miércoles, 20 de mayo de 2015

Antígona


Antígona, protagonista de la obra de Sófocles que lleva su nombre, puede conside­rarse como precursora del pensamiento que se llama iusnaturalismo y que afirma que: existen unas leyes últimas o, si se prefiere, «primeras», que nunca pueden ser soslaya­das por las normas que, en e legítimo derecho de legislar sobre pueblos y comunida­des, pueden decretar las autoridades humanas.

Como se puede ver en el texto que recogemos a continuación, esta mujer, obedecien­do a un deber que considera superior tributa honras fúnebres a su hermano Polinice, actuando abiertamente en contra de una orden dada por el tirano Creonte y contrapo­niendo, con rotundidad, las leyes no escritas e inquebrantables de la conciencia con las leyes dictadas por la autoridad política.

"CENTINELA. La cosa ocurrió de esta manera: cuando yo llegué asustado por las terribles amenazas tuyas, después de quitar todo el polvo que cubría al cadáver y dejar bien al desnudo el cuer­po que estaba ya en putrefacción, nos apostamos en lo alto de un otero resguardados del aire y bastante lejos para que no nos diera el mal olor de aquél, excitando a la vigilancia de cada uno a su compañero con eficaces reproches, si es que alguien se descuidaba de su tarea. Esto duró hasta la hora en que en medio del cielo se coloca el brillante astro del día y abrasa el calor. Entonces, de repente, un tifón levantando de tierra terrible tempestad con un rayo que parecía grito del cielo, invadió la campiña, devastando el follaje de la cam­pestre selva. Se llenó de polvo todo el aire; y nosotros, con los ojos cerrados, aguantába­mos el castigo que el cielo nos enviaba. Cuando se apaciguó la tempestad después de mucho tiempo, vimos a la muchacha que se quejaba dando agudos lamentos, como el ave dolorida cuando advierte vacío el lecho de su nido por haberle arrebatado los polluelos. Así también ésta, cuando vio el cadáver al desnudo, rompió en amargo llanto y lanzó horribles maldiciones contra los que le habían inferido el ultraje. Recogió en seguida con las manos polvo seco, y vertiendo de un vaso de bronce bien forjado tres libaciones sobre el cadáver, lo cubrió. Nosotros, que la vimos, nos abalanzamos y la cogimos en seguida, sin que ella se asustara de nada: la acusamos del hecho anterior y del presente, y no negó nada, con gusto mío y con pena a la vez, porque el quedar uno libre de castigo es muy dulce; pero implicar a un amigo en la desgracia es doloroso. No obstante, natural es que esto último tenga para mí menos importancia que mi propia salvación.

CREONTE. Tú, que inclinas la cara hacia el suelo, ¿afirmas o niegas haber hecho eso?

ANTÍGONA. Afirmo que lo he hecho, y no lo niego.

CREONTE. (Al centinela). Tú puedes irte a donde quieras, libre de la acusación que pesaba sobre ti. (A Antígona). Y tú, dime, no con muchas palabras, sino brevemente: ¿Conocías el bando que prohibía eso?

ANTÍGONA. Lo conocía. ¿Cómo no debía conocerlo? Público era.

CREONTE. Y aun así, ¿te atreviste a desobedecer las leyes?

ANTÍGONA. Como que no era Júpiter quien me las había promulgado, ni tampoco Justicia, la com­pañera de los dioses infernales, ha impuesto esas leyes a los hombres, ni creí yo que tus decretos tuvieran fuerza para borrar e invalidar las leyes divinas, de manera que un mortal pudiese quebrantarlas. Pues no son de hoy ni de ayer sino que siempre han estado en vigor y nadie sabe cuándo aparecieron. Por esto no debía yo, por temor al cas­tigo de ningún hombre, violarlas para exponerme a sufrir el castigo de los dioses. Sabía que tenía que morir, ¿cómo no?, aunque tú no lo hubieses pregonado. Y si muero antes de tiempo, eso creo yo que gano; pues quien viva, como yo, en medio de tantas des­gracias ¿cómo no lleva ganancia en la muerte? Así que para mí no es pena ninguna el alcanzar muerte violenta; pero lo será si hubiese tolerado que quedara insepulto el cadáver de mi difunto hermano: eso sí que lo hubiera sentido; esto no me aflige. Y si ahora te parece que soy necia por lo que he hecho, puedo decir que de necia soy acu­sada por un necio.»

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lo más visto...