viernes, 20 de julio de 2018

Lo que no sabía el señor Peel.


Althusser dirige en 1965 el seminario “Lire Le Capital” donde propone una nueva forma de leer a Marx distinta y hasta opuesta a la que había sido habitual en la tradición marxista. Marx escribió mucho, pero lo hizo de forma un tanto caótica: muchos textos son inconclusos por lo que no son publicados, incluso alguno casi terminado, como los Grundisse tampoco es publicado; en cambio Marx dedica las dos últimas décadas de su vida a escribir su obra definitiva, El Capital, pero solo logra publicar el libro primero. En resumen: lo que publica no lo termina y lo que casi termina no lo publica. Ante este panorama... ¿qué hacer? ¿cómo abordar la obra de Marx? La tradición marxista había prestado especial atención a la obra de juventud de Marx, donde se abordan las cuestiones de carácter más filosófico y no había discriminado entre los textos publicados y no publicados. La propuesta de Althusser es la opuesta: interpretar a Marx partiendo de sus últimos textos, pero especialmente aquellos que él mismo consideró dignos de ser publicados, es decir, básicamente del libro primero de El Capital. ¿Qué encontramos en esta obra? Lo que llama la atención, a juicio de Althusser, es más bien lo que no encontramos: no encontramos una teoría general de la historia y el método dialéctico aparece relegado en favor de una metodología más bien analítica.

Fdez Liria, en la línea de Althusser, nos propone leer a Marx como un platónico antes que como un hegeliano. Recordemos que en los diálogos platónicos Sócrates propone a sus interlocutores la definición de una idea: ¿qué es la virtud? ¿qué es la justicia? ¿la belleza?, etc. El diálogo siempre se desarrolla de similar manera: el interlocutor pone ejemplos o se limita a enumerar las partes de lo que se busca y Sócrates le hace ver que no es eso lo que él ha preguntado. La pregunta socrático-platónica es siempre por un eidos, una forma o estructura que está oculta, pero es la esencia de aquello que estamos investigando y si no lo aprehendemos de algún modo no entenderemos nada. Pues bien el camino que sigue Marx es el mismo: ¿Qué es el capitalismo? ¿qué es el capital?

Veamos si podemos ilustrar este procedimiento mediante una pequeña historia, casi una anécdota pero, a mi juicio, muy reveladora. En el último capítulo del Libro I de El capitalMarx hace referencia a una curiosa historia: un emprendedor capitalista, el señor Peel, había decido montar una empresa en tierras coloniales, en Nueva Holanda concretamente, la actual Australia, y, con este fin, había transportado en varios barcos todo lo necesario: el capital, los medios de producción y la fuerza de trabajo. Tenía el dinero necesario para empezar el proyecto (£ 50.000), transportaba las máquinas necesarias, hasta el último tornillo e incluso, como no se fiaba de la población indígena, llevaba consigo a 3000 personas, hombres, mujeres y niños en calidad de asalariados. Todos ellos habían firmado un contrato en la metrópoli en virtud del cual se comprometían a trabajar para el Sr Peel. En resumen, el Sr Peel trasladó a Nueva Holanda todas las partes de una sociedad capitalista que quería reproducir en la colonia. Sin embargo la expedición fue un fracaso. En palabras de Marx:
«Los obreros del señor Peel dejaron de serlo en cuanto desembarcaron en un continente con suficientes tierras vírgenes para transformarse en campesinos independientes. Colonizaron pedazos de tierra, se dedicaron a criar ganado y se hicieron artesanos, y algunos que tuvieron suerte en estos menesteres «se convirtieron incluso en competidores de sus ex patrones en el mercado mismo de trabajo asalariado». «¡Imagínese usted qué atrocidad! -comenta Marx-, el honesto capitalista ha importado él mismo de Europa, con su propio dinero contante y sonante, a sus propios competidores, ¡y en persona!» (MEGA. II. 6:688).
El Sr Peel había transportado a la colonia todas las partes de un sistema capitalista, pero como decía Levi-Strauss “un sistema o configuración es siempre algo más que la suma de sus partes”. Lo que no pudo exportar el Sr Peel es aquello que hace que las partes se comporten como un todo, lo que no pudo implantar en la colonia fueron las relaciones de producción capitalista. Los obreros del Sr Peel no se comportaban como obreros porque tenían a su alcance medios de producción (tierras, herramientas, semillas, ganado, etc) que les permitían vivir de una manera más digna, o dicho de otra manera: las condiciones que hacían de una persona un obrero no existían todavía en la colonia, por eso los obreros dejaron de serlo en cuanto desembarcaron; porque las personas, naturalmente, prefieren una vida libre aunque frugal a una vida de miseria y explotación.

