lunes, 11 de mayo de 2015

El socialismo democrático de Habermas.


Jürgen Habermas es uno de los últimos representantes de la escuela de Frankfurt. Coincide con sus compañeros de escuela en la teoría crítica, que ya hemos explicado, aunque sus propuestas son más moderadas que las de sus compañeros. Si Rawls llega a la formulación de la socialdemocracia desde un liberalismo moderado, Habermas representa ese mismo punto de llegada pero desde un socialismo moderado. 

Para Habermas la receta para acabar o, al menos, mitigar la injusticia dentro de las sociedades no es desde luego la revolución violenta que acabe con todo tipo de desigualdad; pero tampoco está de acuerdo con la postura liberal que parece abandonar al individuo a su suerte. Su propuesta trata de suponer un puente entre estos dos mundos; piensa que la receta para lograr una sociedad en la que las desigualdades no conduzcan a una injusticia social evidente es el diálogo. En una sociedad justa debe existir un diálogo fluido entre los distintos colectivos sociales a fin de que desde la toma en cuenta de todos los puntos de vista se logre conciliar los intereses de unos con los de los demás. El criterio básico es el de la simetría: ninguno de los participantes de un diálogo debería estar favorecido en forma alguna. Esto garantizaría que la conclusión no se determine de antemano, desde el comienzo del diálogo, dada la posición autoritaria que tiene una de las partes. En la situación de habla ideal, la decisión final depende únicamente de la fuerza del mejor argumento y las condiciones bajo las cuales se desarrolla el diálogo deben asegurar que un asunto será decidido únicamente por los méritos del mejor argumento, esto es, el contexto del discurso tiene que garantizar por sí mismo ciertas condiciones de apertura e imparcialidad. 

Habermas no es tan ingenuo como para no percatase de que en la sociedad moderna las posiciones de los individuos que dialogan no son iguales por lo que concluye que esta situación ideal de habla es un contrafáctico (contrario a los hechos): el propio contenido de la situación ideal de habla es, admite Habermas, utópico. La función ética de éste ideal es regulativo, es decir, señala una meta hacia la cual los agentes sociales deben aspirar, o al menos un parámetro para la evaluación crítica del verdadero consenso sociopolítico: son justos aquellos acuerdos que hayan sido alcanzados en una situación de habla ideal y son imposiciones injustas aquellas que hayan sido promulgadas al margen del diálogo franco y abierto. La mejor garantía de racionalidad de una norma es que haya sido establecida por consenso entre las partes afectadas. La misión del Estado en esta sociedad es la de garantizar que el diálogo se produzca en las condiciones “más limpias” posibles: que los más poderosos no coaccionen a los más débiles y que las tesis defendidas y, finalmente, las normas elegidas lo sean en virtud de su coherencia, de su racionalidad, de tal modo que sean la fuerza de los argumentos y no otro tipo de fuerza la que determine el final del diálogo.

En todo caso la crítica al pensamiento utópico de los primeros miembros de la escuela sólo se mantiene en parte; en Habermas no encontramos la utopía del Estado ideal, pero sí la del ideal de la comunicación (realmente... ¿el diálogo se puede desarrollar bajo las condiciones exigidas por Habermas? ¿no es utópico pensar que la situación de respeto y completa racionalidad que propone Habermas pueda darse algún día en algún lugar?). Sea como fuere es indudable que podemos encontrar en el pensamiento de Habermas un compromiso firme en defensa de la democracia, no porque la democracia sea un sistema intrínsecamente mejor que los otros (pues nadie tiene completamente la razón de su parte), sino porque hace posible que el diálogo se amplíe a un mayor número de personas y se desarrolle bajo la menor coacción posible.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lo más visto...