lunes, 4 de mayo de 2015

Antropología marxista

Por Fernando Magdalena.

Karl Marx es un filósofo judeo-alemán que vivió a lo largo del siglo XIX, un siglo marcado por la Revolución Industrial, una revolución que dio lugar a un nuevo sistema social y económico, la sociedad burguesa capitalista. Escribió varias obras, y la más importante es El Capital. La concepción marxista del ser humano puede encontrarse en sus primeros escritos, particularmente en los Manuscritos, en la crítica a Hegel y las Tesis sobre Feuerbach, que constituyen el núcleo del llamado “humanismo marxista”.

Marx empieza diciendo que el hombre es un ser fundamentalmente social, y solamente en sociedad puede alcanzar su realización y su felicidad. Pero para poder vivir en sociedad el hombre necesita relacionarse con otros hombres, y todo esto lo consigue por medio del trabajo, y gracias a esas relaciones, el hombre puede encontrar su esencia. Además, hemos de tener en cuenta que el trabajo es lo que pone en contacto al ser humano con la misma naturaleza y con el resto de seres humanos. A través del trabajo el hombre transforma la naturaleza, introduciendo así su esencia en ella, y ocupa un puesto determinado en la sociedad. 

Marx reforma también otro concepto heredado de Hegel y de Feuerbach: la alienación. Podríamos definirlo como aquel proceso o situación social por la cual el hombre se convierte en algo distinto, ajeno o extraño a lo que debería ser, a lo que le corresponde. Marx entiende que esta alienación se da precisamente en el trabajo: aquello que debería realizar al hombre es precisamente lo que le termina cosificando, lo que le esclaviza, lo que le convierte en algo inhumano, por tanto en algo distinto de lo que el hombre es. En la medida en que el trabajo no humanice al ser humano, se tratará de un trabajo alienante, y estará en el punto de mira de la crítica marxista. Para Marx hay una relación directa entre esta alienación del trabajador y la propiedad privada. Por eso, desde esta primera época en que perfila el concepto de alienación, abogará por una supresión del capital, que tendrá como consecuencia la desaparición de la alienación del hombre. El ansia de tener, de dominar las cosas, de vencer sobre los demás se verá sustituido por una nueva relación con la naturaleza basada en sentimientos como el amor o la confianza. Marx fue un gran crítico del capitalismo y de los sistemas económicos que dividían excesivamente el trabajo y que hacían que el hombre se comportase como una máquina.

A parte de la alienación del trabajador, Marx también nos habla de otros tipos de alienación por la que los capitalistas refuerzan su privilegiada posición:

-La alienación jurídico-política. Al mantenerse vigente el derecho a la propiedad se mantiene las desigualdades sociales y las luchas de intereses económicos. Por eso no existe libertad más que para los ricos. Por esto el sistema jurídico y político aliena a los ciudadanos al darles la ilusión de una igualdad ante la ley que resulta falsa: la mayoría está desposeída de su libertad.

-La alienación filosófica y religiosa. La religión y la filosofía también son alienantes, En ambos casos se trata de construcciones teóricas que tienen como función última salvaguardar los intereses de la clase dominante. Por eso denominará Marx a la religión "el opio del pueblo" y sentenciará el fin de la filosofía teórica, que será sustituida por una nueva praxis revolucionaria. Ambas son simples instrumentos de la clase opresora para mantener una situación injusta.

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