martes, 28 de abril de 2015

Contra-control.


"Las instancias o instituciones organizadas, tales como gobiernos, religiones y sistemas económicos, y en mayor grado los educadores y psicoterapeutas, ejercen un control poderoso y, en ocasiones penoso. Ese control se ejerce de maneras que refuerzan muy efectivamente a quienes lo ejercen e, infortunadamente, esto significa usualmente prácticas que son inmediatamente aversivas para los controlados o que, a largo plazo, los explotan.

Quienes se encuentran controlados por estas prácticas inician entonces su acción. Escapan de quienes les controla saliendo de su alcance si es un individuo, desertando de un gobierno, apostatando de una religión, renunciando o no asistiendo a la escuela , o pueden atacar al poder que les controla con el fin de debilitarlo o destruirlo, como es el caso en una revolución, reforma, golpe militar o protesta estudiantil. En otras palabras se oponen al control con contra-control.

Puede llegar una situación en la cual estas fuerzas opuestas estén en equilibrio, por lo menos temporalmente, pero rara vez el resultado es la solución óptima. Un sistema de incentivos puede reconciliar el conflicto entre la administración y el trabajo; las naciones pueden mantener un balance de poder, y las prácticas gubernamentales, religiosas y educativas pueden ser efectivas sin deserción, apostasía o absentismo, pero de ninguna manera los resultados son ambientes sociales bien diseñados.

Hablamos de legisladores benévolos, maestros dedicados, terapeutas compasivos, industriales con espíritu cívico, como si su comportamiento, fuera sintomático de rasgos internos de carácter. Cuando preguntamos por qué una persona es benévola, dedicada, compasiva, o de espíritu cívico estamos examinando el efecto que tiene su comportamiento sobre los otros. (Los utilitaristas se referían a estos efectos definiendo la utilidad como «el principio que aprueba o desaprueba cualquier acción, de acuerdo con la tendencia que aparentemente tenga para aumentar o disminuir la felicidad de la parte cuyo interés está en juego», pero ésta era aprobación o desaprobación de un tercero, no de la parte inmediatamente afectada por la acción.) Las consecuencias responsables del comportamiento benévolo, dedicado, compasivo o de espíritu son formas de contra control, y cuando éstas faltan, también faltan estos rasgos de comportamiento tan admirados.

Este punto se puede ilustrar en cinco áreas en las cuales el contra-control no compensa al control, y que, por tanto, se han convertido en ejemplos clásicos de maltrato. Son el cuidado del niño pequeño, del anciano, de los prisioneros, de los psicóticos y de los retrasados. Con frecuencia se dice que quienes tienen a su cargo a estas personas carecen de compasión o de sentido ético, pero el hecho palpable es que no están sujetos a contra control. El niño y el anciano son muy débiles para protestar; los prisioneros están controlados por el poder policiaco, y los psicóticos y no pueden organizarse o actuar con éxito. Pero poco o nada se hace para corregir el maltrato, a no ser que desde fuera se introduzca un contra control comúnmente negativo.

Indudablemente, el contra-control no es la única razón por la cual una persona trata bien a otra, Podemos actuar de manera tal que la otra persona sea reforzada y a su vez no refuerce. La dotación genética humana puede incluir una tendencia corno ésta, como parece deducirse, por ejemplo, del cuidado de los padres hacia el hijo. Darwin señaló el valor de supervivencia del comportamiento altruista en un pasaje que citaré más adelante, aunque parece que sólo se incluyen en ciertas clases muy especiales de comportamiento innato. De cualquier manera, la forma como una persona trata a otra está determinada por la acción recíproca de esta última. Nada ganamos con orientarnos hacía los sentimientos. Con frecuencia se dice que las personas consuelan al afligido, curan al enfermo, dan de comer al hambriento porque simpatizan con ellos o porque comparten sus sentimientos, pero es el comportamiento con que se asocian estos sentimientos el que ha tenido el valor de supervivencia y el que se modifica con el contra-control. Nos abstenemos de herir a los demás, no porque «sepamos lo que se siente cuando se está herido», sino porque herir a otros miembros de la especie reduce la probabilidad de que sobreviva la especie, y cuando herimos a otros nos herimos a nosotros mismos.

El concepto clásico de humanitas se definía como un conjunto de virtudes, pero cualquier sentimiento de virtud se podría concebir como un subproducto de la conducta. Un hombre que practicaba la humanitas tenía confianza en el sentido de tener éxito casi siempre; trataba bien a los otros y, como resultado, los demás lo trataban bien a él; desempeñaba un papel importante en el gobierno, etc."

B. F. Skinner, "Sobre el conductismo". 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lo más visto...