viernes, 26 de junio de 2015

Falacia “ad hominen”


Un tipo de argumentación muy frecuente y de gran poder persuasivo es la falacia “ad hominen” (expresión que significa literalmente “argumento dirigido contra el hombre”). Es un argumento que, en lugar de presentar las razones adecuadas o pertinentes contra una opinión determinada, pretende refutar tal opinión censurando a la persona que la sostiene.

Por ejemplo: Los ecologistas afirman que la continuada emisión de CO2 a la atmósfera es una acción de elevado riesgo para la humanidad; sin embargo, no hay que estar demasiado preocupado por ello, ya que los ecologistas tienen ideas demasiado pesimistas sobre el futuro.

Otras veces la falacia se dirige contra una determinada persona invocando que se halla en determinadas circunstancias que descalifican su argumento. Por ejemplo: El señor García afirma que la sal es útil para disolver la nieve, pero yo no me fiaría porque el señor García es el propietario de unas salinas.

En los casos anteriores se ignoran las razones para sostener determinada afirmación y se ataca a quien la sostiene, pero sin dar razón alguna contra el argumento esgrimido por el oponente. Este tipo de falacia es especialmente perniciosa para la convivencia, podríamos decir que la salud del debate político de un país es inversamente proporcional a la cantidad de argumentos “ad hominen” que se esgrimen. A menudo la razón para oponerse a las propuestas del adversario político es, precisamente, que han sido propuestas por el adversario, lo cual ya las descalifica de antemano.

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