viernes, 17 de abril de 2015

Teoría Crítica y razón instrumental.


Un grupo de filósofos en la década de los veinte del pasado siglo se reunieron en torno al Instituto de investigación social, dependiente de la Universidad de Frankfurt, por ello son conocidos con el nombre de “Escuela de Frankfurt”. Los representantes más importantes son Max Horkheimer, Theodor W. Adorno, Herbert Marcuse, Walter Benjamín y, en la actualidad, Jürgen Habermas. Ellos son los padres de la llamada “Teoría crítica”.

El concepto de teoría crítica parte de la undécima tesis de Marx sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho hasta ahora más que interpretar el mundo de modos diferentes; se trata de modificarlo.” No basta con conocer y describir la realidad, sino que es preciso influir en ella para transformarla. Mediante el concepto de "teoría tradicional", la Escuela de Frankfurt menciona aquel tipo de filosofía cuyo objetivo principal es el conocimiento desinteresado de la realidad. En este sentido, pertenecerían a la teoría tradicional las filosofías de Platón, Aristóteles, Descartes, Hume, Kant, etc.

Frente a este concepto de teoría tradicional, los frankfurtianos proponen el concepto de "teoría crítica", expresión con la que designan un tipo de conocimiento que intenta integrar tanto la dimensión teórica como la dimensión práctica del saber filosófico. La interpretación de la realidad sólo tiene sentido, según ellos, en la medida en que sirve para dirigir dicha realidad hacia una sociedad más libre, más justa y más racional.

La teoría crítica de la sociedad es, pues, teoría y praxis. En este sentido, tiene sus fuentes en la Crítica de la economía política llevada a cabo por Marx y en el materialismo histórico. Uno de los problemas fundamentales que aborda la teoría crítica de la sociedad es lo que podemos llamar "las paradojas del progreso técnico-científico". En efecto, frente al optimismo ilustrado que consideraba que el progreso técnico-científico iba aparejado a un progreso moral, social y político (una sociedad más justa y más libre), la teoría crítica denuncia que, por el contrario, ese progreso técnico más que haber servido de instrumento liberador se ha convertido en un mecanismo ideológico de alienación.

La teoría crítica de la sociedad fue desarrollada por los intelectuales judío-alemanes Horkheimer (1895-1973), Adorno (1903-1969) y Marcuse (1898-1979), a partir de la experiencia vivida de profunda irracionalidad e inhumanidad: la barbarie del nazismo. Como diría Adorno, el único imperativo de la especie humana es lograr que Auschwitz no se repita jamás. La teoría crítica nació y se desarrolló alentada por el interés práctico de ayudar al ser humano a responder y llevar a cabo ese imperativo.

En el análisis de la sociedad que hicieron los filósofos frankfurtianos encontraron un tipo de racionalidad que subyace en la sociedad capitalista y que es el culpable de la irracionalidad y de la opresión que dicha sociedad ejerce sobre sus miembros. A ese tipo de racionalidad podemos llamarle genéricamente "racionalidad instrumental" y contra él van los distintos análisis de la Escuela de Frankfurt.

En su intento de comprender teóricamente el concepto de racionalidad que lleva implícito la sociedad capitalista, Horkheimer acudió a la distinción entre "razón objetiva" y "razón subjetiva". Se denomina razón subjetiva a un tipo de razón que va de los medios a los fines. En ella se trata de utilizar los medios adecuados para conseguir ciertos fines propuestos y no sometidos a discusión racional. A la razón subjetiva lo único que le preocupa es resolver problemas técnicos de espaldas a las consecuencias. La razón es un mero instrumento para conseguir fines, para ello emplea las herramientas más adecuadas desde el punto de vista técnico y económico. A este tipo de razón la llamamos razón instrumental.

Frente a la razón subjetiva, los frankfurtianos han propuesto la razón objetiva. Esta clase de racionalidad está dirigida a la consecución de fines sometidos a enjuiciamientos práctico-morales. De esta forma considera que su acción se encamina a la consecución de los grandes ideales humanos de justicia y libertad, y queda así la razón al servicio de la humanidad y no ésta esclava de la razón.

En la sociedad actual se da la paradoja de que la razón instrumental ha posibilitado los medios técnicos suficientes para que la persona pueda vivir sin ser esclava de la máquina y, sin embargo, el ser humano aparece más que nunca alienado y esclavizado a las distintas fuerzas de la sociedad capitalista. La teoría crítica, en cuanto crítica de la razón instrumental, tiene la tarea de devolver al sujeto la libertad perdida en la sociedad tecnificada.

Esa crítica a la racionalidad instrumental aparece magistralmente expuesta en la obra de H. Marcuse titulada El hombre unidimensional, en la que pone de manifiesto cómo esta sociedad industrializada en la que prima la técnica por encima de cualquier otro valor conduce a un concepto de ser humano (en sentido genérico) unidimensional, cuyas características son muy parecidas a las del hombre-masa que Ortega y Gasset caracterizó en su obra La rebelión de las masas. Se trata de un individuo cuyo único interés no consiste en ser algo, sino en tener cosas, es decir, que usa la técnica en su beneficio sin evaluar los problemas que el uso desmedido de ella puede acarrearle a él mismo y a su entorno vital.

Al triunfo de la razón instrumental en el campo de las ciencias se le llama positivismo o cientifismo, actitud que para Habermas consiste en renegar de la reflexión. El positivismo supone la identificación entre la ciencia existente y el conocimiento verdadero. Pero, contra el positivismo científico convertido en ideología, y contra la sociedad posindustrializada en la que el individuo aparece alienado por sus propios productos y enfermo desde un punto de vista moral, sólo es posible luchar desde la teoría crítica y desde una nueva concepción de la razón. En la actualidad ha sido J. Habermas, heredero y representante actual de la Escuela de Frankfurt, quien mejor ha desarrollado estas ideas a partir de su teoría de los intereses del conocimiento.

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