hombre, soy una carga de dinamita.... contradigo como jamás se había contradicho, y a pesar de ello soy la antítesis de un espíritu negador... junto con esto soy necesariamente un hombre que posee un destino. En efecto, si la verdad entra en combate con la mentira milenaria, se producirán tales conmociones, tales temblores de tierra como jamás se habían soñado. La noción de política se encuentra ahora del todo en una guerra entre espíritus, todas las formas de dominación de la vieja sociedad han saltado por el aire; todas reposan sobre la mentira; habrá guerras como nunca las hubo sobre la faz de la tierra. Solamente a partir de mí puede comenzar en la tierra la gran política”
Sea como sea Nietzsche tenía razón en una cosa: su filosofía no deja impasible, exige una toma de postura. Sea el más radical rechazo o la pura admiración, la filosofía nietzscheana ha tenido un profundo eco en la filosofía contemporánea. Y en cierta forma su vaticinio de una ruptura con la historia y una nueva época donde temblarían los cimientos de la sociedad occidental se ha cumplido... y se sigue cumpliendo. Tenemos en el siglo XX, siglo que comenzó con la muerte de este filósofo, una demostración de cómo los valores que sirvieron de base para los hombres de muchas épocas cayeron y no sin dolor, sino con guerras terribles y demostraciones infames de crueldad.

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