sábado, 21 de abril de 2018

Un docente es alguien que inspira a que el otro se transforme.

- ¿Qué implica salir de la caverna hoy? ¿Cuál es el rol de la educación y la Universidad?

- Salir de la caverna hoy para mí tiene que ver con una relectura de la alegoría platónica, en no pensar en que uno alcanza una realidad verdadera sino que hoy salir de la caverna sería despojarte de aquella cotidianeidad que das por supuesta y entonces entrar en una caverna mayor, una caverna mayor que al principio se te presenta con toda su diferencia con respecto a la anterior y te brinda respuestas nuevas, pero que lentamente también vas entendiendo que se trata de otro dispositivo, por eso creo que una pedagogía emancipatoria hoy en el mundo de la educación tendría que tener que ver más con inspirar a los estudiantes a estar saliendo permanentemente de cavernas, salir de la caverna es un ejercicio permanente, una revolución permanente. 

- Ahí cobra gran importancia el docente y su relación de poder con el alumno…

- Entiendo que están cambiando mucho los tiempos a nivel material, tecnológico y que el aula tradicional ha muerto y no se sostiene hoy un vínculo docente con el alumno como en el siglo pasado. Sobre todo porque cualquier estudiante nuestro de enseñanza media ya sabe más que un profesor porque tiene mayor capacidad de acceso a la información que circula, con lo cual obliga a repensar cuál es la función docente. Creo que cada vez menos tiene que ver con los contenidos y cada vez más con provocar un acontecimiento educativo que es otra cosa, que es inspirar a que los estudiantes busquen su propia transformación. Yo lo resumiría así: un docente es alguien que inspira a que el otro se transforme. Un docente y un estudiante mantienen una relación de poder y esa relación de poder por suerte genera la mutua transformación y de alguna manera de lo que se trata es de que esa diferencia se sostenga porque si no, el poder se vuelve abusivo y entonces el docente termina disolviendo la otredad del alumno para conformarlo de acuerdo a su propia expectativa.

Entrevista a Darío Sztajnszrajber (5/4/2008)


viernes, 20 de abril de 2018

Diplomas de filosofía.

"Mientras mayor sea la importancia de la actividad intelectual, más ridícula es la pretensión de avalar la competencia de quien la ejerce. Un diploma de dentista es respetable, pero uno de filósofo es grotesco."


Nicolás Gómez Ávila, Escolios.




jueves, 19 de abril de 2018

El Dios de Spinoza.

Cuando Einstein era invitado a dar una conferencia en alguna universidad americana la pregunta recurrente que le hacían los estudiantes era:
-¿Cree Ud. en Dios?
Y él siempre respondía:
-Creo en el Dios de Spinoza.

Y claro, los que no habían leído a Spinoza se quedaban en las mismas…




miércoles, 18 de abril de 2018

La inautenticidad de la post-política.

"El ámbito de las relaciones capitalistas constituye la Otra Escena de la supuesta repolitización de la sociedad civil defendida por los partidarios de las "políticas identitarias" y de otras formas postmodernas de politización: todo ese discurso sobre esas nuevas formas de la política que surgen por doquier en torno a cuestiones particulares (derechos de los homosexuales, ecología, minorías étnicas...), toda esa incesante actividad de las identidades fluidas, oscilantes, de las múltiples coaliciones ad hoc en continua reelaboración, etc., todo eso tiene algo de profundamente inauténtico y nos remite, en definitiva, al neurótico obsesivo que bien habla sin cesar bien está en permanente actividad, precisamente con el propósito de asegurarse de que algo - lo que importa de verdad - no sea molestado y siga inmutable. El principal problema de la actual post-política, en definitiva, es que es fundamentalmente interpasiva."

                                         Slavoj Žižek, líneas finales de En defensa de la Intolerancia, 2008.


martes, 17 de abril de 2018

La evolución de nuestra sociedad.


Por Yzan Pérez.

No suelo leer libros por mi cuenta que no sean obligatorios para clase, pero hace años tuve la suerte de encontrarme por casa dos ejemplares a los que no tardé en engancharme: 1984 (Orwell) y Un mundo feliz (Huxley). Años después de leerlos, por fin les encuentro una relación con el mundo real a ambos, y tengo mucho que hablar sobre las conclusiones y reflexiones que he extraído de ellos.

Si en plena época de la Ilustración gritásemos por la calle que la ciencia no conducirá a la felicidad ni al progreso social en el futuro, probablemente nos caerían dos guantazos y se reirían de nosotros. Hoy, trescientos años más tarde, no parece una idea tan descabellada si miramos a nuestro alrededor. El avance tecnológico apuntaba a mejorar nuestro mundo en todos los aspectos, pero realmente no ha hecho más que destruir los recursos del planeta y crear una sociedad infeliz y totalmente vigilada. George Orwell plasmó esta idea en su novela 1984, la cual presenta el mundo más sórdido imaginable pero cuyas similitudes con el nuestro llegan a asustar. En su distopía ficticia, el desarrollo de la tecnología se enfocó hacia el control de la población por parte de las grandes élites, teniendo sistemas de vigilancia audiovisual tanto en la calle como en los dormitorios de las familias. También presenta la "policía del pensamiento", una patrulla que persigue a aquellos que no están a favor del sistema que dirige su vida y les castiga por subversión. Finalmente, incluye en su novela al Ministerio de la Verdad, encargado de reescribir la historia al gusto del poder para envolver así a los ciudadanos en un mundo que los poderosos controlan.