Entonces, debemos preguntarnos, ¿por qué no ocurría lo mismo en la metrópoli? ¿por qué esos mismos obreros cuando estaban en Europa aceptaban trabajar en pésimas condiciones, interminables jornadas, por un sueldo miserable? La respuesta es obvia: porque en Europa no les quedaba más remedio, no tenían otra opción. Para instaurar relaciones de producción capitalistas, por tanto, previamente hay que aniquilar las condiciones generales de trabajo de una población, hay que expropiar violentamente a una población de sus medios de producción. Esto es justo lo que ocurrió en Gran Bretaña. El proletariado británico está compuesto, a mediados del siglo XIX, por hijos y nietos de campesinos ingleses, escoceses e irlandeses expropiados y expulsados de su tierra natal. Cientos de miles de campesinos fueron violentamente expropiados a punta de bayoneta a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Se crea así, de manera artificial, hambre en la población para que los proletarios, “de manera voluntaria” puedan elegir acudir al mercado de trabajo. Sin embargo este brutal acontecimiento ya se había olvidado en los países avanzados de Europa a mediados del siglo XIX, y este olvido, naturalmente, es aún más profundo en el siglo XXI. Pero esta es la verdad del capitalismo, el crimen original sin el cual no hubiera sido posible la instauración de las relaciones capitalistas de producción.

Esta es la principal lección que Althusser extrae de la obra de Marx: aquello que hace posible el capitalismo es invisible, una estructura que no aparece, permanece oculta, olvidada. Como el eidos platónico la estructura del sistema capitalista es invisible pero sus efectos son bien tangibles. La verdad del capitalismo, como el Sr Peel, tuvo ocasión de comprobar, no está en la revolución industrial, ni en el derecho de propiedad burgués, ni siquiera en el capital, es decir, en el dinero. La verdad del capitalismo es, en palabras de Marx:
«El modo capitalista de producción y de acumulación y, por ende, también la propiedad privada capitalista, presuponen el aniquilamiento de la propiedad privada que se funda en el trabajo propio, esto es, la expropiación del trabajador» (MEGA, II, 6:692).
Esto es justo lo que no sabía el Sr Peel.

Por Óscar Sánchez Vega.
Publicado por primera vez el 4 de Julio de 2018 en www.feacios.com

jueves, 19 de julio de 2018

Las relaciones de producción.

"El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corres­ponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la es­tructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia" 

K. Marx, Prólogo a la contribución a la crítica de la economía política, 1859.

Huelga de obreros en Vizcaya, de Vicente Cutanda y Toraya.

miércoles, 18 de julio de 2018

"Opiniones expertas"

"He aquí el problema: se supone que los expertos científicos saben, pero no saben. La propagación de la ciencia en nuestra sociedad tiene dos características inesperadas: confiamos cada vez más en expertos, inclusive en las esferas más íntimas de nuestra experiencia (sexualidad y religión), pero esta omnipresencia de la ciencia transforma el conocimiento científico en un campo inconsistente de múltiples explicaciones contradictorias. La expresión “opinión experta”, comúnmente usada, es indicativa de esta nueva situación: en los viejos tiempos, nosotros, comunes mortales, teníamos múltiples opiniones, mientras que de los expertos esperábamos una verdad científica única; lo que recibimos ahora de la ciencia es una multiplicidad de “opiniones expertas” contradictorias."

