sábado, 9 de mayo de 2015

¿Quién es de verdad un esclavo?


La libertad está, según una opinión común, del lado de los poderosos ya que son ellos los que pueden realmente realizar sus deseos. Epicteto, que fue esclavo antes que filósofo, nos muestra que aún cuando efectivamente la libertad se opone a la esclavitud no es evidente quién es esclavo y quién es libre.

"Si los reyes y sus amigos no pueden vivir como quieren, ¿quién es libre? Busca y hallarás la solución, porque la naturaleza humana posee los instrumentos para conseguir la verdad. Pero, si tú no eres capaz de sacar conclusiones con la ayuda de esos instrumentos, escucha a los que ya reflexionaron sobre el asunto.
_ ¿Qué dicen?
—¿Te parece un bien la libertad?
—”El mayor”
—¿Puede, entonces, ser desgraciado algún hombre o sucederle algún mal, después de haber conseguido el mayor bien?
—”No”
—Por tanto, a los que veas desgraciados, desdichados y afligidos, considera que no son libres.
—”Lo consideraré”
—Así, pues, dejamos fuera la compra, la venta y maneras semejantes de adquisición [de esclavos]. Pues, si estás de acuerdo con eso, como el Gran Rey [el de Persia] se siente afligido, no es libre, y lo mismo es válido para el pequeño rey, el consular, el dos veces cónsul.
—”Lo acepto”
—Y ahora contéstame a esto: ¿te parece que la libertad es una cosa grande, noble y digna de estima?
—”¡Indudablemente!”
—¿Es posible, sin embargo, que una persona en posesión de una cosa tan grande, tan noble y tan digna de aprecio sea despreciable?
—”No es posible”
—Así, pues, siempre que veas a alguien sometido a otro o adulándolo en contra de sus sentimientos, di también, sin miedo a equivocarte, que éste no es libre, lo haga por una simple cena o por un gobierno o consulado. Al primero considéralo un esclavo de poca monta, porque hace eso por cosas de poca importancia, y al segundo, como se merece, un gran esclavo.
—”Estoy de acuerdo”
—¿Te parece que la libertad es independencia y autonomía?
—”¿Cómo no?”
—Entonces, di sin vacilar que cualquiera que pueda ser impedido y presionado por otro no es libre. Y no te fijes en sus abuelos y bisabuelos, ni busques compra o venta, sino que si le oyes decir convencida y apasionadamente la palabra “señor”, considéralo como un esclavo, aunque le precedan doce insignias consulares; y si le oyes decir: “Desdichado de mí, qué cosas sufro”, considéralo también esclavo; si lo ves solo, llorando, descontento y disgustado, considéralo como un esclavo vestido de púrpura. Pero si no hace nada de esto, todavía no lo consideres libre, intenta conocer mejor sus opiniones, tal vez un poco precipitadas, tal vez un poco forzadas, tal vez un poco insatisfactorias. Y si las encuentras así, considéralo como un esclavo durante las “Fiestas Saturnales”; di que su amo está ausente: más tarde llegará y sabrás lo que le pasa. ¿Quién vendrá? Cualquiera que tenga potestad sobre las cosas que desea, para concedérselas o quitárselas.
—”¿Así, pues, tenemos muchos amos?”
—Así es. Porque, en realidad, los asuntos mismos son nuestros amos más que esos que tenemos por amos, y tales asuntos son muchos. Por eso es lógico que los que tienen algún poder sobre ellos sean amos: porque nadie tiene miedo al César mismo, sino a la muerte, al destierro, a la confiscación de los bienes, al presidio, a la degradación. Tampoco nadie quiere al César, a no ser que éste sea digno de estima, sino que queremos la riqueza, el tribunado, la pretura, el consulado. Mientras queramos, odiemos y temamos estas cosas, será lógico que los que tienen poder sobre ellas sean nuestros amos. Por eso mismo los reverenciamos como a dioses: pensamos, en efecto, que “el que tiene poder sobre lo más provechoso es un dios”. Y luego afirmamos erróneamente “éste tiene poder sobre lo más provechoso”. Por tanto, es lógico que de lo uno y de lo otro se deduzca una falsa conclusión [es un dios]."


Epicteto, Pláticas, IV, I, 51-61

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