viernes, 19 de junio de 2015

La argumentación inductiva.


La inducción es un tipo de argumentación que parte de enunciados singulares (que describen un hecho concreto, que puede ser observado) y alcanza un enunciado general (del tipo “todos los...”). Los enunciados singulares serían las premisas y el enunciado general la conclusión.

Los defensores de la inducción son conscientes que el argumento inductivo carece de necesidad lógica, es decir, que la verdad de las premisas no asegura de forma necesaria la verdad de la conclusión, pero, sostienen, que si las premisas iniciales contienen una amplia cantidad de casos observados, la conclusión, sino estrictamente necesaria, si es altamente verosímil o muy probable, lo cual la mayoría de las veces es suficiente y nos puede suministrar igual certeza. Además no disponemos de otro punto de partida alternativo: nuestro conocimiento comienza en la experiencia y toda experiencia es un caso particular (observo o siento algo “aquí” y “ahora”). Si podemos alcanzar otro tipo de verdades, enunciados de carácter general del tipo “todos los...”, el primer paso es una observación concreta y el camino se denomina “inducción”.

En términos más coloquiales podemos decir que una argumentación inductiva es una argumentación mediante ejemplos. Los ejemplos son casos particulares en los que se cumple un enunciado de carácter general. Como la verdad del enunciado general descansa sobre los ejemplos, el tipo de argumentación es inductiva. La cuestión clave para el que construye (o escucha) el argumento es: ¿Cuántos ejemplos son necesarios para justificar la conclusión? Si nos ponemos estrictos: todos; pero supongamos que nos conformamos con una alta probabilidad. No hay una respuesta precisa para la pegunta, pero parece claro que cuantos más mejor.

Si quiero ofrecer un pronóstico acerca del partido político que ganará las próximas elecciones, es evidente que es un argumento muy pobre afirmar que ganará las elecciones el partido x porque mis amigos y yo vamos a votar por ellos. La conclusión no es verosímil porque los ejemplos analizados son muy escasos. Si por el contrario una empresa especializada realiza una encuesta y entrevista a cerca de dos millones de potenciales votantes seleccionados convenientemente, entonces la conclusión tendrá un alto grado de probabilidad.

Los profesionales que realizan las encuestas ponen gran empeño en que la muestra sobre la cual realizan la encuesta sea representativa del conjunto de la población. Sin embargo, existe preocupación acerca de la representatividad de las muestras, especialmente cuando son bastante pequeñas. Por lo tanto en una argumentación mediante ejemplos, no solamente es importante que el número de ejemplos sea elevado sino que también es preciso que los ejemplos sean una muestra representativa del problema que se pretende abordar.

Además para que un argumento inductivo sea convincente debemos tener lo que los expertos llaman “información de trasfondo”. Por ejemplo: dicen que en el triángulo de las Bermudas han desaparecido decenas de embarcaciones y aviones en las últimas décadas, lo cual prueba que en aquel lugar ocurren fenómenos paranormales. ¿Es este un argumento convincente? Para evaluarlo en su justa medida necesitamos información adicional, información de trasfondo. Por el llamado “Triángulo de las Bermudas” pasan al cabo del año decenas de miles de embarcaciones y aviones, puesto que es algo así como un nudo de comunicaciones. Considerando el tráfico marítimo y aéreo de la zona, el porcentaje de desapariciones no es más elevado que el de cualquier otro lugar. Así que la argumentación no es convincente, pero para llegar a esta conclusión, hemos necesitado información de trasfondo.

Por último, ante un argumento mediante ejemplos es preciso prestar atención a la posibilidad de contraejemplos. Esto los lógicos lo saben muy bien: por muchos ejemplos que presentemos a favor de un enunciado general este no quedará verificado de manera concluyente, mientras que, por el contrario, un solo contraejemplo sirve para demostrar la falsedad de un enunciado general (si encontramos un solo cuervo de otro color, el enunciado “todos los cuervos son negros” es falso). Por tanto, es necesario revisar las generalizaciones preguntándonos si hay contraejemplos. Tomemos el siguiente argumento:

La guerra del Peloponeso fue causada por el deseo de Atenas de dominar Grecia.
Las guerras napoleónicas fueron causadas por el deseo de Napoleón de dominar Europa.
Las dos guerras mundiales fueron causadas por el deseo de los fascistas de dominar Europa.
En general, entonces, las guerras son causadas por el deseo de dominación territorial.


Pero ¿todas las guerras son causadas por el deseo de dominación territorial? ¿O quizás la generalización es demasiado amplia? En efecto, hay contraejemplos. Las revoluciones, por ejemplo, tienen causas totalmente diferentes. Lo mismo vale para las guerras civiles. Si se nos ocurren contraejemplos de una generalización debemos revisar la argumentación. En el argumento anterior podemos, por ejemplo, cambiar la conclusión por: “Las guerras entre Estados independientes son causadas por el deseo de dominación territorial.” Incluso esta generalización puede ser excesiva, pero al menos es una conclusión más defendible que la original.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lo más visto...