jueves, 4 de junio de 2015

Teorías éticas (XI): Nietzsche.

Nietzsche fue un filósofo que vivió a finales del siglo XIX. Lo más interesante de él, desde la perspectiva ética, ha sido su labor de desenmascaramiento de la moral precedente. Nietzsche no ve una diferencia importante entre la moral cristiana, la kantiana, la utilitarista o la marxista. Todas predican los mismos valores: la honestidad, la veracidad, la solidaridad, la humildad, etc.

Las éticas laicas (no religiosas) han buscado un fundamento racional para afirmar los mismos valores que habían sustentado las grandes religiones monoteístas: cristianismo, judaísmo e islamismo. Pero… ¿cuáles son esos valores? Todos ellos tienen su origen en la cultura judía y son valores contrarios a la vida. Si la vida es lucha, alegría y presente, las religiones han pregonado la paz, la resignación y la esperanza. Todos los valores de la religión cristiana (humildad, paz, resignación, caridad, obediencia...) denotan un miedo a la vida, y las éticas de los siglos XVIII y XIX no han supuesto algo novedoso, sino que han profundizado en los mismos valores (por ejemplo la igualdad y la solidaridad de los marxistas)

La propuesta de Nietzsche es diferente a todas las que hasta ahora hemos conocido. Si la vida es gozo y alegría, aceptémoslo; pero si es dolor y violencia, también. Simplemente porque no hay otra cosa, no existe realidad alguna –Razón o Cielo- ajena a la vida concreta. Todo cuanto existe se da en la vida, no debemos admitir pues valores contrarios a la vida porque nada hay más allá de la vida. Y esta tiene su propia forma de manifestarse de la cual no somos más que muestras y efectos de esa fuerza originaria (que Nietzsche denominará voluntad de poder)

Nuestro filósofo propone cambiar de manera radical los valores dominantes en occidente y, en cierta forma, volver a valores arcaicos, primitivos; aquellos que denominaban antes de la irrupción del cristianismo: alegría, generosidad, grandeza, lealtad, orgullo, fortaleza, creatividad, etc.

En resumen se trata de decir sí a la vida, en todos sus aspectos. El ideal de vida es de antiguo guerrero (Aquiles) orgulloso y valiente, amigo de los suyos e implacable con el enemigo, generoso en la victoria y terrible en la cólera. Ante todo debemos evitar el resentimiento, el sentimiento de culpa, la mala conciencia. Si nuestros instintos nos indican un camino, una acción, no debemos reprimirnos, ni arrepentirnos por las consecuencias, de la misma forma que el águila o el león no rinde cuentas a nadie por sus “fechorías”, así el hombre noble toma lo que le pertenece por ser fuerte y estar vivo.

No existe algo así como una Razón que controle o se oponga a los instintos (como afirmaban los estoicos). No estamos divididos en dos naturalezas – cuerpo y alma- opuestas (como sostienen los cristianos). Todo es un invento de filósofos y sacerdotes que han creado un mundo artificial y falso -la Verdad o el Cielo- que se opone a la única realidad: LA VIDA.

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