miércoles, 3 de junio de 2015

Teorías éticas (X): el marxismo.


Karl Marx es un pensador que vive durante el siglo XIX y su influencia ha sido enorme. Marx es un filósofo, un sociólogo, un agitador revolucionario, un político, pero también, y esto no siempre es reconocido, es un filósofo moral, propone una ética que marcará decisivamente a sucesivas generaciones.

El punto de partida es similar al de los utilitaristas: la ética ha de ayudarnos a alcanzar la felicidad, que se identifica con la vida placentera, y este objetivo tiene una dimensión social, no individual. Yo no puedo ser feliz si vivo rodeado de personas infelices. Eso es justo lo que le ocurrió al joven Marx cuando trabajó de periodista y descubrió las duras condiciones de vida de los leñadores y viñadores del Rihn. A partir de entonces va a sostener que no son las ideas, ni el espíritu, ni las teorías lo que distingue al ser humano, lo que le aporta dignidad y lo diferencia de los animales. Algunos hombres viven en la opulencia, rodeados de lujos y comodidades, en cambio, otros apenas pueden subsistir, pasan hambre y múltiples penalidades. En ese contexto ¿Qué ética debemos proponer? ¿Cómo le vamos a aconsejar al proletario, al explotado, la mejor forma de alcanzar la felicidad? Todo son palabras vacías. Lo primero es asegurar que todos los hombres disponen de unas condiciones materiales mínimas (vivienda, comida, tiempo libre...) para la existencia.

Según Marx no se trata ya de promover nuevas éticas, sino de dar un vuelco a la situación social. Lo primero y más acuciante es mejorar las condiciones materiales de vida de la mayoría de la población. Este es el primer mandato de la ética marxista: rebelarse contra la explotación del hombre por el hombre.

El hombre no puede alcanzar la felicidad de manera individual, solo seremos felices en una sociedad justa e igualitaria. Por ello la ética marxista conecta con la política: lo moralmente bueno es participar en política y luchar por un futuro mejor (algunos marxistas, y revolucionarios en general, llevaron esta norma a un punto extremo: se despreocuparon de sus familias, de sus amigos y hasta de ellos mismos y se entregaron por completo a la acción política). Los marxistas predican la importancia del compromiso: uno debe comprometerse con el mundo en que le ha tocado vivir, no debe aislarse, vivir como en una burbuja, intentando lograr una mínima paz que tiene como precio la despreocupación por la suerte de los menos favorecidos. Afirmaba Marx: “durante años los filósofos han tratado de comprender el mundo, ahora se trata de cambiarlo”

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