lunes, 3 de julio de 2017

Explotar, fabricar, producir...

La técnica es un modo de desvelamiento, de descubrimiento; El artista y el artesano antiguos no son técnicos porque sean manipuladores que producen, sino porque hacen emerger la obra y los útiles. Este hacer emerger está plenamente dentro de la naturaleza. Heidegger especifica mejor aquí el tipo de violencia de la técnica antigua; no es ataque sino hacer surgir, es decir, dar a luz. Pero en la época moderna la técnica ha sido una provocación; la técnica moderna no nace de la ciencia, sino que surge de una exigencia a la Naturaleza de entregar al hombre su energía acumulada. El carbón sacado de la mina no se pone en un lugar para que esté allí, sino para que suministre calor; y éste es solicitado para que suministre vapor, presión y fuerza para poner en movimiento las máquinas. “La energía oculta en la naturaleza es abierta, lo abierto es transformado, lo transformado es almacenado, lo almacenado es de nuevo distribuido y lo distribuido es conmutado”. 

La técnica moderna es provocación; es hacer abortar productos que saca a la naturaleza de su movimiento natural. El molino de viento y el cultivo tradicional logran instalarse en la naturaleza como una prolongación de ésta sin alterar su ritmo básico. La central eléctrica y la fábrica, no. Los primeros permiten "guardar" y "cuidar"; los segundos, no. La violencia que ejercen los primeros sobre la naturaleza deja que las cosas sean como son, incluso hace que las cosas sean como son. La violencia que ejercen los segundos es el sometimiento de la naturaleza a un orden prefijado que la aparta de su ritmo. La violencia industrial exige un producto en virtud de su propia ley. Esta tendencia obliga a aparecer cosas de una determinada forma. Tal forma es especial. Ya no son obras, son productos (existencias, stocks). Algunas actividades típicas de la técnica no moderna son: cuidar de, sembrar, amasar... Algunas actividades típicas de la técnica moderna son: explotar, fabricar, producir... Hay un salto cualitativo entre ambas técnicas. La técnica moderna crea una nueva naturaleza autónoma que pone, dispone y organiza con leyes genuinamente suyas. Este orden destruye el orden originario, es decir "toda jerarquía, porque la uniformidad del elaborar lo achata todo". 

La técnica moderna necesita detener el fluir originario en ciertas unidades para poder disponer de ellas de otra manera. Da lugar así a emplazamientos de reservas carboníferas, emplazamientos de agua, etc. Al dispositivo técnico moderno sólo le interesa que los elementos de su ámbito de actuación se sometan al orden de eficacia y utilidad. Para ello necesita entenderlos de un modo completamente diferente. Una montaña deja de ser una montaña para convertirse en un emplazamiento de material de construcción. El caso es que los elementos sean manejables por los dispositivos preparados al respecto. 

El hombre moderno es, se mire como se mire, un funcionario de la técnica. Lo humano del hombre se disuelve en el cálculo, en el valor de cambio, en el poseer, en lo útil, en lo operativo. Los objetos se convierten en valor de cambio en un mercado donde todo es elaboración y donde todo llega a ser finalmente mercancía. Las montañas son canteras, los animales y plantas proteínas, el mar reserva, la atmósfera campo de operaciones... El sistema de equilibrio del hombre y la tierra resulta seriamente perturbado por los sistemas de vida modernos. El hombre moderno está acostumbrado a ver objetos y no existencias. La modernidad quiere ver cosas espaciotemporalizadas, racionalmente inteligibles y que ocupen un puesto en el sistema de la técnica. Es incapaz de ver el mar como mar, el árbol como árbol y la montaña como montaña. El mundo se convierte en un mercado y la forma de vida en un traficar. La destrucción de la libertad salta a la vista. 

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