lunes, 25 de junio de 2018

Pienso luego existo: Fernando Savater


La 2 - 25 de septiembre de 2011

Para el filósofo Fernando Savater "el mundo está lleno de genios pero hacen falta maestros. A mí me gustaría ser maestro más que genio". Sus opiniones, su vitalidad o su ironía le han convertido en uno de los pensadores más conocidos, derivado además de su afán de hacer accesible la filosofía a un gran público y por presentarla de modo que todo el mundo pueda entenderla. Savater es Catedrático de Filosofía y escritor, y ha publicado más de ochenta obras de distintos géneros. Es además profesor en la facultad de filosofía de las Universidades de Madrid y Euskadi. Su libro Ética para Amador ha sido traducido a más de veinte idiomas. Ha ganado los premios Planeta, Anagrama y el Nacional de Ensayo. En el programa también intervendrán el pintor Eduardo Arroyo, amigo del protagonista y compañero de algunas luchas; el catedrático de Filosofía del Derecho, Julián Sauquillo, especialista en la obra de Savater; y Juan Antonio Rivera, también catedrático de Filosofía, que habla del estilo en la escritura de Savater que define como "no académico, desenfadado y original".

sábado, 23 de junio de 2018

¿Es necesario el Estado?

Por Nerea del Valle.

¿Es necesario el Estado? Esta es una pregunta a la que han intentado dar respuesta distintos filósofos. Cada uno ha aportado a lo largo de la historia su opinión, por lo que hay una diversidad y contraste de ideas entre aquellos que se posiciona a favor y aquellos que se posiciona en contra. Ninguno de ellos, de todas formas, ha dado una respuesta absoluta, lo que técnicamente, considero imposible o muy difícil de realizar, pues el ser humano no es una máquina que funcione siguiendo procesos o mecanismos. Por tanto, una sociedad o conjunto de personas, tampoco funciona como tal, y por ello no existe una clave o fórmula que responda a esta cuestión y clausure la pregunta.

Por un lado, dentro del grupo de pensadores que sostenían que el Estado es necesario, hay una teoría o forma de pensar que denomina al hombre como “el buen salvaje”. Esta concepción proviene de las teorías roussonianas e influye en dos ideologías muy conocidas como son el marxismo y el anarquismo. Bien, la política del buen salvaje consiste en el pensamiento de que el hombre, el cual puede vivir perfectamente al margen de la sociedad, sin un poder que lo controle, es decir en el Estado de Naturaleza, es un ser libre, bueno y generoso, que no conocen envidias, egoísmos o comportamientos innobles (pues estos vienen de la mano con la sociedad). Según esto, en definitiva, la naturaleza del hombre es ser bueno y no pertenecer a una sociedad organizada.

La teoría marxista y la teoría anarquista comparten esta concepción del hombre. La primera, analiza también de las desigualdades entre las diferentes clases sociales. La segunda, cree firmemente que las leyes y el poder someten al ser humano privándolo de su libertad, por lo que apuesta por destruirlo totalmente para acabar con toda forma de jerarquización y ser todos iguales.

Estas ideas son muy atractivas, y precisamente por eso, se convierte en una utopía inalcanzable en la sociedad la que vivimos. Coincidiendo con Rousseau, opino que, por muy de acuerdo que alguien esté con esto, debe admitirse que la dificultad de destruir en la actualidad toda forma de organización estatal y de poder es muy alta. Por ello, este filósofo optaba más por la idea de modificar la estructura de poder y así volverla más justa. Esto es algo favorable y que sí debería hacerse para que el ser humano viviera en armonía.

Esto no quiere decir que concuerde con que el hombre sea bueno por naturaleza y sea la sociedad la que lo corrompa. En una agrupación de individuos siempre hay diversidad de opiniones, culturas y ideología, y esta diversidad hace que surjan las disputas. Lo mismo, pero mayor escala, ocurre en una sociedad y, sin un poder que se imponga y establezca unas leyes, bajo mi punto de vista, la vida sería miserable.

