jueves, 28 de agosto de 2014

La amistad

Tan sólo una semana fue el plazo que la dicha
os dio para estar juntos, para sentir que a veces
puede la vida ser distinta y tan hermosa
como el deseo siempre la soñara.

El mes de julio, ya casi cumplido,
os reunió en ese pueblo que tú tan bien conoces,
porque en él tus mayores levantaron su casa
y con amor plantaron, a su costado, un huerto
en el que te gustaba jugar cuando eras niño.

El verano de rubia cabellera
pasaba lentamente por los campos del sur,
derramando en la tierra con mano generosa
la abundancia madura de sus dones.
Fueron días perfectos, tutelados acaso
por la mirada cómplice de algún dios que asentía.

Tan lejos ya de todo aquello, ahora
a tu memoria acuden las imágenes
que en ese tiempo tienen sus raíces:
noches que sostenían hasta el alba
el placer de la charla, del alcohol y la música;
la pequeña piscina que había junto al joven
árbol del paraíso, en la que a veces
vuestros cuerpos desnudos se sentían
ebrios de libertad en la madrugada;
aquel amanecer —ya el último— a la orilla
del mar cercano...
Y tantas, tantas cosas.

No pienses que fue breve la hermosura
de esos días que hoy cantas, ni escasa la alegría
que la fortuna os diera:
la belleza
sólo un tiempo requiere, y su fugaz reinado
tiene la permanencia de lo eterno
Confórmate
y recuerda.
Porque el recuerdo sabe
prolongar el pasado, impedirle a la sombra su cosecha de olvido.
No lamentes que el fin
ya en el principio aguarde.
Y sin dolor acepta
la gloria melancólica de saber que has vivido.

Eloy Sánchez Rosillo


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