lunes, 20 de julio de 2015

Apolíneo y Dionisiaco.

La meditación filosófica de Nietzsche comienza por Grecia, pero no por la Grecia clásica puesta de moda por los helenistas del siglo XIX sino por una particular lectura que hace el joven Nietzsche de la cultura griega. Cuando aún estudiaba en Lepizig el joven estudiante leyó “El mundo como voluntad y como representación” de Schopenhauer, lectura que dejó una marca decisiva en el futuro filósofo. En esta lectura descubrió dos ideas que van a estar presentes en toda su obra: 
  1. Que la vida es una irracionalidad cruel y ciega, un constante fluir donde las cosas se crean y se destruyen sin seguir una lógica sino que lo hacen por pura lucha irracional de fuerzas. 
  2. Y que lo único que puede salvar al hombre de esta crueldad ciega es el arte: en especial la música y la poesía. 
Con estas dos ideas Nietzsche va a reinterpretar la cultura griega pues va a encontrar en los griegos pre-socráticos el ejemplo perfecto de unos hombres que aceptan esta situación: el verse agitados de forma constante por los acontecimientos irracionales sin poder hacer nada y aún así encontrar la elevación del espíritu y la superación a través del arte. Nietzsche defiende en su primera obra “El origen de la tragedia” que los griegos presocráticos interpretan la realidad de acuerdo con dos principios fundamentales representados en dos de sus dioses: Apolo y Dionisos. 

Dionisos es el dios de la fuerza instintiva, el dios de le ebriedad y la desmesura, el dios de la pasión sensual y el dios de la creatividad. Dionisos representa, por tanto la vida: la vida es pura fuerza, pura desmesura, pura creatividad, pura ebriedad. Expliquemos qué quiere decir esto: 
  • Que la vida es fuerza y desmesura significa que la vida no se contiene, sino que es una constante e ilimitada demostración de fuerza: miremos una tempestad, ésta no se limita, no dice “destruiré sólo hasta aquí... limitaré mi fuerza” la tempestad se impone, agota hasta su última gota de fuerza. Miremos al reino animal, a la fuerza del león, por ejemplo... el león tampoco reprime sus impulsos sino que, si su fuerza se lo permite, impone su voluntad. 
  • Que la vida es ebriedad significa que la vida es inconsciente, e irracional. Como el impulso del borracho, no piensa en consecuencias, ni dispone de una conciencia que le diga “no debes”, sólo dispone de un impulso que le dice “haz”. Esta idea la ve perfectamente reflejada Nietzsche en las fiestas dionisiacas griegas, las fiestas destinadas a honrar a Dionisos (los romanos las llamarán “Bacanales”). En estas fiestas los griegos dedicaban un mes a “dejarse llevar”... se embriagaban con vino, con poesía, con teatro y dejaban que les poseyera el espíritu de Dionisos, es decir, se abandonaban a sus impulsos vitales. El vino y el ambiente hacían que los valores morales, la conciencia, los prejuicios se relajaran y saliese fuera lo verdaderamente vital, los impulsos realmente originales que hay dentro de cada hombre. Por eso también la vida es sensualidad, porque el impulso sensual y erótico sale cuando las barreras de los prejuicios caen. 
  • Que la vida es creatividad significa que la vida está constantemente creando y recreando lo nuevo. La vida es constante creación. Si no, echemos un vistazo a la naturaleza, miremos la variedad de formas vitales que ha creado la vida y el incesante aparecer de “lo nuevo” constantemente. La vida se comporta como el mejor de los artistas, con una creatividad, una fuerza y una belleza inagotables. 
Pero junto a lo dionisiaco el espíritu griego desarrolla lo apolíneo. Apolo es, según Nietzsche, el dios intelectual, el dios de la medida y la moderación y el sentido, pero es sobre todo el dios de la armonía. Y sabemos, con poco que nos fijemos en el espíritu griego que los griegos son unos devotos de la armonía (entendiendo por armonía la perfecta relación entre las partes de un todo).

El espíritu griego, por esta razón, está dividido entre las tendencias dionisiacas y el alma apolínea: entre la desmesura y la armonía. Sería injusto decir que los griegos (incluso los presocráticos) son meramente dionisiacos. Mediante lo dionisiaco se puede entender la pasión poética, el éxtasis musical, la valentía, pero no se puede entender el arte geométrico, el refinado gusto por la medida, la filosofía, la moral de la mesura. Los griegos son el resultado de esta lucha entre lo apolíneo y lo dionisiaco: por una parte sus vidas expresan la aceptación del sin-sentido de la vida, de su fuerza, su pasión, su creatividad y se dejan llevar por ella. Pero por otra parte están dominados también por un deseo de encontrar el sentido, de poner límites, de hallar razones para todas las cosas: por esta razón inventan la filosofía, inventan (en cierto sentido) las matemáticas, y desarrollan el arte geométrico, el arte de la medida. El griego traduce su fuerza, su creatividad y su pasión (su Dionisos interno) en música, poesía o arquitectura, pero lo hacen siempre según principios de medida (su alma apolínea), creados por ellos mismos (la música según esquemas armónicos: jónico, dórico, frigio, lidio, mixolidio, eólico y locrio; la poesía según modelos métricos: los exámetros; y la arquitectura según medidas perfectamente geométricas.) 

La realización más evidente de esta relación entre Apolo y Dionisos en el espíritu griego es la Tragedia (fundamentalmente la de Sófocles). En las representaciones teatrales se mezclan de manera evidente ambas tendencias: los personajes de la escena expresan de forma clara el espíritu apolíneo mientras que en el coro y en la música queda reflejado el modo dionisiaco. Las Tragedias griegas son la expresión de un héroe, fuerte y vital, que se ve arrastrado por las fuerzas vitales, ciegas e irracionales, pero esto no le hace negar la vida, sino afirmarla, aceptar trágicamente su destino.

Nietzsche ve en la aparición de Eurípides y fundamentalmente en la aparición de Sócrates una descompensación de esta relación equilibrada entre lo apolíneo y lo dionisiaco. Eurípides intenta eliminar en la tragedia el elemento dionisiaco en favor de lo apolíneo y transforma las representaciones en fábulas morales. Los héroes dejan de aceptar sus destinos, dejando e ser trágicos para ser abiertamente morales, se arrepienten de sus malas conductas y vuelven al redil de la buena sociedad. Pero es Sócrates el más perturbador de esta situación: Sócrates introduce una idea en el espíritu griego que permanecerá en la cultura europea por siglos y que significa la verdadera decadencia: la vida se puede entender y dominar racionalmente. Después, es Platón, según Nietzsche quien eleva esta idea a su máxima potencia situando la realidad en el mundo ideal y haciéndonos creer que todo lo relativo al cambio, a la pasión, a la desmesura, a la creatividad es imperfecto y decadente, cuando a ojos del alemán es la teoría de las ideas platónica la que es decadente. 

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