martes, 26 de mayo de 2015

La teoría de las Ideas.


Por Marta Alvez Tamargo

Platón, nacido en Atenas en el año 427 a.C en el seno de una rica familia aristócrata, terminaría siendo uno de los filósofos más importantes y reconocidos de la Grecia Clásica. Creció en un clima de caos político y social causado por la decadencia de la democracia ateniense debido a la derrota frente a Esparta en las guerras de Peloponeso que conllevaría la imposición de una tiranía conocida como “Oligarquía de los 30 tiranos”. Esta situación le llevó a viajar varias veces al sur de Italia, a la Magna Grecia, donde entró en contacto con los pitagóricos, gracias a los cuales descubrió la existencia de objetos que resultaban inmutables, eternos y universales. Estos, los objetos matemáticos, llevaron a Platón a cuestionarse si el amor, la virtud o el bien podrían tener sus mismas cualidades, es decir, si las cualidades y los principios morales podrían mantenerse inalterables a pesar de las opiniones de los propios hombres. El filósofo llegó finalmente a la conclusión de que en el mundo existen las IDEAS, que serían representaciones mentales eternas, indivisibles y universales (las mismas características que los objetos matemáticos) que habitan en un mundo inteligible, y los OBJETOS MATERIALES, que percibimos, a su vez, mediante los sentidos y que habitarían en el mundo sensible. 

Platón , influenciado por Sócrates, asegurará la existencia de una realidad dividida en dos planos, en dos mundos: el mundo sensible y el mundo inteligible o el mundo de las ideas. En el interior del mundo inteligible existe una idea que se sobrepone al resto. Esta es la idea del BIEN, que resulta origen de todas las cosas: sin él nada existiría y sin él el conocimiento sería imposible de alcanzar ya que hacia la idea del BIEN debe orientarse quien desee llegar a ser virtuoso (dentro del ideal platónico). A esta idea, principio rector de la filosofía platónica, le siguen en escala los valores morales, las relaciones entre seres, los objetos matemáticos, los objetos naturales y los objetos fabricados, todos ellos relacionados entre sí por lo que Platón denomina “simploké”, una red de relaciones que conecta las ideas entre sí. Sin embargo, ni todas están relacionadas puesto que todo resultaría lo mismo ni todas ellas son inconexas ya que el conocimiento entonces resultaría completamente imposible. 

Platón también entiende que entre el mundo de las ideas y el mundo sensible debe existir, debe establecerse, una relación o bien mediante la participación y o bien mediante la imitación. Platón concibe la participación como una metáfora referida a la relación que se establece entre objetos sensibles e ideas puesto que las ideas “participan” en cierto modo de las cosas. Por ejemplo, dentro de un caballo apreciamos la idea ‘’caballo’’, la idea ‘’animal’’ y la idea ‘’mamífero’’ aunque es algo mental, imaginario e indivisible puesto que es imposible que un trocito de idea se encuentre en el caballo. Además las ideas son eternas,  la idea no puede morir con el caballo. Por otro lado, según nos cuenta Platón en el Timeo, la imitación explica como los objetos sensibles son, en realidad, copias imperfectas de las ideas. El Mundo es creado por el Demiurgo (dios artesano) quien tomó la materia y cogiendo como modelos las ideas creó el mundo que, sin embargo, al estar este en constante cambio (influencia de Heráclito y su panta rei) no resulta perfecto como si lo resulta el mundo de las ideas que se mantiene eterno, universal e inalterable.

Paralelamente, Platón criticó duramente el gobierno de los sofistas y burócratas a los que culpaba de la situación política de Atenas puesto que consideraba que no tenían un conocimiento suficiente sobre la justicia y el bien y el único conocimiento que poseían era en si mismo dañino para la polis ya que estaba basado en el relativismo, la retórica, los intereses individuales y la demagogia. Frente a esta teoría sofista del conocimiento elaborará la suya propia en la que defenderá la existencia de dos tipos de conocimiento en relación directa a los dos tipos de realidades que existen (sensible e inteligible): el dualismo epistemológico. En primer lugar encontramos la doxa u opinión, conocimiento de todo aquello que se refiera a objetos materiales, a los objetos que pertenezcan al mundo sensible y en segundo lugar, la episteme o conocimiento que estudia las ideas y el mundo inteligible.

Para Platón el alma, independiente del cuerpo, es inmortal y antes de formar parte del cuerpo se encontraba en el mundo de las ideas donde pudo conocer y contemplarlas en su totalidad. Sin embargo, al entrar en contacto y formar parte del cuerpo y por lo tanto del mundo sensible, olvidó gran parte de las ideas conocidas de las que solo pudo mantener un vago recuerdo. En definitiva, según la teoría de la reminiscencia de Platón, conocer no es más que recordar aquellos conocimientos que un día fueron sabidos. Además, añade que ese conocimiento se consigue mediante la dialéctica, argumentando mediante el uso del lenguaje, mediante preguntas y diálogos, así como mediante el conocimiento de la “simploké”, es decir, de la red de relaciones entre las ideas y sobre todo de las ideas en relación con la idea suprema de Bien. Para explicar esta teoría del dualismo epistemológico utiliza el símil de la línea según el cual Platón establece una especie de línea que va ascendiendo cuanto mayor sea el grado de conocimiento, colocándose la doxa u opinión abajo y la episteme arriba. Platón entiende que la forma más baja de conocimiento es la Eikasía, basada en conjeturas e imaginación, que resulta el saber propio de la masa ignorante y el pueblo al que se refiere en su mito de la caverna con los prisioneros encadenados. Dentro de la doxa también se encuentra la Pistis que es la forma de conocimiento que se basa en los estudios físicos y las relaciones naturales que siguen sin ser conocimiento ‘’puro’’ pues al estudiar el mundo sensible estudian lo efímero, lo corrompible. Dentro de la episteme o conocimiento encontramos la Dianoia que se basa en el conocimiento que surge del estudio de las matemáticas, de los objetos matemáticos (geometría, relaciones de probabilidad, etc) y la Noesis, que es el conocimiento de las Ideas, la forma más alta y pura de conocimiento.

Platón buscó una forma de resolver todas sus dudas acerca de la realidad humana dividiendo esta en dos planos que se relacionan entre sí (mundo inteligible y mundo sensible) y orientando sus teorías a la idea de la búsqueda del Bien que resulta el principio rector de toda su filosofía. Trataba de crear una teoría que incluyera la imperfección de la realidad y también la existencia perfecta de un mundo superior en el que los principios, las ideas, se mantuvieran inalterables a pesar de los hombres, a quienes consideraba culpables de la destrucción de su sociedad, y a pesar del paso del tiempo. Platón criticó a los sofistas quienes habían relativizado la verdad y sustentó un dualismo epistemológico en el que distingue la opinión o doxa, aquella orientada al conocimiento de los objetos sensibles y el conocimiento o episteme, que se dedica al estudio de lo inteligible, conocimiento al que Platón otorga verdadero valor puesto que el fin último es conocer la idea del Bien, la idea suprema que debe guiar a todos los hombres en su vida para así poder tomar buenas y justas decisiones. 

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