viernes, 3 de julio de 2015

Argumento circular o petición de principio.


En el razonamiento circular la persona que razona comienza con aquello con lo que intenta concluir su razonamiento. Las partes de un razonamiento circular a menudo son válidas, en un sentido lógico ya que si las premisas son verdaderas, entonces la conclusión también debe serlo. El razonamiento circular no es una falacia lógica formal sino un defecto pragmático en un razonamiento mediante el cual tanto las premisas como la conclusión deben ser demostradas, y por lo tanto el razonamiento falla en convencer sobre la verdad de su conclusión. Otra forma de explicarlo es que no existe razón para aceptar las premisas a menos que se crea en la conclusión a priori, o que las premisas no proveen una base independiente o evidencia que avale la conclusión. 

La falacia de petición de principio (petitio principii) se encuentra muy relacionada con el razonamiento circular, y en el uso cotidiano ambos términos son usados para referirse al mismo argumento. Es una falacia que se produce cuando la proposición por ser probada se incluye implícita o explícitamente entre las premisas. Como concepto en la lógica la primera definición de esta falacia conocida en Occidente fue acuñada por el filósofo griego Aristóteles, en su obra Primeros analíticos

Un ejemplo: Veamos un intento de probar que Sócrates dice la verdad:
Supongamos que Sócrates no miente cuando habla.
Sócrates está  hablando.
Por lo tanto, Sócrates está diciendo la verdad.

Todas estas formas de argumentar no son lógicas, no prueban algo, y por tanto son sofismas o pseudorrazonamientos. El problema aquí es que el autor, buscando probar la veracidad de Sócrates. le pide a su audiencia que asuma que Sócrates dice la verdad, de modo que lo que termina "probando" es que "si Sócrates no miente, entonces dice la verdad".

Toda petición de principio tiene esta característica: que la proposición por ser probada (como conclusión) se asume en algún punto anterior, se asume en alguna de las premisas. Debido a lo anterior, esta falacia fue clasificada por Aristóteles como una falacia material, en vez de como una falacia lógica.


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