Slavoj Žižek, Bienvenidos a tiempos interesantes, 2011, La Paz, pag 56


martes, 17 de julio de 2018

Desarrollo sostenible.

"Proponemos, para concluir este libro, un ejercicio de reflexión. Se trata de una gráfica elaborada por el Global Footprint NetWork (Uni­versidad de California), bajo la dirección de Mathis Wackernagel, el científico que acuñó el concepto de «huella ecológica». Es bien sencillo. El eje vertical representa el índice de desarrollo humano (IDH), elaborado por las Naciones Unidas para evaluar las condiciones de vida de los ciudadanos tomando como indicadores la esperanza de vida al nacer, el nivel educativo y el PIB per cápita. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera que el IDH es «alto» cuando es igual o superior a 0.8, estableciendo que, en caso contrario, los países no están «suficientemente desarrollados». En el eje horizontal se calcula cuántos planetas Tierra serían necesarios en el caso de que se generalizara a todo el mundo el nivel de consumo de un país dado. Wackernagel y su equipo hicieron los cálculos para 93 países entre 1975 y 2003. Los resultados son estremecedores y sor­prendentes. Si, por ejemplo, se llegara a generalizar el estilo de vida de Burundi, nos sobraría aún más de la mitad del planeta. Pero Burundi está muy por debajo del nivel satisfactorio de desarrollo (0,3 de IDH). En cambio, el Reino Unido, por ejemplo, tiene un IDH excelente. El problema es que, para conseguirlo, necesita consumir tantos recur­sos que, si su estilo de vida se generalizase, harían falta tres planetas Tierra. Estados Unidos tiene también una buena nota en desarrollo humano, pero su «huella ecológica» es tal que serían necesarios más de cinco planetas para generalizar su estilo de vida. Al repasar el resto de los 93 países, se comprende que hay motivos para que el trabajo de Wackernagel se titule El mundo suspende en desarrollo sostenible. Como no hay más que un planeta Tierra, es obvio que solo los países que se sitúen en el área coloreada de la gráfica (por encima de un 0,8 en IDH, sin sobrepasar el número 1 de planetas disponibles) tienen un desarrollo sostenible. En los otros tres cuadrantes de la gráfica, nos encontramos con economías sostenibles pero subdesarrolladas, con economías subdesarrolladas e insostenibles y con economías desarro­lladas pero insostenibles. Este último es el lugar que ocupamos, el co­rrespondiente a todo el primer mundo, por lo que nunca deberíamos ser un modelo que imitar, al menos para los políticos que quieran con­servar el mundo a medio plazo o que no estén dispuestos a defender su derecho (¿quizá racial, divino o histórico?) a vivir indefinidamente muy por encima del resto del mundo." 

Carlos Fdez Liria, Gramsci y Alhusser. El capitalismo hoy, 2015.



lunes, 16 de julio de 2018

Democracia y Verdad.

"No hay razones para despreciar las elecciones democráticas; de lo que se trata es de insistir en que no hay en ellas indicaciones de la Verdad per se: por regla, las elecciones tienden a reflejar la doxa predominante, aquella determinada por la ideología hegemónica. Pensemos en un ejemplo que con seguridad no es problemático: Francia en 1940. Inclusive Jacques Duclos, el segundo hombre del Partido Comunista Francés, admitió en una conversación privada que si, en ese momento, se hubiesen realizado elecciones en Francia, Marshal Pétain habría ganado con un 90% de los votos. Cuando de Gaulle, en un histórico acto, rehusó reconocer la rendición a los alemanes y siguió resistiendo, cuando afirmó que era sólo él, no el régimen de Vichy, quien hablaba en nombre de la verdadera Francia (en representación de la verdadera Francia en tanto tal, no sólo en nombre de la “mayoría de los franceses”!), lo que estaba diciendo era profundamente cierto aunque fuera, “democráticamente” hablando, no sólo ilegítimo, sino también claramente opuesto a la opinión de la mayoría del pueblo francés... Puede haber elecciones democráticas que encarnen y representen un evento de la Verdad: la elección en la que, contra la inercia escéptico-cínica, la mayoría “despierta” momentáneamente y vota contra la opinión ideológica hegemónica; sin embargo, el mismo estatus excepcional de tan sorprendente resultado electoral prueba que las elecciones en tanto tales no son un instrumento de la Verdad."