Esta imposibilidad de la vida el estado de naturaleza es la que sostenían, por ejemplo, Aristóteles y Hobbes. Para Aristóteles, somos animales políticos. Todo lo contrario a lo anterior mencionado, él sostiene que forma parte de la naturaleza humana el vivir en sociedad. Si esto no es así, ¿por qué han tenido todas las agrupaciones humanas a evolucionar hacia una sociedad organizada en torno poder? El hombre necesita la comunidad para ser humano, y no sólo para que haya un orden político que resuelva las disputas o que los conflictos se resuelvan tomando cada uno la justicia por su mano. De esta manera logra el hombre una vida pacífica.
Considero el estado necesario, ya que una gran agrupación de personas necesita una jerarquía que ordene para que todo marche perfectamente y se avance, tanto social como tecnológicamente. Sin gobierno, el hombre seguiría día de hoy viviendo en la naturaleza como antaño, con mínimas esperanzas de vida y sufriendo atrocidades. Es en la sociedad donde el animal que es el hombre adquiere virtud. Y así hemos llegado a ser como somos hoy en día.

Ahora bien, también es cierto que algunas ideas de carácter roussoniano deberían ser tenidas en cuenta a la hora de organizar una sociedad, pues es injusto que unos pocos privilegiados que tienen el poder se beneficien de toda la riqueza habiendo tanta población necesitada y pobre. Los dirigentes o gobernantes deberían velar por el bien de la sociedad, luchar contra la discriminación o exclusión social, y asegurar a todos los ciudadanos las mismas oportunidades sean de la clase social que sean.

viernes, 22 de junio de 2018

Despedida de Zaratustra.

La veneración al maestro es una forma de idolatría que debemos erradicar si queremos ser verdaderamente libres. Nietzsche es un verdadero libertador del pensamiento, y mal haríamos si tratáramos de convertir sus enseñanzas en dogmas. Leamos el consejo que Zaratustra regala a sus seguidores:
"Cuando Zaratustra hubo dicho estas palabras calló como quien no ha dicho aún su última palabra; largo tiempo sopesó, dudando, el bastón en su mano. Por fin habló así: – y su voz se había cambiado.
¡Ahora yo me voy solo, discípulos míos! ¡También vosotros os vais ahora solos! Así lo quiero yo.
En, verdad, este es mi consejo: ¡Alejaos de mí y guardaos de Zaratustra! Y aún mejor: ¡avergonzaos de él! Tal vez os ha engañado.
El hombre del conocimiento no sólo tiene que saber amar a sus enemigos, tiene también que saber odiar a sus amigos.
Se recompensa mal a un maestro si se permanece siempre discípulo. ¿Y por qué no vais a deshojar vosotros mí corona?
Vosotros me veneráis: pero ¿qué ocurrirá si un día vuestra veneración se derrumba? ¡Cuidad de que no os aplaste una estatua!
¿Decís que creéis en Zaratustra? ¡Mas qué importa Zaratustra! Vosotros sois mis creyentes, mas ¡qué importan todos los creyentes!
No os habiáis buscado aún a vosotros: entonces me encontrasteis. Así hacen todos los creyentes: por eso vale tan poco toda fe.
Ahora os ordeno que me perdáis a mí y que os encontréis a vosotros; y sólo cuando todos hayáis renegado de mí, volveré entre vosotros.
En verdad, con otros ojos, hermanos míos, buscaré yo entonces a mis perdidos; con un amor distinto os amaré entonces." 
Nietzsche, Así habló Zaratustra, «De la virtud que hace regalos». Trad. Andrés Sánchez Pascual. AlianzaEditorial, Madrid.



jueves, 21 de junio de 2018

Noam Chomsky y la destrucción de la solidaridad.


Fragmento del documental REQUIEM PARA EL SUEÑO AMERICANO, donde Chomsky describe los 10 principios de la concentración de la riqueza y del poder.

miércoles, 20 de junio de 2018

Capitalismo alternativo.

Por Clara Menéndez.

Un hospital oftalmológico en La India, una compañía de mediación en conflictos sobre la propiedad y los desalojos de viviendas, una plataforma educativa y una empresa bancaria en Brasil o microcréditos en México son una muestra de lo que la película documental ”El nuevo capitalismo” nos presenta como alternativa a un capitalismo ultraliberal y salvaje que en el año 2008 desembocó en una crisis económica global que acentuó más si cabe las desigualdades. Un informe publicado por OXFAM demostró que el 1% más rico de la población mundial posee la misma riqueza que el 99% restante.

