viernes, 12 de septiembre de 2014

La filosofía y su sombra.


“La filosofía no supone, como se ha creído tantas veces, la primera manifestación de un pensamiento “abstracto” liberado de imágenes ni tan siquiera la culminación del esfuerzo reflexivo humano y su concentración en un concepto que resume la totalidad del universo -así por ejemplo, el “ser” de Parménides-. Ya desde Mauss sabemos que los pueblos llamados primitivos poseen categorías como las de “maná” de sutileza y extensión semejante; por otra parte, cualquier lexema de una lengua implica una selección o, si se quiere, una “abstracción” de datos sensoriales agrupados según un criterio no fundado, por así decirlo, en las cosas mismas (es decir, “no motivado”). La sutileza y el ingenio no se mide por la capacidad de producir conceptos como el de “ser”, tan extenso como vacíos, cuanto por la capacidad de llevar a cabo sutiles distinciones en el seno de lo que puede parecer homogéneo, tal y como llevan a cabo en léxico botánico o zoológico algunas poblaciones reputadas como primitivas. La filosofía no significa en este sentido el paso del Mito al Logos, ni nada parecido. Significa la instauración de las condiciones que permiten el paso de una sabiduría “libre” a un saber escindido de un no-saber.


Y en este sentido, la prohibición de transitar por ciertas vías desempeña una función similar a la que cumple el incesto en el seno de las relaciones humanas. El tabú del incesto constituye, en efecto, la condición o el a priori del paso de una relación natural (parentesco) a una relación social-cultural (alianza). Así mismo, la filosofía, en tanto que “luz roja” sobre un cierto sector del saber, constituye la condición de posibilidad del paso de una Sabiduría “libre” (sólo constreñida por normas implícitas) a un saber de otro orden: constituye la condición de aparición de un “saber científico” escindido de un no-saber."


Eugenio Trías. La Filosofía y su sombra.

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