martes, 9 de junio de 2015

Teorías éticas (XIV): Habermas y la ética dialógica.

A finales del siglo XX el filósofo alemán Jurgen Habermas “resucita” la ética kantiana. Habermas retoma la reflexión filosófica donde la había dejado Kant. Recordamos que para Kant la acción moral consiste en actuar por el deber y este consiste en cumplir con el imperativo categórico. El error, a juicio de Habermas, es imaginar al hombre como en una urna, aislado del resto, decidiendo acerca de la moralidad o inmoralidad de una acción. Las cosas no son así. Vivimos en sociedad, compartimos la vida con otras personas que muchas veces tienen ideas, valores e intereses diferentes a los nuestros. No podemos proceder como si no existieran, debemos tomarlos en consideración, sobretodo si lo que nos interesa es determinar la moralidad o inmoralidad de una acción. 

Habermas propone una ética dialógica –dia, a través de, logos, razón- esto quiere decir una ética que parta del diálogo, que asuma que la verdad no es propiedad de nadie y que el m0nólogo no es adecuado para resolver conflictos morales. En lugar de proponer a los demás una norma como válida para que opere como ley general (el imperativo categórico), la ética dialógica dice que lo que hay que hacer es presentarles a los demás las razones de porqué se piensa de esa manera para que las puedan valorar.

Según Habermas el hombre moralmente bueno es aquel que se halla dispuesto a tener como normas las que se hayan establecido después de un diálogo racional encaminado a lograr un consenso y, se halla dispuesto, asimismo, a comportarse de acuerdo con lo decidido en ese consenso. Exige pues que todos los afectados para tomar las decisiones de forma adecuada, necesiten tener conocimiento de las necesidades, intereses y argumentaciones de los demás, y estén dispuestos a dejarse convencer por la fuerza del mejor argumento.

El objetivo del diálogo es alcanzar, por consenso, el bien común, que no es otra que aquello que mejor puede dar satisfacción a los distintos intereses individuales. De tal modo que las normas que se adopten como resultado de la confrontación de argumentos, tienen un carácter de obligación porque las personas que han participado en el diálogo se las han auto-impuesto. La obligación de las normas morales no proviene del exterior, sino que emana de dentro. Su carácter obligatorio es reconocido por los partícipes del diálogo desde antes de ser establecidas. Es decir, debemos empezar a dialogar bajo el compromiso de que vamos a respetar todos el resultado final del diálogo. Una persona puede defender un punto de vista pero si finalmente prevalece una opinión contraria, actúa moralmente cuando asume la norma que resulta del diálogo aun cuando no fuera la que él considera más idónea. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lo más visto...