Ante esta evidente desigualdad, ante un sistema que cada día pone en situación de marginación a millones de individuos en el mundo es nuestro deber preguntarnos en qué tipo de sociedad queremos vivir y si existe una alternativa para alcanzar un mundo más justo y más inclusivo.

El capitalismo es un sistema económico y social basado en la propiedad privada de los medios de producción, el libre mercado, el capital como fuente para generar riqueza y una mínima interferencia del Estado. La actividad económica se organiza de manera que las personas que poseen los medios de producción puedan obtener un beneficio económico y aumentar su capital. El sistema se ampara en medios de producción privado que funcionan con el trabajo colectivo para obtener una riqueza que va a recaer de nuevo en la propiedad privada del capitalista. La mínima injerencia del Estado permite abaratar costes para obtener mayores beneficios produciéndose así un aumento del enriquecimiento de unos pocos a costa del empobrecimiento de los más vulnerables y aumentado la desigualdad económica y social. 

En el lado opuesto el socialismo defiende el concepto de propiedad social de los elementos de producción para un reparto equitativo de la riqueza; sin embargo, se trata de un sistema fracasado con un control absoluto por parte del Estado que en los antiguos regímenes comunistas iba más allá del control económico. En algunos casos el socialismo evolucionó hacia posturas más abiertas hacia el libre comercio bajo ciertas premisas de control económico por parte de los gobiernos y la protección del ciudadano para evitar situaciones de desigualdad o abuso social, sistemas económicos mixtos como es el caso de la socialdemocracia.

Sin embargo, hace una década, la crisis económica nos abrió los ojos a una realidad, y es que el actual sistema capitalista, presente y asentado en la mayor parte del mundo ha tocado techo y necesita ser revisado. Los emprendedores que aparecen en la película intentan dar respuesta a la necesidad de construir un mundo más justo ante la desigualdad social y lo hacen utilizando lo que el sistema nos ofrece, construyendo un nuevo capitalismo más justo y humano. Son fundadores de empresas con impacto social. Creen que es posible tener negocios rentables y al mismo tiempo poner fin a la pobreza del mundo. Son emprendedores, profesionales ambiciosos y preparados, implicados en sus comunidades y conocedores de las necesidades de sus países que creen que la iniciativa privada puede ser en ocasiones más rápida y efectiva para resolver los problemas de la gente. Pero mientras el capitalismo tradicional persigue la búsqueda del rendimiento financiero a costa de la búsqueda del impacto social, estos emprendedores creen y demuestran que es posible un impacto social positivo y un rendimiento positivo. Demuestran que si aparcamos la palabra avaricia podemos alcanzar una sociedad más sustentable e inclusiva.


martes, 19 de junio de 2018

La tiranía de la sociedad.

“Como las demás tiranías, esta de la mayoría fue al principio temida, y lo es todavía, cuando obra, sobre todo, por medio de actos de las autoridades. Pero las personas reflexivas se dieron cuenta de que cuando es la sociedad misma el tirano, sus medios de tiranizar no están limitados a los actos que puede realizar mediante sus funcionarios políticos. La sociedad puede ejecutar, y ejecuta, sus propios decretos; y si dicta malos decretos en vez de buenos, o si los dicta a propósito de cosas en las que no debería mezclarse, ejerce una tiranía social más formidable que muchas de las opresiones políticas, ya que si bien no suele tener a su servicio penas tan graves, deja menos medios para escapar de ella, pues penetra mucho más en los detalles de la vida y llega a encadenar el alma. Por eso no basta la protección contra la tiranía del magistrado. Se necesita también la protección contra la tiranía de la opinión y sentimiento prevalecientes; contra la tendencia de la sociedad a imponer, por medios distintos de las penas civiles, sus propias ideas y prácticas como reglas de conducta a aquellos que disientan de ellas; a ahogar el desenvolvimiento, a impedir la formación de individualidades originales y a obligar a todos los caracteres a moldearse sobre el suyo propio”.
John Stuart Mill, “Sobre la libertad”


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