sábado, 20 de junio de 2015

Argumentos por analogía.


Contrariamente a la argumentación mediante ejemplos, los argumentos por analogía, en vez de multiplicar los ejemplos para apoyar una generalización, discurren de un caso o ejemplo específico a otro ejemplo, argumentando que los dos ejemplos son semejantes en algún aspecto significativo.

Platón comparaba el gobierno de una nave con el gobierno del estado para argumentar su crítica a la democracia: de la misma manera que es absurdo que, por ejemplo, en un temporal, las decisiones acerca de las maniobras de una nave recaigan en los marineros en lugar de en el capitán o que se decida “democráticamente” acerca de lo que hay que hacer en cada situación, así también, es absurdo que la nave del estado se deje en manos del pueblo, pues este carece del conocimiento necesario para “llevar a buen puerto la nave del estado”. 

Aristóteles explicaba que la relación entre el alma y el cuerpo es como la del ojo y la vista. La vista es algo diferente al ojo, pero precisa de él. De igual forma el alma es diferente del cuerpo, pero precisa de él para existir.

Kant explicaba la relación entre la experiencia y la razón mediante una analogía: igual que la paloma precisa del aire para volar, así también la razón precisa de la experiencia para “levantar el vuelo”.

Un crítico del liberalismo del siglo XIX, J.F. Stephen, reprochaba a los liberales que consideraran la libertad como algo intrínsecamente bueno y deseable. Pero, según él, la libertad era como el fuego: una fuerza que si se utiliza adecuadamente contribuye de manera decisiva a nuestro bienestar y prosperidad, pero que también puede servir para destruir y aniquilar todo cuanto se ha levantado con ímprobo esfuerzo. 

Las analogías no requieren que el ejemplo usado como analogía sea igual al ejemplo de la conclusión. Es suficiente con que los ejemplos tengan similitudes relevantes. Evidentemente hay muchísimas diferencias entre la razón y una paloma y la experiencia y el aire, pero lo importante es que la relación que mantienen la paloma y el aire es semejante a la existente entre la razón y la experiencia. La similitud es relevante y el argumento es convincente.

Un famoso argumento usa una analogía para establecer la existencia de un Creador del mundo. Este argumento pretende que podemos inferir del orden y de la belleza del mundo la existencia de un Creador, tal como podemos inferir la existencia de un arquitecto o de un carpintero cuando vemos una casa hermosa y bien construida. Este argumento formulado separadamente en forma de premisas y conclusión reza:
Las casas hermosas y bien construidas deben tener “creadores”: diseñadores y constructores inteligentes. El mundo es similar a una casa hermosa y bien construida. Por lo tanto, el mundo también debe tener un “creador”, un Diseñador y Constructor inteligente, Dios.
Una vez más, aquí no se necesitan más ejemplos; es la similitud del mundo a un único ejemplo, la casa, lo que el argumento quiere subrayar. David Hume analiza este argumento en su “Diálogos sobre la religión natural”, y pregunta:
“¿Es una parte de la naturaleza una regla para el todo? (...) Piense [cuan] amplio es el paso que usted ha dado cuando comparó las casas (...) al universo, y de su similitud en algún aspecto infirió una similitud en sus causas... ¿No será que la gran desproporción prohíbe todas las comparaciones e inferencias?”
El mundo es diferente de una casa en al menos lo siguiente: una casa es parte de un conjunto mayor, el mundo; mientras que el mundo mismo (el universo) es el mayor de los conjuntos. Entonces, Hume sugiere que el universo no es similar a una casa de una manera relevante. Las casas, ciertamente, implican “creadores” más allá de ellas mismas; pero, según lo que sabemos, el universo como un conjunto puede contener sus causas dentro de sí mismo. Esta analogía, según Hume, constituye un argumento débil.



Otro ejemplo: los darwinistas sociales sostenían que las enseñanzas de Darwin podían aplicarse a la sociedad y que si el principio básico de la vida natural es la supervivencia del más apto, el principio rector de la vida en sociedad debería ser el mismo: habría que favorecer a los triunfadores y despreocuparse del destino de los menos favorecidos pues ellos son los perdedores en la lucha por la existencia. ¿Qué tipo de argumentación es la anterior? Una argumentación analógica que propone una similitud relevante entre las leyes de la naturaleza y las leyes sociales. Pero la relevancia de la similitud es más que discutible, porque las leyes de la naturaleza son meramente descriptivas (describen el comportamiento de la misma), mientras que las leyes sociales son prescriptivas (prescriben u ordenan actuar de una forma o de otra); además las leyes sociales son productos de la libertad humana, mientras que las leyes de la naturaleza son necesarias y al margen de la voluntad humana.

En cualquier caso el problema que nos presentan los argumentos analógicos es determinar si la analogía se apoya en una similitud relevante.

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