miércoles, 22 de julio de 2015

Crítica al cristianismo.

En su “Zarathustra” Nietzsche escribe: 
“Me dan pena esos sacerdotes, me parecen prisioneros y marcados. Aquel a quién llaman redentor les cargó de cepos. ¡De cepos formados por falsos valores y palabras enloquecidas! ¡Ah si alguien pudiese redimirles de su redentor!”
Esta es justamente la finalidad que Nietzsche quiere lograr al escribir su “Anticristo”: redimir a los cristianos de su pesada losa. Para Nietzsche el cristianismo es una enfermedad ya que a lo que conduce es a hacer que el hombre renuncie a su verdadera naturaleza, a sus instintos. El cristianismo considera como pecado y como nocivo precisamente todos los placeres y valores apegados a lo terrenal. Considera pecado todo lo relacionado con una vida vigorosa y elige como ideal humano la mansedumbre, la obediencia, el ser un buen “borrego”. De hecho el cristianismo hace un tratamiento de “cordero” del ser humano, cordero que debe caminar según el sendero que le marca el pastor, es decir, el sacerdote.

A pesar de esto, Nietzsche está cautivado por la figura de Jesucristo al que diferencia de “los cristianos”. De él dice que “es el hombre más noble”. Según Nietzsche los cristianos traicionaron la verdadera enseñanza de Jesús; éste nos mostró cómo hay que vivir: 
“lo que dejó en herencia a los hombres fue la práctica de la vida: su comportamiento ante los jueces, los esbirros, los acusadores, y ante toda la clase de calumnias y de escarnios, su comportamiento en la cruz (...) Las palabras dirigidas al ladrón en la cruz muestran el verdadero sentido del evangelio”.
Cristo fue, para Nietzsche un espíritu libre que vino a enseñarles a los hombres valores elevados dignos de una moral aristocrática. Cristo viene a enseñar a vivir una vida arriesgada, a no tener por juez mas que a uno mismo, a pasar por encima de los mercaderes del templo o del emperador de Roma cuando la voluntad lo exige. Cristo no se arrepiente de su vida ni siquiera cuando, frente a la muerte, puede elegir la debilidad, las excusas, pedir perdón, retractarse de lo dicho... él sigue adelante aún cuando el premio por su vida arriesgada es la muerte.

Sin embargo, esta enseñanza queda trastocada en la interpretación que Pablo hace de Jesús. El cristianismo es un invento de San Pablo. Pablo, heredero de todos los resentidos y heredero de la moral de esclavos cambia su mensaje convenciendo a los cristianos de que es un mensaje de paz, de mansedumbre, de sumisión. Sin embargo no hay sumisión en las palabras de Jesús a los mercaderes del templo, ni ante Herodes o Pilatos: hay valentía heroicidad, arrojo, afirmación de sí mismo.

Durante el Renacimiento el cristianismo hizo un intento de recuperar el verdadero sentido de la enseñanza cristiana, tratando de hacer triunfar los valores aristocráticos y los nobles instintos. Estamos justamente en una época en que la iglesia se hace creadora, artista (le época de Cesar Borgia).

Sin embargo pronto apareció Lutero quién, en palabras de Nietzsche, llevaba consigo todos los instintos de sacerdote fracasado e indignado porque en la sede papal no encontró la humildad cristiana, sino un gusto refinado por el arte y una vida terrenal, es decir, vital. Lutero entonces volvió a restaurar la iglesia resentida, la peor de todas, la iglesia protestante. El credo protestante es el más puritano de todas las iglesias cristianas, aquel que más desprecia la vida y todo lo que le es propio. Nietzsche lo sabe bien: su padre era pastor luterano y sus abuelos también. Su madre le insta a seguir los pasos de la familia, pero la opinión de Nietzsche respecto a Lutero no puede ser peor: 
"Un monje alemán, Lutero, llegó a Roma. Este monje, que llevaba en su pecho todos los instintos de venganza de un sacerdote fracasado, se indignó en Roma contra el Renacimiento (...). Lutero vio la corrupción del papado, mientras que se podía tocar con las manos exactamente lo contrario: ¡en la sede papal ya no estaba la antigua corrupción, el peccatum originale, el cristianismo! ¡Estaba la vida! ¡El triunfo de la vida! ¡El gran sí a todas las cosas elevadas, hermosas y arriesgadas!... y Lutero volvió a restaurar la iglesia (...) ¡Ah, estos alemanes cuánto nos han costado!" 
Las razones por las que Nietzsche condena el cristianismo se resumen en una sola: el cristianismo convierte lo valioso en pecado, y lo que no vale nada en un valor supremo. Es una religión de débiles y enfermos resentidos.

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