En cuanto a la intención de control global que Orwell veía en el avance tecnológico, basta con nombrar a los smartphones de nuestra sociedad. Los gobiernos y empresas conocen todos nuestros gustos e intereses, pues se los estamos mostrando cada vez que ejecutamos una búsqueda en Google desde nuestro teléfono. Esto hace que sepan con qué información bombardearnos para entretenernos y así dejar de pensar en cosas más importantes que hagan temblar su posición de poder. Cuando en una película los policías le "pinchan" el teléfono al asesino sin que este se entere, están ejecutando el simple proceso de pedirle a su compañía telefónica acceso total a sus datos. Son muchas las especulaciones que hablan sobre un pacto entre estas compañías y los gobiernos para controlar nuestros mensajes y llamadas con la excusa de prevenir atentados e ilegalidades por el estilo. En cuanto a la Policía del pensamiento, hago mención de la Ley Mordaza, el encarcelamiento de raperos, las condenas a escritores de Twitter, las palizas en manifestaciones por los presos políticos y la reciente prohibición del libro Fariña (el cual destapa la red de narcotráfico controlada por el gobierno y las autoridades gallegas durante los años ochenta y noventa).

Ahora voy a pasar al mundo de Huxley. Su distopía es la misma que la orwelliana, pero los métodos para alcanzarla son distintos. El control de las personas que presenta este segundo autor no se basa ni en prohibir ni en censurar, sino en hiperestimular, un bombardeo constante de publicidad y entretenimiento barato que ensordece a la sociedad. El nombre que Huxley le da a esto en su mundo imaginario es "soma". El soma es una droga alucinógena y antidepresiva de efecto instantáneo que toman los habitantes de Un mundo feliz cuando la hiperestimulación no funciona. Les envuelve en una falsa sensación de entretenimiento y felicidad, pero cuando la dejan sienten una sensación de vacío hasta que vuelven a consumirla. El soma de nuestros días podrían ser los realitys y la telebasura, las redes sociales (cuando se está enganchado a ellas) y las apuestas online. Tanta información por segundo hace que nuestro cerebro ignore el mal funcionamiento del mundo para quedarse con las imágenes coloridas, placenteras y banales que el soma nos da.

Personalmente, me parece que la visión de Orwell y Huxley es bastante radical, pero hay que darle tiempo al tiempo. Tal vez no predijeron el momento exacto para la llegada de sus distopías al mundo real, pero si cuanto más pasa el tiempo más se van pareciendo sus libros a nuestras vidas, ¿quién dice que en un futuro no serán completamente iguales? ¿Seremos conscientes de ello si algún día ocurre o estaremos cegados por el soma del futuro?

lunes, 16 de abril de 2018

La sociedad industrial y su futuro.

1. La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Ha aumentado enormemente la expectativa de vida de aquellos de nosotros que vivimos en países «avanzados», pero ha desestabilizado la sociedad, ha hecho la vida imposible, ha sometido a los seres humanos a indignidades, ha conducido a extender el sufrimiento psicológico (en el tercer mundo también el sufrimiento físico) y ha infligido un daño severo en el mundo natural. El continuo desarrollo de la tecnología empeorará la situación. Ciertamente someterá a los seres humanos a grandes indignidades e infligirá gran daño en el mundo natural, probablemente conducirá a un gran colapso social y al sufrimiento psicológico, y puede que conduzca al incremento del sufrimiento físico incluso en países «avanzados». 

2. El sistema tecnológico-industrial puede sobrevivir o puede fracasar. Si sobrevive, PUEDE conseguir eventualmente un nivel bajo de sufrimiento físico y psicológico, pero sólo después de pasar a través de un periodo de ajuste largo y muy penoso y sólo con el coste permanente de reducir al ser humano y a otros muchos organismos vivos a productos de ingeniería y meros engranajes de la maquinaria social. Además, si el sistema sobrevive, las consecuencias serán inevitables: no hay modo de reformar o modificar el sistema así como prevenirlo de privar a la gente de libertad y autonomía. 

3. Si el sistema fracasa las consecuencias aún serán muy penosas. Pero cuanto más crezca el sistema, más desastrosos serán los resultados de su fracaso, así que, si va a fracasar, será mejor que lo haga antes que después. 

4. Por eso nosotros abogamos por una revolución contra el sistema industrial. Esta revolución puede o no usar la violencia: puede ser súbita o puede ser un proceso relativamente gradual abarcando pocas décadas. No podemos predecir nada de eso. Pero sí delineamos de una forma general las medidas que aquellos que odian el sistema industrial deberían tomar para preparar el camino para una revolución contra esta forma de sociedad. No debe ser una revolución POLÍTICA.  Su objeto no será derribar gobiernos, sino las bases económicas y tecnológicas de la sociedad actual.” 


Theodore John Kaczynski, también conocido con el sobrenombre de Unabomber, es un asesino, terrorista y matemático estadounidense conocido por enviar cartas bomba a grandes corporaciones y prestigiosas universidades motivado por su odio y desprecio hacia la sociedad moderna y tecnológica. Kaczynski envió una carta al diario The New York Times el 24 de abril de 1995 y prometió "cesar el terrorismo" si el The New York Times o el The Washington Post publicaban su manifiesto, del cual extraemos el anterior fragmento.

domingo, 15 de abril de 2018

Vivamos y amémonos.

Vivamos, Lesbia mía, y amémonos.
Que los rumores de los viejos severos
no nos importen.
El sol puede salir y ponerse:
nosotros, cuando acabe nuestra breve luz,
dormiremos una noche eterna.
Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta, no la sabremos nosotros
ni el envidioso, y así no podrá maldecirnos
al saber el total de nuestros besos.


* * *

Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum seueriorum
omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit breuis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.
Dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut nequis malus inuidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.

* * *

Gayo Valerio Catulo, “Poema V”.


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