Slavoj Žižek, Bienvenidos a tiempos interesantes, 2011, La Paz, pag 81


sábado, 14 de julio de 2018

¿Qué es un emprendedor?

El proletariado, nos dice Marx, carece de familia. En sus tiempos, en efecto, las jornadas laborales de diez y catorce horas habían vuelto im­ posible cualquier vida familiar. Además, la crueldad del capitalismo de­cimonónico había destruido la diferencia de sexos y de edades: las mu­jeres y los niños trabajaban en las fábricas en jornadas extenuantes. La vida familiar se había convertido en un lujo burgués. Aunque pueda pare­cer lo contrario, la situación actual arroja un resultado bastante parecido. En las clases medias, la familia se ha reducido a su mínima expresión. Se tienen menos hijos y cada vez más tardíamente. En otras épocas las familias eran algo muy extenso, comprendían a los abuelos, los nietos y todo un ejército de tíos y sobrinos. Actualmente ese tejido familiar se ha desgarrado. Solo pueblos antropológicos muy densos y orgullosos, como los gitanos, siguen contando con un tejido familiar extenso. Y si reparamos en clases más pobres y más globalmente, vemos la vida fa­miliar hecha jirones. La población emigrante, normalmente, ha dejado a su familia a millares de kilómetros. Muchas mujeres emigrantes que cuidan de los hijos de los europeos, han dejado a sus propios hijos en su país de origen, a cargo de los abuelos. En todo caso, la cada vez más im­previsible «flexibilidad» del mercado laboral ha transformado a la po­blación en una horda de «nómadas». Nadie que quiera encontrar trabajo puede ya pretender viajar por el mundo con trescientos primos y cuatro abuelos en la maleta. El mercado laboral nos ha convertido cada vez más en individuos solitarios y autónomos, en eso que actualmente se suele designar con el término bastante sarcástico de «emprendedores».

Además, este «nomadismo» estructural ha desgarrado los tejidos culturales. Desde un punto de vista antropológico, el fenómeno ha sido muy estudiado: a medida que las identidades culturales se desgarran, las identidades individuales se vuelven problemáticas. Por resumirlo con una imagen: antes la gente iba a la iglesia a comulgar; ahora va a los centros de salud a que le receten Prozac. Según retroce­de el imperio de la religión, avanza el imperio de la neurosis. Los ritos se traducen en síntomas. Los antropólogos, cuando hablaban del ser humano, pensaban antes en un chamula, un yanomani, un nambikara, un sioux, un bosquimano. El ser humano actual no tiene tiempo de ser yanomani o bosquimano, se tiene que conformar, todo lo más, con ser piscis o sagitario. Desde un punto de vista antropológico, el hombre actual es, como decíamos, una «nada social y cultural». Las culturas indígenas son un entramado muy complicado de ritos que distinguen sexos, edades, clanes, familias, funciones, tareas, estatus religiosos, etc. El nomadismo laboral de las sociedades avanzadas ha borrado todas esas categorías. Esto es lo que, en efecto, Nietzsche anunció como «el último hombre», un hombre sin dios ni religión, sin familia ni cultura, sin sexo ni edad: el nihilista sin disfraces religiosos de ningún tipo. Este es el reverso tenebroso de lo que actualmente se llama con el eufemismo «emprendedor». 

Carlos Fdez Liria, Gramsci y Alhusser. El capitalismo hoy, 2015, pag 56.

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