viernes, 8 de mayo de 2015

Reflexión acerca de "Sobre la paz perpetua"

Por David Vidal 

En su obra Sobre la paz perpetua, Immanuel Kant (filósofo ilustrado prusiano del S. XVIII) expone una importante tesis política. Dicha teoría se centra en acabar con los conflictos bélicos, con la guerra entre las distintas naciones y países; para ello, el filósofo prusiano planteó en esta obra la que sería la primera demanda de una organización de países que velase por la paz universal.

En líneas generales, he de decir que la propuesta de Kant me parece muy interesante y prometedora y, sinceramente, creo que es admirable que alguien tuviese una mentalidad tan avanzada y cosmopolita hace ya varios siglos. No obstante, hay algunos aspectos de la tesis que desarrolla Kant en su obra que me gustaría examinar más a fondo. Por ejemplo, en primer lugar, está el tema de que los países miembros han de basar su estructura principalmente en garantizar la libertad de sus ciudadanos y la igualdad de los mismos entre sí, y para ello han de constituirse como repúblicas. Lo de asegurar la libertad y la igualdad de los habitantes de los países miembros de esta hipotética asociación está muy bien; son ideas liberales propias de un filósofo liberal (como es Kant) que comparto profundamente, pero no entiendo porqué el modelo del estado ha de ser necesariamente el republicano cuando los derechos que aquí son expuestos y defendidos son perfectamente compatibles con una monarquía parlamentaria, cuyo claro ejemplo son Reino Unido, Países Bajos, entre otros.

También otro aspecto llamativo de esta teoría kantiana es el hecho de que un país no pueda intervenir en la política interna de otro, cuando esto no tiene ningún sentido, ya que en realidad este principio resulta ser un importante impedimento para que se garanticen los derechos humanos (entre lo que se incluyen los anteriormente mencionados) de todas las sociedades de los Estados miembros. Precisamente es gente como Kant la que está tan ciega que critica intervenciones en defensa de estos derechos, como las que por ejemplo llevó a cabo Estados Unidos en Corea y Vietnam en defensa de valores como la libertad y la integridad física de las personas, y con el objetivo de acabar con regímenes tiránicos, genocidas y asesinos (por desgracia la primera de estas empresas no salió del todo bien, y ya no hablemos del segundo que fue un desastre absoluto).

Otro aspecto que es, en mi opinión, mejorable es el hecho de que Kant proponga que los gobernantes tengan en consideración especial las aportaciones políticas de los filósofos, cuando en realidad para garantizar la igualdad de la ciudadanía han de tenerse en cuenta todas las ideas en general, sin importar si quien las enuncia es o no es filósofo, si es rico o pobre, entre otras características (este principio parece más bien enunciado por un platónico que por un liberal). Por último, y como principal error (y éste es el que más me pesa), es que querer acabar con la guerra es algo utópico, porque podrán reducirse en número pero no extinguirse, puesto que como siempre existirán conflictos de intereses entre los seres humanos, siempre existirán conflictos bélicos entre los mismos.

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