sábado, 2 de mayo de 2015

Un hombre que duerme.

Por Agueda Areces.

En esta ocasión, el post trata de una película que me recomendó un buen amigo. En cierto sentido conecta con los dos posts anteriores ya que mi protagonista se caracteriza por su peculiar existencialismo: la muerte. 

La película, llamada ''Un hombre que duerme'' es la adaptación al cine de la novela del mismo nombre del escritor francés Georges Perec. En ella, Perec narra la vida de un estudiante de sociología de apenas 25 años que un día pierde todo el interés por la vida. No va a uno de sus exámenes y abandona sus estudios, sus relaciones y todo vínculo con el mundo exterior. Así permanece, impasivo, sin pensar ni hacer absolutamente nada en su pequeña buhardilla parisina, limitándose a deambular por la noche por las calles de la capital francesa sumido en su profundo desapego por todo y todos. Así el protagonista comienza a perder la noción del tiempo y a sentirse cómodo en su absoluta inacción. Dedica su tiempo a resolver solitarios y se siente libre en su postura neutral, indiferente y antisocial. 


En cierto modo, la película nos expone la diferencia entre existir y vivir. Nuestro ''hombre que duerme'' existe pero no vive. No vive porque es una persona vacía, sin ambiciones, sin sueños, se dedica simplemente a respirar, a alimentarse para satisfacer sus necesidades humanas. Se dedica a existir, a ocupar un espacio. Su existencia es como la de cualquier ser inerte. 

A mi personalmente es una película que me produce cierta angustia existencial. El título es muy acertado pues el protagonista se dedica a dormir. Pero no en el sentido del descanso o de la reparación sino como una actitud ante la vida: sin elegir, sin inmutarse, sencillamente ''dejándose vivir''. Desde mi punto de vista, hay muchas personas que viven de esta forma. No sumidas en un sueño tan absoluto pero si en cuanto a una gran falta de interés hacia temas muy importantes como pueden ser la cultura, la política, la educación...

Pero la reacción que provoca esta película -además de cierta incomodidad- es la opuesta a la de ''El hombre que duerme''. Esta película invita a la reflexión, a pasar a la acción, al movimiento. Esta película en realidad me ha hecho querer vivir de forma más intensa y nunca caer en la inacción. A tener más gusto por vivir y luchar por unos ideales.

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